¡Son basura!

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    Tal fue la calificación que usó la desbocada representante de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, para referirse a la prensa no adicta a la corrupción paraestatal como la de su organización y sus organizadores, los parricidas Pablo y Sergio Schoklender. En el día del periodista, una vez más, la señora que no puede mirarse el delantal, por lo sucio que lo tiene, atacó sin miramientos a la prensa y a los periodistas que día a día, desde que se destapó la olla, le dan de comer de su propia medicina con titulares referenciales, desde los medios “genocidas, oligarcas y monopólicos”, como le gusta decir a la sexagenaria, discurso ya a estas alturas, sin sentido y tan falaz como ridículo.
    Desde hace una semana que los periodistas “basuras” no la bajan de las tapas de los principales diarios del país y conteste a su naturaleza, la susodicha buscó el amparo en el gobierno nacional, cómplice e impulsor de la corrupción que se gestó en la Fundación de esta señora y en la coyuntura la ayudó a “despegarse” de los delincuentes reincidentes que han hecho y deshecho por mandato expreso de sus jefes y financistas; léase la propia señora Bonafini y el gobierno del matrimonio K, aún en ausencia del finado mentor.
    A medida que avanza la investigación, sin mucho esfuerzo, se descubren los fraudes y robos llevados a cabo por esta organización, a la cual desvergonzadamente Cristina y Néstor le dieron una mano para borrarle los negros antecedentes en el Banco Central por los cheques voladores que firmó la eterna Hebe, que no duda en llamar “basura” al periodismo, mientras, la admiradora de criminales y narcotraficantes como la FARC, la ETA o Bin Laden, se revuelca en los pecados capitales de sus propia inconducta, manipuladora absoluta de los dineros públicos y motivadora de los dislates propiciado por delincuentes no redimidos, que (quien dice), hayan sido elegidos, precisamente, por su pedigree natural.

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