Publicado el: 8, Jul, 2011

Una mujer argentina que vive en Punta Arenas (Chile) condenada a 15 días de cárcel por no pagar la multa impuesta por un perrito suelto



08/07 – 10:00 – Un hecho donde los extremos se tocan, vive una argentina que se domicilia desde hace 13 años en Punta Arenas, Chile. Fue condenada a pagar una multa porque se le escapó un perrito sin bozal y sin correa. Como no pudo pagar 115 mil pesos, la jueza la condenó a 15 días de cárcel. Tiene 37 años, vive sola con sus tres hijos y su hija mayor sufre síndrome de Down. Durmió un día en la cárcel en condiciones lamentables. Un desconocido pagó la multa y la jueza debió dejarla en libertad.

Cristina Barrionuevo, Argentina de 37 años que vive en el barrio Archipiélago de Chiloé, del sector sur de Punta Arenas, Chile, fue condenada por orden de la jueza subrogante del Segundo Juzgado de Policía Local, Claudia Chaura Oyarzo a dormir durante 15 días en la cárcel por no pagar la multa de tres unidades tributarias mensuales (UTM), por un valor de 115.000 pesos chilenos ( unos $ 930 argentinos) que Carabineros le cursó por infracción a la Ordenanza Municipal de Tenencia Responsable de Mascotas, que establece el uso de collar y bozal para los perros sueltos en la vía pública, indica La Prensa Austral de la ciudad trasandina.

“Nunca hablé con la jueza. Cuando el carabinero me dijo que cursaría la infracción, pensé que iba a ser sólo un parte, porque mi perro salió (del departamento) por unos segundos, no es que viva afuera” – señaló Barrientos a la prensa y agregó – “Ocurrió cuando fui donde mi vecino del 304 a prestarle mi máquina de coser” luego explicó “No es un perro callejero, tiene sus vacunas al día y me molesta que hayan escrito en el parte que es un perro bravo”, agregó.

De acuerdo a la prensa, la mujer solo alcanzó a pasar en la cárcel un día, dado que una persona anónima, en conocimiento de lo ocurrido, se acercó al Juzgado, preguntó por la causa y pagó el total de la multa, con lo cual la jueza liberó a Barrientos del cumplimiento de la pena.

La mujer se mostró completamente angustiada por su situación. Entre sollozos, relató a la prensa lo que sufrió al dejar a sus hijos Dalma, de 16 años; Franco, de 14; y Patricio, de 9, en su primera y afortunadamente, única noche en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de la ciudad. Allí, dijo, ingresó a las 22 horas hasta las 6 de la mañana de ayer. “Pasé frío, hay una cama y sólo dos frazadas. No hay calefacción. Pero los gendarmes, que no podían creer lo que me estaba pasando, se portaron bien”, afirmó.

Además, su hija mayor sufre de síndrome de Down. “Ella me necesita para lavarse, para arreglarse para ir al colegio…” se lamentó la madre. (Agencia OPI Santa Cruz)

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