¿Algo huele mal en Santa Cruz o es el abrazo del oso?

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    Daniel Peralta junto a Néstor Kirchner el 9 de diciembre del 2007 - Foto: OPI Santa Cruz
    20/07 – 10:00 – Extraño panorama político en la provincia, donde el PJ se divide, primero arremeten contra el gobierno con solicitadas, luego los mismos sectores ultra K salen con solicitadas a favor, el Radicalismo cree que Kirchner no está detrás de esto y se adelanta por medios nacionales la renuncia del gobernador. Nadie cuida la gobernabilidad y se siembra el campo para un nuevo golpe. Debiera ser obligación de todos los sectores cuidar la gobernabilidad y exigir que cada mandatario, al final de su mandato, dé explicaciones. En Santa Cruz eso no es posible. Parece que nadie está interesado en rendir cuentas ni en pedirla, esto involucra a oficialismo y oposición.

    Santa Cruz es políticamente espasmódica: o se sume en el silencio o explota en la agitación. Lo raro es que cuando hay un quiebre partidario como el que se generó por esto días en el PJ local; después de gruesas palabras y acusaciones cruzadas en contra del gobernador y de éste para los muchachos del sector que lidera el ex presidente, asistamos a una mansa “reconciliación mediática” donde sectores como “La Cámpora” o el propio Francisco “Batata” Mansilla salen a “apoyar la gestión provincial” que hasta hace dos días querían limar.

    Nadie cree que sea un apoyo, más bien se parece al abrazo de oso. Esto es muy claro y no existen dudas que la estrategia K cambió cuando advirtieron que la actitud de una parte del PJ local, lograba efectos diametralmente opuestos a los buscados, pues el habitante de Santa Cruz, harto de tantas roscas políticas, tanta manipulación y estupidización del votante medio a quien buscan engañar en todo momento, reaccionó saliendo a apoyar a gobierno, cuando en realidad la intención de los operadores fue lograr el repudio generalizado de pueblo, cargándole desde la pérdida de las elecciones hasta el desastre financiero de la provincia como si acá no hubiera un pasado.

    Colocando un pie en una parte de la verdad y el otro en parte de la mentira, el kirchnerismo giró 180 grados sobre sus talones y quedó mirando a la casa de gobierno simulando un apoyo que en realidad es un acto “pour le galerie” cuyo verdadero objetivo es trabajar fuertemente desde adentro, encubiertos, para desgastar al gobierno, sin que trasciendan lo rencores y se haga evidente la operación desestabilizadora que algunos sectores del propio partido llevan adelante, lo cual crea una corriente de antipatía popular que Kirchner no puede afrontar en un medio hostil como el que se ha recreado para él, tanto a nivel nacional como provincial.

    Sin embargo hay una lectura que esos sectores internos del poder no hacen y lo más grave de todo es que la oposición tampoco lo hace. La gente en general no defiende a Peralta por si mismo, sino lo que representa. Ni el frente interno ni la oposición han entendido que se debe defender la institucionalidad, independientemente de quien esté en el poder.

    Este fenómeno no ocurrió cuando Sergio Acevedo dejó la calle Alcorta porque había elementos políticos y sociales distintos a los actuales y porque él se quedó mudo. El marco de poder era otro y hasta la gente pensaba con parámetros que después del 2007 fueron regenerándose en la sociedad de Santa Cruz, a tal punto que el 28 de junio el pueblo demostró que ha comenzado a castigar a los innobles de la política.

    Lo mismo pasa a nivel nacional. Es importante que la gente salga a la calle a pedir porque el gobierno de Cristina Fernández termine su mandato como corresponde constitucionalmente y es muy triste ver a sectores de la oposición interna del propio partido y de otros partidos, que hasta ayer estaban abajo del felpudo y hoy salen innoblemente a poner en duda la gobernabilidad para instalar la idea del derrocamiento como la única salida.

    Solo cuando entendamos que los mecanismos de la democracia serán justos, cuando sepamos respetarla en toda su dimensión, habremos logrado dar un paso más en el perfeccionamiento de su figura imperfecta. Aventar una destitución de la presidenta, desgastar su gobierno o acorralar su gestión hasta ahogarla en su propia sangre, es lisa y llanamente un golpe de estado asestado por aquellos que se ufanan de ser grandes demócratas y no se diferencian de las viejas estructuras que postergaron al país en el pasado.

    El pueblo y la oposición, tanto a nivel nacional con Cristina, como a nivel provincial con Peralta, deben criticar y oponerse a lo que crean incorrecto, discutir ideas, pedir explicaciones, pero básicamente – en estas circunstancias tan delicadas – defender la institucionalidad y hacer todo lo posible para que cada autoridad legítimamente elegida termine con su mandato y rinda cuentas de lo que hizo.

    Hoy en Santa Cruz vemos con preocupación que desde adentro del oficialismo amenazan la gobernabilidad y como si ello fuera poco el propio Radicalismo descree, tal como lo dijo (increíblemente) el propio Eduardo Costa, que el kirchnerismo esté trabajando en ese sentido (como si no conociera la historia de la provincia) sumado ello a la versión de que un diputado de la UCR habría adelantado la renuncia del Gobernador en una radio de Capital la cual mereció una desmentida del propio Peralta por medios nacionales y la respuesta de Hallar que deslindó responsabilidades al respecto.

    La interrupción brutal de los mandatos trae como consecuencia aquello de “a Rey muerto Rey puesto”, el muerto se va a su casa, escribe un libro, reflexiona un buen tiempo hasta que desaparece del ideario popular lo cual le permite enterrar su mala gestión, las corruptelas y los negociados que facilitó y más tarde salta a la fama como el gran crítico de la nueva política. Lo vivimos a diario, tanto a nivel nacional como provincial. Esto no debe ser así.

    Nadie debe irse antes y cuando un gobernador o un presidente se va, debe rendir cuentas y allí está el verdadero compromiso de la oposición con el electorado. Aquí cada mandatario que se fue nunca rindió cuentas de sus acciones y tampoco fue un objetivo primordial de la oposición ocuparse por transparentar y aclarar lo que denunció mientras miraba la película encontrando vicios de corrupción y barbarie. Un simple y cercano ejemplo lo tenemos en la Municipalidad de Río Gallegos con las corruptas administraciones de Aburto y Villafañe (PJ), primorosamente apañadas por la gestión del Intendente Roquel (UCR) que jamás investigó nada y que solo acude al latiguillo “todo está en manos de la justicia”, cuando alguien le recuerda el asunto, para soslayar el compromiso de acusar a sus predecesores por actos de clara corrupción administrativa.

    Lo que se advierte en Santa Cruz es que existe un ánimo destituyente por parte de un sector del propio FPVS que ha cambiado el enfoque de la lucha a instancia de una orden superior, acompañada involuntariamente (o no) por una oposición contradictoria que dice defender las instituciones y brega por la salida anticipada del gobierno facilitándole al ex presidente su aparición, nuevamente, en medio del caos. (Agencia OPI Santa Cruz)

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