Publicado el: 5, May, 2008

Bailando por un sureño


Néstor Kirchner habla con Cristina Kirchner
05/05 – 11:00 – Cualquier matrimonio puede pelearse a los gritos, con sobrevuelo de vajilla incluido; pero esa no es una noticia digna de integrar un comentario político. Sin embargo, si es el matrimonio presidencial el que discute –con la vehemencia que todos conocen y temen– las cosas cambian.

Por Alfredo Leuco

Cualquier matrimonio puede pelearse a los gritos, con sobrevuelo de vajilla incluido; pero esa no es una noticia digna de integrar un comentario político. Sin embargo, si es el matrimonio presidencial el que discute –con la vehemencia que todos conocen y temen– las cosas cambian. Las consecuencias pueden afectar a todos los argentinos, porque en la intimidad de esa alcoba hay una altísima concentración de poder. Más allá de las fuertes versiones en este sentido, que preocuparon a algunos merodeadores de las rutinas de los Kirchner, hay algunos datos objetivos que son por lo menos curiosos.

Es casi inédita la presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en dos actos realizados en Santa Cruz sin la compañía de su esposo. En Pico Truncado, donde el clima sindical docente y petrolero era hostil, ella apareció sola. Ayer, en El Calafate –el lugar en el mundo de los Kirchner–, la Presidenta bendijo en su carácter de madrina el proyecto del “Museo del Hielo”, un emprendimiento turístico privado muy caro a sus afectos. ¿El padrino del proyecto no había sido Néstor? ¿No fue invitado? ¿Están realmente distanciados los Kirchner? ¿Se exageran con intencionalidad política las tantas discusiones que todo matrimonio tiene y, en realidad, van a aprovechar el fin de semana para saldar sus cuentas a solas y diseñar un nuevo gabinete para el 25 de mayo?

Sólo ellos lo saben

Lo concreto es que, en términos del discurso público, aparecieron divergencias. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en su presentación del miércoles ante el Senado se mostró conciliador y prudente: “Yo no soy de los que creen que el campo tuvo intenciones de dejar sin alimento a los argentinos”. La pregunta inmediata que todo político se hizo fue: ¿y quién sí es de los que creen que el campo quiso desabastecer y lo dijo a los alaridos en dos discursos? Kirch- ner lo hizo: acusó a los productores agropecuarios de desestabilizadores y de ser los responsables de casi todo lo malo que pasa en la Argentina de estos días, hasta de la inflación. ¿Qué tiene que ver la actitud más cauta de Alberto Fernández –que ya empezó a producir sus primeros frutos de acuerdos– con la encendida verborragia agresiva del jefe del PJ? ¿Son dos posturas acordadas entre ellos, como el viejo esquema del “policía bueno” y el “policía malo”? ¿O son la expresión más clara de dos estilos de conducción que en las buenas pudieron convivir y en las malas está por verse?

Desde siempre, Alberto F. fue un hombre de la más absoluta confianza del matrimonio K. Pero en la mesa de cuatro que completa Carlos Zannini, el jefe de Gabinete es el único que no viene políticamente del Sur y del frío. Alberto nunca fue ni será pingüino. Entró al corazón del kirchnerismo de la mano de Cristina, con la que cimentó una fuerte empatía durante los largos años que fue legisladora. Néstor lo aceptó y lo incorporó al estado mayor. Hoy, cuando aparecen las turbulencias más serias y el Gobierno –a la defensiva– tiene que pagar un fortísimo costo político, resurgen aquellas viejas diferencias de origen y pertenencia. Toda la información disponible indica que Cristina bancó como pudo a Alberto F. frente a los embates de Néstor, quien, cual topadora, le pasó varias facturas difíciles de afrontar.

Por eso Alberto expuso tan mediáticamente su fragilidad. Por eso los rumores de su renuncia fueron huracanados. Hasta un canal de noticias se jugó a darlo fuera del Gobierno en sus títulos y el jefe de Gabinete se vio obligado a desmentirlo dos veces como un “formidable disparate” y “un delirio”.

Nadie olvida que Néstor Kirchner no amonestó públicamente a Mario Das Neves cuando pidió la cabeza de Alberto. Todo lo contrario, lo premió con un cargo importante en el partido. O que Guillermo Moreno fue un caballo de Troya en todas las negociaciones con el campo, derrumbó lo poco que Alberto había construido y –de paso– se llevó puesto a por lo menos dos ministros de Economía albertistas. Además, algunos ministros pingüinos hicieron correr, como información reservada, que Julio De Vido o Carlos Zannini o el mismo Néstor podrían reemplazarlo en el cargo. Kirchner obligó a Alberto Fernández a pasar por la humillación de acusar a Martin Lousteau de ser el responsable de la peor derrota política de los K desde que llegaron al poder.

Funcionó uno de los mecanismos habituales que Kirchner repite en su formato de conducción. Cada vez que un duhaldista saltaba el cerco hacia el kirchnerismo, no era aceptado hasta que diera la prueba de amor –¿o de odio?– que consistía en hacer declaraciones de repudio a su anterior jefe.

El rol que jugó Alberto Fernández en la crisis y su futuro en el Gobierno fueron los temas que más dividieron al matrimonio Kirchner en sus discusiones. Dicen que Néstor le dio la última oportunidad. Algo así como: “Vamos a ver cómo arreglás esto. Vos lo rompiste, así que hacete cargo”. Esta es la etapa que estamos viviendo, una suerte de examen final que Alberto tiene que rendir. El martes, Alberto F. tratará de cerrar los acuerdos que vuelvan a poner todo en caja con el campo. Unica condición que puso el ex presidente para guardar silencio al menos hasta entonces: que el Gobierno no aparezca vencido ni debilitado. Por eso se prometió en deliberada voz baja un tope para las retenciones móviles que se anunciará la semana que viene.

Kirchner teme que el campo le haya abierto el camino a muchos sectores que tienen pedidos similares y que por cobardía no lo hicieron antes. Cristina y Alberto piensan lo contrario: que, si no se muestran dialoguistas y menos agresivos, van a potenciar los conflictos hasta transformarlos en piedras capaces de minar la base de sustentación del modelo económico y de su Gobierno.

Para protegerse frente a esta nueva situación cada vez más complicada, el kircherismo se refugió en las viejas recetas y se encerró sobre sí mismo. Eyectó de su lado a los aliados light y fortaleció su alianza con los más leales, tanto en la administración como en el justicialismo. Esta fractura expuesta con la retórica progresista de los comienzos lo lleva a un viraje a la derecha impensado para quienes se ilusionaron tempranamente con las utopías transversales o de concertaciones plurales. El péndulo ideológico que en el origen representaban Luis Juez o Victor de Gennaro pasó, con un pragmatismo feroz, a la otra vereda: la que habitan, entre tantos otros, Mario Ishi o Armando Cavallieri.

Las primeras fotos sindicales de los Kirchner recién llegados al Gobierno fueron paseando en barco con dos sindicalistas íntegros, razonables y combativos: Lula y Victor de Gennaro. Las últimas fotos fueron patéticas. La rigidez del rictus de Cristina al darles la mano a algunos buenos muchachos cegetistas fue para el diván. La mayoría de los Pedraza, Cavallieri, Lingieri, Genta, Lescano (y siguen las firmas) tenían algunos denominadores comunes vergonzosos, a saber:

l Trabajadores pobres y sindicalistas ricos. Fue como tirar sal en esa vieja herida dicotómica. Todos viven en mansiones y tienen un niveles de vida difíciles de justificar. Han tenido mucha fortuna en sus negocios: se van de vacaciones a donde quieren y cuando quieren.

l Atornillados al sillón. También aquí parecen integrantes de monarquías hereditarias. Muchos hace más de 20 años que se eternizan en sus puestos. Por lo general, ganan elecciones amañadas con listas únicas y se ponen de acuerdo con los patrones para despedir a los delegados más rebeldes y honestos que les puedan hacer sombra.

l El silencio es salud. Esta repugnante consigna de la dictadura fue ejercida por casi todos los gremialistas, testigos mudos de las desapariciones de obreros y, en algún caso, hasta cómplices. “La burocracia sindical que buchoneaba a nuestros hijos sigue enquistada en el poder”, dijo Hebe de Bonafini antes de ser amenazada de muerte.

* Menem conducción. Con la excepción de Hugo Moyano y algún otro, fueron los aliados estratégicos y socios comerciales de las privatizaciones salvajes y del neoliberalismo que tan fervorosamente condenan los Kirchner.

Fue en este marco que Luis D’Elía salió con los tapones de punta contra Victor de Gennaro, porque cometió el pecado mortal de debatir con un aliado histórico de la CTA como Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria, acompañado por Eduardo Macaluse, Pablo Micheli y Fabio Basteiro, entre otros, todos con fama de honradez y firmeza a la hora de mantener sus valores y convicciones, aunque vengan degollando con la chequera o con el látigo de Olivos. Casi a esa misma hora, en un acto en Ezeiza, el intendente Alejandro Granados exhibía extasiado un retrato de Lorenzo Miguel ante el aplauso de Néstor Kirchner. Sorpresas te da la vida.

La semana pasada los que recibieron los garrotazos conceptuales fueron periodistas insospechados de ser derechistas, corruptos o menemistas. Esta vez, después del histórico compañero de Germán Abdala le tocó el turno de las críticas como cachetazos a la Madre Teresa de la política: Hermes Binner.

Pocos dirigentes tan respetados, prudentes y no beligerantes como él. Su prestigio social aparece en todas las encuestas y atraviesa todas las edades, condiciones sociales e ideologías. Preocupado por ver en su provincia las graves consecuencias económicas de la serie de torpezas del Gobierno con el campo y después de confirmar una caída impresionante de la imagen de Cristina en las encuestas de Santa Fe, con mucho respeto pidió que haya un solo presidente como dice la Constitución y que Cristina tenga la libertad suficiente para desarrollar su gestión. Ese solo cuestionamiento tímido desató la catarata de represalias ordenadas por Néstor Kirchner, primero de Agustín Rossi y después de Carlos Kunkel. El diputado de la doble K desbarrancó en la desmesura. Acusó a Binner de ser gorila como Américo Ghioldi, de ser parte de un partido que colaboró con todas las dictaduras, de fomentar la proscripción del peronismo y la violencia contra los peronistas.

Algunas preguntas para el final: ¿no será mucho? ¿Néstor Kirchner estará realmente convencido de que gana algún voto o suma alguna adhesión exigiendo obediencia debida y contagiando su agresividad a todos sus soldados? ¿Esa soberbia blindada construye o destruye? ¿Ayuda o perjudica a Cristina? Algunas peleas por las convicciones más profundas pueden ser útiles. Pero todas las peleas juntas, incluso las familares, ¿son útiles? (Diario Perfil)

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  1. walter dice:

    Si los transversales quieren formar parte del peronismo, que se afilien al justicialismo. Por otra parte, los radicales K y socialistas conforman lo que antaño fue el sector antiperonista que surgió a partir de la mal llamada Revolución Libertadora del año 1955.
    Si por ejemplo, el Sr. Basteiro quiero obtener las ventajas que significa formar parte del peronismo, pues bien, que se afilie al justicialismo. Lo demás es fantochada y no comprometerse con una doctrina sólida; sintetizada en las Veintes Verdades Peronistas. No se puede ser radical K o socialista k, eso sólo puede surgir de mentes trasnochadas.
    Si quieren formar parte del peronismo, el patido es amplio, que lo hagan; pero eso sí: que se afilien al partido justicialista. Y que acepten la doctrina que nos legara el Gral . Juan Domingo Perón.

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