Cantos de sirena y falso nacionalismo

Cantos de sirena y falso nacionalismo

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Planta YPF en Río Gallegos
09:45 – El gobierno nacional y algunos gobernadores provinciales se han empeñado en hacerle creer a la sociedad que la compra de acciones de Repsol YPF por parte de una empresa privada argentina (Grupo Petersen) y de los propios estados productores, es algo así como un «acto patriótico», una cruzada en pos de la «recuperación» de la soberanía económica sobre el subsuelo nacional y su riqueza.

Un interesante planteo sobre la cuestión de la reiterada “nacionalización petrolera” que impulsa el gobierno nacional, lo efectuó el diario La Arena de Santa Rosa, en cuyo editorial deja claramente advertido a los lectores de lo que realmente implica esta operación que de ninguna manera significa una injerencia real del Estado en materia petrolera, sino por el contrario el negocio de unos pocos. Dice el artículo “La Pampa no es ajena a esa suerte de fervor pseudonacionalista que parece haber ganado las cabezas de nuestros gobernantes quienes, a falta de coraje y decisión para renacionalizar verdaderamente la exploración, extracción y comercialización de nuestros hidrocarburos, apelan a medidas no sólo tibias e indirectas, sino absolutamente inútiles a la hora de tener verdadera injerencia del Estado en materia de política petrolera.

A contramano de su discurso «progresista» y de sus coqueteos con Evo Morales y Hugo Chávez -que sí impulsaron verdaderos cambios en materia hidrocarburífera en sus respectivos países a través de la nacionalización de sus yacimientos y de gran parte de la industria- el gobierno argentino, primero con Néstor
Kirchner y ahora con su esposa y sucesora Cristina Fernández, sólo atinó a impulsar iniciativas inocuas como el traspaso del 15 por ciento de las acciones de Repsol YPF a un grupo económico argentino que presenta dos flancos muy débiles: no registra antecedentes en la actividad petrolera y, además, mantiene vinculaciones muy estrechas con el kirchnerismo tal como lo han publicado no pocos medios periodísticos.

Presentar estos negocios entre corporaciones privadas como un proceso de «nacionalización» es, dicho en criollo: confundir gordura con hinchazón. Puede ser eficaz en los encendidos discursos de tribuna para buscar el aplauso fácil o la adhesión lacrimógena de quienes se dejan embaucar por estas expresiones de falso cuño nacionalista. Pero nada más.

Un antecedente cercano de esta operación de maquillaje fue la creación de Enarsa (Energía Argentina SA), presentada con bombos y platillos por el gobierno kirchnerista casi como una segunda YPF. Nada más lejos de la realidad. Esa empresa es hoy sólo un centro de negocios, un operador de contratos que no tiene capital, ni equipamiento, ni personal, ni científicos como los que supo exhibir la antigua YPF. Aquélla descubrió, explotó, refinó y comercializó hidrocarburos y fue ejemplo para todos los países que siguieron el «viejo» y hoy desacreditado modelo argentino. Brasil, México, Venezuela y hasta los países árabes crearon en base al modelo ypefiano sus empresas estatales y nunca se les ocurrió, como aquí, privatizarlas -o regalarlas- por la décima parte de su valor real.

La provincia de La Pampa no es ajena a este carnaval. Nuestro gobierno también ha entrado en esta vorágine y aparece seducido por estos cantos de sirena. Se está hablando que algunas provincias productoras de hidrocarburos, entre las cuales está la nuestra, estarían pugnando por adquirir, en conjunto, el diez por ciento del paquete accionario de Repsol YPF. Se advierte rápidamente que cada una de ellas accederá una porción ínfima de acciones con lo cual su poder de decisión será nulo. Por lo tanto mal puede hablarse de influir en la política petrolera de la empresa española con tan escasa capacidad decisoria.

Aún no se conocen con exactitud los montos que debería pagar cada estado provincial pero se descuenta que no serán cifras pequeñas. Como están planteadas las cosas queda claro que los cuantiosos recursos que esta aventura demandaría, deberían, con mayor provecho, derivarse a cubrir severos déficit de inversión en asuntos mucho más urgentes como el mantenimiento de la red vial o de las escuelas, por nombrar sólo algunos de los problemas más evidentes”. (Agencia OPI Santa Cruz)

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