BRONK

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Néstor Kirchner
25/06 – 10:00 – “…Para los que toman lo que es nuestro con el guante de disimular…” (La marcha de la bronca – Pedro y Pablo, 1970). Éste es un artículo publicado por OPI en junio 2006 cuyo autor es Miguel Chazarreta. Lo reeditamos porque creemos que los conceptos vertidos allí aportan un elemento fundamental para entender la conducta del ex presidente Kirchner en las circunstancias históricas que vivimos.

El enojo, la furia, la ira o cualquier alteración anímica que se le parezca son emociones que movilizan la respuesta lógica a un hecho lesivo o a las amenazas. Básicamente son reacciones. Y se presentan en casi todas las especies del reino animal quienes –por instinto de supervivencia- reaccionan en defensa propia. Pero (como siempre) es en la especie humana en donde la concepción de esta emoción puede ser invertida cuando un interés personal lo sugiera. Se produce, de esta manera, un uso especulativo de tal estado de ánimo.

Por lo machacado voy a citar un ejemplo confiando no romper un código de género. Se trata del marido miedoso que tras una noche de juerga regresa al hogar y para evitar el obvio reproche conyugal opta por presentarse ante su esposa, enojado, furioso, renegando contra todo y contra todos. Esta táctica de tomar la iniciativa ostentando que “si vos estás enojada, pues yo estoy más enojado que vos” muchas veces logra el objetivo de aminorar o inmovilizar la demanda marital. Queda claro que esta furia es una farsa, una vulgar táctica diseñada desde el temor para impedir una justa reprimenda montada sobre la estrategia de juego que enseña que la mejor defensa es un buen ataque.

Kirchner, en sus presentaciones públicas, es y ha sido siempre esto: la explicitación sobreactuada de una falsa furia tendiente a encubrir innumerables rasgos siniestros de su acción política, de la misma manera que el marido culposo del ejemplo ampara con falsa ira sus desenfrenos para esquivar sus consecuencias.

La mejor defensa: un arrebato de furia
FMI (Furia Muy Impostada)

Un paradigma patético de esta impronta es la ira desatada por Kirchner en todas las tribunas contra el Fondo Monetario Internacional. ¿Qué escondía Kirchner detrás de esta falsa furia? Muy simple: el hecho que su Gobierno distinguió al Fondo Monetario Internacional como acreedor privilegiado de la República Argentina y le pagó TODA LA DEUDA, todo el capital y hasta el último centavo de los intereses, mientras a los acreedores privados le causó una quita del 75%. La furia en los dichos para esconder los hechos es un arte de disimular. El eufemismo de Kirchner para “aparentar” una conflagración sangrienta con el Fondo Monetario Internacional fue el escenario político montado para que el organismo de crédito se quedara con gran parte del ahorro argentino sin que el gobierno debiera pagar costos electorales.

Fue el montaje de una obra teatral perfecta: El Gobierno paga como es su obligación, el FMI cobra como es su ilusión, Kirchner se presenta como un luchador ante su pueblo, se muestra como un Presidente predecible y eficiente ante los organismos multilaterales de crédito y se exhibe como un amigo del Gobierno de los Estados Unidos. Todo esto se escondía y aún hoy se esconde cada vez que Kirchner, en una caracterización digna del premio Martín Fierro al mejor actor protagónico, desata sus bravuconadas contra el Fondo Monetario Internacional.

La bronca de Kirchner siempre ha sido una impostura. Lo ha sido en Santa Cruz durante 10 años ante los santacruceños y lo es hoy, mejorada, en la Argentina y ante los argentinos. Kirchner se presenta siempre furioso, blandiendo epítetos descalificantes contra “aquellosh que dishen” (Un clásico en la verborragia Presidencial), aunque “aquellosh” no existan o nadie haya dicho nada. La cuestión es hostilizar, es guerrear, es despreciar aunque sea a fantasmas para aparecer ante la sociedad invariablemente enfurecido.

La irritación de Kirchner se explaya con toda su fiereza cuando alguien pretende cuestionar sus actos de gobierno, especialmente si lo que se pone en tela de juicio es su honestidad y la transparencia en el manejo de la cosa pública. Allí se desquicia y como el marido miedoso que sabe que la mejor defensa es un buen ataque, lanza furibundas ofensivas contra sus maldicientes a los que descalifica con tirria brutal, manipulando para ello todo el poder de propagación del que dispone y convengamos que no es poco. Detrás de la furia presidencial se esconden los oscuros manejos de más de 1200 millones de dólares que se esfumaron para siempre de Santa Cruz cuando Kirchner la gobernaba; se enfurece cuando alguien quiere saber, cuando se piden informes. Detrás del berrinche Presidencial se oculta el manejo digitado y dirigido de 8 mil millones de dólares para la obra pública y la administración furtiva de cientos de millones de los Fondos Fiduciarios, figura financiera venerada por Kirchner para evitar los molestos controles presupuestarios. Detrás de esas irritaciones se esconde todo eso y mucho más pero esclarecimientos, ninguno.

La furia de Kirchner es una impostura por esto, es cierto, pero existen otros motivos complementarios que robustecen la experiencia de la ira presidencial y, créanme, que ninguna es genuina.

A una sociedad enojada un presidente furioso

El primero se encuentra enraizado en una sociedad que pocos motivos tiene para sonreír. Y es allí que la astucia de un gobierno que tiene la habilidad para convertir a su Presidente en un auténtico procurador de la bronca social. La realidad económica y social de la Argentina, la distribución cada vez más regresiva del ingreso, el desempleo, la pobreza, la indigencia, la inseguridad, los piqueteros y una numeración interminables de males adonde políticos y políticas erradas nos llevaron generan un estado de ánimo que inevitablemente colisionarán con la postura clásica del político tradicional que se presenta frente a la sociedad como una muñeca “barbie”, blandiendo una resplandeciente e infundada sonrisa. Esa impostura colapsó en Diciembre del 2001 con un pueblo furioso y movilizado que tras la consigna “que se vayan todos” provocó la caída de un gobierno que los había desilusionado. El actual Gobierno lo sabe y lo administra. La furia de Kirchner se transforma, de este modo, en un especulativo instrumento delineante de un carácter combativo para armonizarlo con el estado de ánimo de una sociedad varias veces defraudada.

Furia sustituta de la sonrisa maligna

Otro de los aspectos que hacen a la sustanciación de la bronca es relativo a la imagen. La sonrisa de Kirchner es una mueca terrible, casi un gesto malicioso. Kirchner es feo como un dolor de muelas, es cierto, pero es grotesco cuando pretende exhibirse jovial y divertido. Y si sus chanzas de pésimo gusto devuelven esforzadas y falsas sonrisas en su auditorio no es por la gracia que le falta, sino el poder que le sobra. Es por ello que sus resignados asesores, por falta de opciones, le recomiendan la construcción de un perfil distinto al clásico político mordaz y sonriente: la representación del guerrero batallador y feroz. También por esto la fiereza crónica evidenciada por Kirchner no deja de ser una mascarada, una cuestión de simple imagen que inevitablemente hace a un conveniente y tradicional “marketing” político.

Furia sustituta del talento

Otro de los fachadas de la tirria presidencial tiene que ver con la insolvencia intelectual. Kirchner nunca pudo elaborar un discurso edificante desde donde promueva una propuesta o un programa serio de gobierno. Esto no le sale ahora como no le salió nunca. Por eso y porque se siente como pez en el agua, prefiere la verborragia contestataria para gruñir (eso si le sale) a su antojo, despotricar contra “aquellosh que dishen” con la misma solvencia intelectual de un barra brava de Chacarita.

La impostura irritante predispone siempre a la humillación, la ofensa o el agravio y nunca induce a aspectos virtuosos del acontecer político, que los hay, sólo hay que querer y saber exponerlos.

Estas son los cuatro pilares sobre los que se funda la furia presidencial. Los argentinos somos habitualmente sometidos a terribles bravuconadas de un Kirchner camorrero, iracundo y desencajado que uno tras de otro elige a las personas, a los sectores o a los países a quien vapulear desde el pedestal, la tribuna o desde cualquier espacio en el que tenga rigurosamente asegurado su monólogo interrumpido solo para aplaudir sus escarnios y para reír a carcajadas con sus bromas espantosas.

Por eso la construcción de consensos en la estrategia de la furia es inadmisible. Los acuerdos no dejan espacio a las camorras. En la lógica de la furia arreglada siempre es más conveniente confrontar que convenir y ésta es la impronta camorrera que Kirchner le ha impuesto a su gestión. Así los caminos se encuentren allanados para la concreción de un acuerdo, Kirchner preferirá, siempre, confrontar, aunque confrontar no haga falta.

Un día despotrica contra la Iglesia porque en su acción pastoral la curia, en un acto de irreverencia inadmisible, se atreve a señalar su preocupación por la pobreza, la corrupción gubernamental y las inclinaciones hegemónicas del Gobierno de Kirchner.

Otro día lanza sus reprimendas verbales a enclenques militares argentinos que se atreven a exteriorizar un impertinente dolor por sus devaluados muertos, caídos a manos de la prestigiosa subversión setentista.

Otro día la ira presidencial de desata contra el sector agropecuario porque los despiadados productores argentinos no regalan sus productos en el Mercado de LINIERS para que baje el precio de la carne y poder de esta manera contener y dibujar a su antojo los índices inflacionarios.

Otro día la furia se dirige a la oposición, justamente por eso.

Otros días la furia fluye o a Uruguay, o a España, o a Brasil, o a Chile, o a Francia o a cualquier país del mundo que pretenda defender sus intereses o exigir al gobierno argentino que cumpla sus compromisos.

Es la bronca especulativa fundada en las necesidades expuestas y respondiendo, además, al libro de cabecera de Néstor Kirchner: “El Príncipe” de Nicolás MAQUIAVELO, que en uno de sus párrafos sentencia:

“Incontestablemente los príncipes son poderosos, cuando superan las dificultades y las resistencias que se les oponen.
Ahora bien: la fortuna… le suscita enemigos, y le inclina a varias empresas contra ellos, a fin de hacerle triunfar, y con la escala que ellos mismos le traen, conseguir más poder. Por esto, piensan muchos que un príncipe sabio debe, siempre que le sea posible, procurarse con arte algún enemigo, para que, atacándole y reprimiéndole, provoque un aumento de su propio poder…”

La furia setentista

Estas son las razones por las que día a día se corre el velo de la historia para buscar en el pasado el odio, el resentimiento, la sangre y la venganza. Este es el hálito intelectual que oxigena y moviliza la gestión de gobierno, empecinado en escudriñar y remover, como en la caja de Pandora, el odio setentista para encontrar en sus sepulcros, en sus ruinas los fundamentos y la esencia de un mensaje que sale como sale porque así conviene que salga.

Porque, entendamos una cosa: Kirchner ni siquiera es genuino para odiar.

No podría odiar nunca a Menem, ni a Cavallo a los cuales acompañó en todas sus políticas noventistas a cambio de 680 millones de dólares que el riojano le otorgara por el favor del acompañamiento en la privatización de las empresas del Estado.

No podría despreciar jamás a Duhalde ni a Lavagna, ni a Sciolli gracias a quienes hoy ostenta el cargo de Presidente de la Nación

En estos casos, como en muchos, el gobierno administra el resentimiento social de modo que Kirchner no odie porque lo siente, sino porque le conviene.

Pero esto no es lo grave. Lo grave es que la ira desatada por el Presidente es una especie de siembra cotidiana o una nube contaminante que ha empezado a dar frutos atroces. La furia setentista sale de su féretro tras 30 años de letargo y comienza a invadir todas las áreas del quehacer nacional. Hoy la sociedad está cruzada por actitudes de intolerancias incomprensibles que sabemos como y en donde empiezan pero nunca sabremos en qué pueden terminar.

Y es que de este odio la Historia Argentina solamente nos muestra testimonios sangrantes. (Miguel Chazarreta/OPI Santa Cruz)

4 Comentarios

  1. A este le va a dar bronca, cuando le hagamos un juicio politico,y lo metamos bien en cana.A vos y a todos tus secuaces. Sino preguntale a MENEM.VIVA LA PATRIA!

  2. tino estoy con vos y tenemos prueba suficientes, lo unico hay que cambiar de gestion y su socio losada, y marchen preso todooooooooooooooos…

  3. La verdad, que es completa la nota.. Este ser se le van a acabar sus discursos y n va a a tener contra quien refutar sus supuetos odios sociales y economicos, con los que ataca al pueblo argentino. Es de temer que continue apoyandose con sus supuesto”REVANCHISMO”, FALTANDO EL RESPETO A GFENTE QUE REALMENTE SUFRIO UNA DECADA NEFASTA!.. esta persona tendria que tener dignidad por algo.. en simples palabras es una mierda!!!.. Ladron!, embustero!.. Y me siento indignado, por la fomra en que se dirige al pueblo.. La unica forma de terminar con esto es con su muerte, y su exposicion publica por parte del pueblo que le diha basta de mentirnos y usarno a tu antojo y conveniencia.. muchas gracias. Juan.-

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