El futuro de Cristina, lejos del “voto emotivo”

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    Todo indicaría que se cae la posibilidad de reelección de la presidenta, tal como lo demuestran los distintos sectores políticos que se manifiestan públicamente en contra de darle esa posibilidad constitucional, aunque en el tembladeral de intereses que se mueven en política, el desparpajo por usar los dineros públicos para comprar voluntades y la poca vergüenza que tienen algunos opositores, que dicen una cosa y votan otra, está por verse.

    La presidenta ha perdido sistemáticamente, desde diciembre para acá, más de 20 puntos de imagen positiva, lo dicen las principales Consultoras no oficialistas. Cada vez menos creen en que pueda llevar al país a buen puerto a través de políticas erráticas en materia económica, inexistentes en materia de seguridad y carentes de toda organización en materia social.

    La re-relección de la presidenta no es vociferada por ella, en las cadenas nacionales que hace, porque – precisamente – el miedo al fracaso, encierra una gran incógnita hoy en el gobierno. Se estima que en el 2013 el kirchnerismo plebiscitará su vigencia, pero como va la política actual y por los cauces que drenan la pérdida de popularidad de CFK, todo indica que será, electoralmente, muy parecido al 2009.

    El revés político en el Congreso, llevaría al kirchnerismo a replegarse en si mismo, a aumentar el poder de “caja” para enfrentar las elecciones del 2015, ya sea con un delfín propio o comprando la voluntad de algún “instalado”, léase Scioli, Binner o cualquier otro “presidenciable”, a los que sabe, pueden enamorar en cualquier momento, con solo mostrarles una sonrisa.

    La gran cantidad de frentes enemigos que abrió Cristina en los últimos tiempos comienzan a pasarle factura. La brutal y desmedida pelea que inició Kirchner (y profundizó la presidenta) con Clarín y La Nación, más otros medios de menor intensidad pero que igualmente manejan la agenda periodística del país, es letal para las aspiraciones K en las próximas elecciones.

    El otro gran poder que pierde la presidenta es el que nosotros denominamos “el voto emotivo”, aquel que arrastró al electorado luego de la muerte de Néstor Kirchner y disipó o atenuó todo enojo con la mandataria en las urnas en el 2011.

    Tal como lo adelantamos a poco de la muerte de NK, Cristina logró un plus por la emotividad pública que se generó ante la muerte de su compañero político que entronizó la figura de la presidenta en lo más alto de las encuestas, por cuanto, trasladó valores ciertamente simbólicos de la lucha del género, que iconizaba en ella (en ese momento), una mujer peleando contra la adversidad de la vida, sin su principal apoyo moral y espiritual, conduciendo un país, tarea hasta ese momento asignada a los hombres y con un alo épico encarando el mayor desafió de todos los tiempos para una mujer en una sociedad políticamente machista.

    Nada de eso es parte del panorama actual. Cristina, sucumbió a su propia soberbia y falta de límites actitudinales. Mintió al país antes del 10 de octubre de 2011, basando su campaña en los logros acuñados y prometiendo un gran porvenir, si el voto afianzaba la continuidad del modelo. Por el contrario, la confianza del 54% puesta en las urnas por parte de su electorado, dejó en carne viva una mentira pre-electoral igual a la de Menem o De La Rúa, demostrando la distancia que hay entre el discurso de barricada en cualquier elección nacional y la realidad del día después que nos hizo ver la presidenta a todos los argentinos en lo que va del 2012.

    El avance sobre las libertades personales, el ataque desenfrenado a la prensa, la inflación galopante, la mentira permanente sobre datos e índice públicos o la censura a quien lo informe, la falta de transparencia en cada acto de gobierno, la corrupción generalizada, la censura de medios, la inseguridad creciente, la pelea pírrica contra cualquiera que opine distinto, la confiscación de la propiedad privada, el incumplimiento de los acuerdos pre-establecidos y la tambaleante situación económica, donde se asiste día a día a parches coyunturales, con medidas de apuro y la improvisación semanal de la AFIP para acorralar cada vez más al ciudadano común y dejar manos libres a los artífices de la corrupción nacional, junto a una camarilla de jueces, más compañeros que independientes, corroe las verdaderas posibilidades de Cristina, de ganar en las próximas elecciones, aún cuando la pléyade opositora, que como Juez, Solá, Binner o Solana (entre otros), pueden ser “convencidos” de que voten la reforma constitucional, para que la presidenta acceda a la posibilidad de quedarse definitivamente en el poder.

    Cristina ya no cuenta con el “voto emotivo” y no supo generar del 2010 para acá, una corriente de simpatía con el electorado, que le de valor agregado a su figura política y suplante progresivamente el caudal de adherentes que generó ese voto emotivo, por un capital propio y genuino de votantes que la sostenga en las próximas presidenciales.

    Hasta este momento la favorecía esta suerte de oposición inexistente que no encuentra su rumbo ni alternativas, absolutamente difusa, sin referentes, plagada de medrosos políticos, inventos circunstanciales como Del Sel o Artaza, que como políticos son buenos cómicos y tantos más que pululan por ahí, colgados de alguna fama irrisoria o la fantasía de algunos actores, quienes creen que la gente va a comparar en la realidad la imagen que alguna vez desplegaron en la ficción. Pero tanto tensar de la cuerda, será la propia CFk quien impulse y construya su propio competidor.

    Todo un escenario opositor devaluado, sin líderes ni supremacías, con partidos políticos más interesados en la pelea vedetista de la figuración en el Congreso, que en la de abocarse a buscar una salida y proponer propuestas. Aún así, Cristina pierde imagen; ¿Cuánto más podría perder si de ese cocoliche que es la oposición, aparece una figura convocante que polarice una elección?.

    La única enemiga de Cristina es Cristina. De ella depende que los próximos años la pérdida de consenso se detenga o se revierta. Sin embargo, el antes y el después del 2011 ha marcado un destino final al kirchnerismo, cuyo primer obstáculo es el 2013. Si no logra pasar holgadamente la prueba en el Congreso, el 2015 es su fecha de vencimiento.

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