Publicado el: 13, May, 2011

Conceptualmente, De Santis


No existe diferencia alguna entre quienes hacen escraches y los patoteros”, dijo el diputado Osvaldo De Santis (FPVS) ayer en la Cámara, coreado por todos los legisladores del oficialismo que tienen la misma percepción inconclusa de la realidad y sufren de miopía congénita y sordera aguda, que les impide conceptualizar las cosas y decir barbaridades sin siquiera darse cuenta.
Los escraches son repudiables, es cierto y personalmente no coincidimos con que alguien (por más que se trate de un funcionario) sea escrachado en su domicilio particular, por ese motivo repudiamos y no escuchamos enojarse de la misma manera al diputado santacruceño, cuando los periodistas (que no guardan ninguna relación con el Estado) fueron escrachados y demolidos públicamente por mandato del gobierno nacional, usando la mano de obra indirecta de los acólitos que facturan con planes sociales y subsidios. Como con los piquetes, para el FPV hay escraches, buenos y malos; todo depende si lo hacen ellos o se los hacen.
Sin embargo, comparar un escrache, con la pérdida de un oído, con una fractura de clavícula, una lesión vertebral o los hematomas y heridas producidas por mangueras rellenas, palos y varillas de hierro de la construcción, parece un dislate conceptual, realizado (como no puede ser de otra manera) por parte de personas que no están faltos de cultura ni de instrucción, síno que están faltos de independencia para poder pensar y opinar por sí mismos; y esto es mucho más grave que si por brutos, uno supiera que no distinguen la diferencia entre el ataque físico, artero y brutal, llevado a cabo por criminales subsidiados que los gritos proferidos desde la vereda (que no están bien ni significa que se lo avale) pero que no guarda absolutamente ninguna relación.
Este mismo parámetro le sirvió a los anteriores componentes de la Cámara oficialista (muchos de los cuales hoy deben opinar distinto, por interés político, obviamente) para repudiar el escrache a la Ministra Alicia Kirchner, a la salida del un restaurante local y callarse la boca y hasta justificar la criminal acción de Daniel Varizat cuando pasó por encima a más de 20 personas con su camioneta.
Toda agresión es repudiable e indignante, pero hay que considerar el tenor del hecho para producir la carga de la condena. Aunque ambos roben, no es lo mismo un mendigo que roba una moneda de 1 peso para comprar un pan, que el funcionario corrupto que hace crecer su patrimonio 57 veces en cinco años.

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