La politización de los gremios

    8
    44
    Compartir


    11/07 – 15:50 – Un nuevo fenómeno en Santa Cruz es la generación de candidatos desde adentro de los gremios. Esto produce algunas confusiones, al ver que dirigentes sindicales y paritarios pelean por los derechos del trabajador, pero por otro lado cultivan su proyecto político propio. Este fenómeno en aumento debería hacerles replantear a los sindicatos en qué vereda quieren jugar y si en realidad deciden defender el derecho de sus afiliados o ser plataforma para lanzamientos políticos personales. ( Por: Ruben Lasagno)

    Dar orientación o contenido político a acciones, pensamientos o personas que no lo tenían: no se debe politizar la educación”, así, textualmente (y con ejemplo incluido), define la RAE al vocablo politizar, tan usado desde que la democracia reapareció en Argentina y arrastrado por el piso cuando cualquier gobernante pretende teñir de sospechas un movimiento sindical, un reclamo justo o hasta la acción conjunta de los vecinos que se unen para combatir la inseguridad que el Estado no puede contener.

    El hombre es un ser básicamente político y todo lo que hace tiene esa raíz, por lo tanto cuando ocupa lugares espacios comunes con otros hombres, su desarrollo dentro de esa comunidad genera acciones políticas. Sin embargo, el vocablo politizar es utilizado en la actualidad con fines estrictamente demarcatorios de los límites entre una actividad determinada que pueda cumplir el hombre y la utilización que haga de esa actividad para propender a fines superiores de la política partidaria; y aquí está la diferencia. La “politización”, entonces, tracciona como algo que hace despreciable la actividad lícita de hacer política, cuando en realidad lo que se quiere cuestionar es desde el “lugar en que se hace política” y no a la política en sí.

    Esta breve introducción es capital para no confundirnos en la semántica y perder de vista el objeto de lo que vamos a opinar. Decir que todos somos “animales políticos” y que los gremios y sindicatos (compuestos por hombres) hacen fundamentalmente política, es una verdad de Perogrullo, pero advertir que la diferencia está entre hacer política sindical y política partidaria es una verdad reservada al silencio de quienes la practican y las consecuencias de quienes la padecen.

    En el último tiempo, en Santa Cruz, asistimos a un cambio drástico en la relación que tienen algunos gremios y el gobierno, especialmente debido a la intrusión de un elemento claramente distorsionante de la acción sindical: la política partidaria. Obvio es que todo integrante de un sindicato tiene la libertad para simpatizar por cualquier color político y hasta para militar en cualquier agrupación con la que se sienta representado, sin embargo, creo que existe un límite ético que se deberían autoimponer las instituciones sindicales, que en el fondo se desviven por jugar en la arena del poder en los gobiernos de turnos.

    En esta nueva apertura de posibilidades que da la proximidad de un acto eleccionario, descubrimos que muchos integrantes de la dirigencia sindical de la provincia, repartidos en diversos gremios, llevan implícitos candidatos políticos a competir en las urnas en el mes de octubre como diputados, senadores y concejales.

    Volviendo al concepto de hacer política, la pregunta que se desprende es ¿Está mal que alguien quiera participar como ciudadano y de hecho, respondiendo naturalmente al derecho constitucional que se asiste?, la respuesta es no. Pero si pensamos en que ese candidato es a su vez un dirigente gremial, en su mayoría incluidos en sindicatos cuya patronal es el Estado, la cosa se complejiza. Y si le agregamos que ese candidato no se toma licencia gremial (acorde a lo que correspondería) para ejercer su candidatura, la cosa se pone más difícil aún, porque se infiere que utiliza la estructura del sindicato y lo que es peor, utiliza al afiliado y los fines y propósitos loables que puedan tener sus estatutos, para su proyecto personal.

    No encontré aún, quien me explique (y pueda convencerme) cómo se interpreta el mensaje de un dirigente gremial que pide, reclama y critica al gobierno desde un atril en una manifestación, por los reclamos justos de su sindicato y no filtra concientemente su mensaje político-opositor, respondiendo a su naturaleza partidaria en pos de la carrera que emprende para convencer a una parte del electorado de que es una opción en octubre.

    Tampoco encuentro explicación cómo hay gremios que, además de permitir que en su dirigencia se cultiven candidatos partidarios, que desnaturalizan – a la vista de la gente común – esos reclamos justos, admitan que la oposición política, en un año eleccionario, copen sus actos con carteles y hagan uso de sus micrófonos, cuando todos sabemos que lo que plantean allí es una pelea partidaria y que seguramente poco tiene que ver con el reclamo del sector que está en la calle, aún cuando en apariencia sea solidario el mensaje y desde esos mismos sectores se recurra a la palabra “acompañamiento”.

    De hecho, quizás algún día, estos mismos gremios que hoy son “apoyados” por referentes de los principales partidos políticos de la provincia, serán quienes vayan a tocar las puertas de los mismos candidatos que hoy se mezclan con los manifestantes, en un eventual triunfo ante las urnas. La otras preguntas que me surgen son ¿Creen los gremios que cuando estén del otro lado del mostrador, estos dirigentes políticos van a actuar de manera tan condescendiente y solidaria como lo hacen ahora que no tienen la responsabilidad de gobernar? ¿O será que llegado ese momento, van a hacer exactamente lo mismos que hoy hace el oficialismo? Y en ese caso puede darse la paradoja que de que quienes hoy les cierran las puertas en la provincia, mañana (ya perdedores) sean los que sostengan cartelitos en las manifestaciones sindicales y le pidan a sus opositores que el gobierno provincial lo atienda y les dé aumento salarial, cosa que no hicieron cuando estuvieron en el poder; ¿No es raro y hasta potencialmente peligroso para el gremialismo provincial, permitir que se mezclen los tantos?, en definitiva, es esta mirada la que finalmente tiene el hombre común y que termina por quitarle apoyo masivo en las calles a los reclamos, cuando la gente advierte que éste excede lo meramente gremial y se conjuga con intereses de otro tipo.

    Si yo fuera afiliado a un gremio y viera que mi dirigencia, aquella que está para representarme, que los paritarios de mi gremio y quienes tienen la obligación de pedir solo por mis derechos laborales y no “socializar” el reclamo con otros fines, tienen como meta inmediata una candidatura a senador, diputado provincial, nacional o concejal, me preocuparía.

    Dejaría de creerles cuando debaten en público si lo que hace el gobierno está bien o está mal, porque en definitiva, no estaría tan seguro de si en realidad, hablan por mí o por ellos mismos. No podría saber si defienden al gremio o a su proyecto político. No sabría determinar si alguna vez me representaron y defendieron mis derechos o si bien usaron mis derechos para defender sus propias proyecciones personales.

    Así como rechazo que un diputado, el gobernador, un senador, concejal o intendente, haga campaña desde su banca, restándole horas a lo que debiera ser su trabajo y usufructuando bienes del estado y el tiempo que la sociedad le paga para que la represente y administre, critico que un dirigente gremial, en la plenitud de sus funciones representativas, ande de campaña confundiendo al elector con un mensaje dual e interesado, tal vez haciendo hincapié en argumentos válidos, pero con un fin absolutamente egoísta y sesgado de la función para la cual los afiliados lo han puesto allí. (Agencia OPI Santa Cruz)

    44 Comentarios

    Dejar una respuesta