La institucionalidad termina donde comienza el bolsillo

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    17/09 – 11:45 – El juego perverso que llevan adelante el gobierno provincial y nacional, deja en el medio, a los trabajadores de Santa Cruz. Las idas y vueltas y los forcejeos en la contienda partidaria, puso a la gente en dos veredas distintas. Hasta hoy todo está “casi” claro. Pero ¿Qué va a pasar mañana cuando Peralta no pueda pagar los sueldos? ¿Dónde quedará la defensa irrestricta de la “institucionalidad” que hacen muchos, cuando les empiece a flaquear el bolsillo?.Una medida con fecha de vencimiento, lleva a pensar que estamos acercándonos a un embudo histórico de este conflicto y que si no hay una solución política, nos esperan horas muy duras en Santa Cruz.(Por: Rubén Lasagno)

    Ya nadie disimula; Peralta le tira con munición gruesa a Julio De Vido y éste le dispara con munición potenciada. Esto, independientemente de que a cada uno de ellos le sirva como autodefensa ante la opinión pública, desnuda la cantidad de mentiras que en combinación, ambos, han puesto sobre la gente de Santa Cruz, como verdades únicas. Por ejemplo, el caso del desequilibrio energético, déficit que es culpa del gobierno nacional y que Peralta le acaba de tirar por la cabeza a De Vido, cuando el propio gobernador hasta hace dos meses atrás se ufanaba de los logros en esta materia por parte del “modelo”, que según él, no iba a poner en la cima de la producción energética en los próximos años.

    De Vido lo ha bajado a cero en su calidad de gestión como Gobernador y los arrastró como pésimo administrador, sin acordarse de que solo 10 meses atrás, la Presidenta Cristina Fernández, compartió la propuesta electoral con Peralta, desde donde ambos anunciaban que la “profundización del modelo” era lo que se venía, para terminar de cerrar el ciclo que comenzó en el 2003. ¿De Vido descubrió recién en estos meses que Peralta no sabe administrar?.

    El problema es más serio en Santa Cruz y no se resume solo a las peleas dialécticas de Peralta, De Vido o Cristina; el problema es financiero y éste factor depende del político. Como hoy la cuestión política está en crisis, no hay plata y viceversa.

    Hoy lo sectores gremiales dicen cuidar la institucionalidad y esto le otorga al gobernador cierto alivio de que el apoyo de los trabajadores, es uno de los pilares sobre el que puede sustentar su sobrevivencia en la gobernación, sin embargo los gremios no se desesperaron por agolparse en la Cámara de Diputados para defender el proyecto de endeudamiento, como esperaba el mandatario y por el contrario, en la reunión que los sindicatos tuvieron con él, le expresaron su solidaridad, reivindicaron que apoyaban la institucionalidad, pero le pidieron que “haga todo lo posible” para buscar las alternativas ante la Legislatura provincial, que le permita tomar el empréstito, ya que esperan cobrar los sueldos en los próximos meses.

    Es decir, así como está planteada la posición de los gremios y de acuerdo a lo que pudimos conversar con micrófono cerrado con varios Secretarios Generales, “lo acompañamos hasta las puertas del cementerio, pero no entramos con Peralta”, dijeron en off. Esto significa que la defensa de la “institucionalidad” es directamente proporcional a la posibilidad de seguir cobrando los haberes en Santa Cruz. Este, a su vez, es el principal problema de Peralta, a quien a estas alturas lo que piense y diga el gobierno nacional no le importa o le importa muy poco.

    Peralta, pretende, al menos, mantener un cierto resguardo de la imagen presidencial, para no chocar frontalmente con CFK, pero esto es inevitable en el corto tiempo, si antes no aparece un acuerdo político en el medio.

    ¿Cuáles son los caminos que el quedan al gobernador?. El primero es resistir. Esa resistencia puede ser “vendida” a la opinión pública, como una suerte de oposición al gobierno nacional porque él rechaza sus metodologías de gobierno o el único recurso que le queda ante la impotencia de no poder cambiar la realidad por medios propios, ya que el impresionante déficit que posee, es impensable enfrentarlo sin ayuda nacional.

    El segundo camino que le queda a Peralta es retroceder unos pasos, bajar los decibeles de la discusión política con nación y lograr (si es que le queda resto ante los verdugos de la presidenta, léase Zanini y De Vido) un “acuerdo de gobernabilidad”, esto es: seguir en el gobierno pero no en el poder, en la provincia.

    Esto implicaría, prescindir de la capacidad en nombrar funcionarios políticos de su confianza y permitir que el gobierno nacional ocupe, con cuadros propios, estratégicas carteras en la provincia, con la excusa de transparentar sectores administrativos, armonizar la gestión y buscar los problemas que generan el déficit. Esta opción demolería públicamente (y políticamente) la imagen del Goberandor, quien, después de lo dicho todos estos días, caería víctima de sus propias declaraciones públicas.

    Vale decir, que las dos opciones ya han sido ensayadas, porque la resistencia es lo que lleva adelante ahora y nadie es ajeno a que en diciembre, cuando Peralta envió la Ley de Emergencias y la reformulación previsional a la Cámara de Diputados, lo hizo en el marco de las condiciones exigidas por la presidenta como producto de un pre-acuerdo. Lo que vino después, es aleatorio y son hechos que se desencadenaron por la falta de la cohesión interna que tiene el FPVS, pero básicamente, hasta ese momento había un cierto acuerdo de gobernabilidad, en los que Peralta había cedido los principales puestos de su gobierno a integrantes de La Cámpora, quienes evaluaron erróneamente la coyuntura y creyeron que quitándole apoyo, lo obligarían a renunciar. Olvidaron un detalle: para que un gobernador caiga, por el retiro del apoyo de sus ministros o colaboradores, esos ministros – primero – se deben haber transformado en piezas fundamentales de su gestión, en personas profesionalmente irremplazables, en verdaderos sostenedores del gobierno y ninguno cumplía los mínimos requisitos en ese momento, tal es el caso de Francisco Anglesio en la Secretaria General de Gobierno, Liliana Korenfeld en la Caja de Servicios Sociales, Jaime Álvarez en Producción O María Urricelqui en Sociales.

    Teniendo en cuenta, entonces, que a Peralta solo le queda “resistir”, la pregunta que se deriva de esta propuesta es ¿Hasta cuándo podrá y hasta cuándo se lo permitirán los propios gremios?. Está muy claro que los sindicatos apoyan al gobernador, por una cuestión de necesidad lógica y casi simbiótica, pero no quieren inmolarse con él. Es decir, van a cuidar la institucionalidad en tanto y en cuanto el gobierno provincial pueda pagar los sueldos. Esta estrategia de utilizar la inercia de los propios trabajadores para presionar a Peralta, es la que lleva adelante el gobierno nacional, cuando no le desaprueba el endeudamiento, pero lo manda “a Comisiones” para alargar los tiempos y producir el desgaste más rápido del gobierno.

    El gobernador, entonces, acude a su imaginación y promete reconstituir su “caja” a través de medidas extraordinarias, que son todas recaudatorias. Esta variable, a menos que esté dirigida a las empresas que explotan recursos naturales, puede volverse en contra del propio Peralta, si encima de estar con sueldos deprimidos y de dudoso cobro, los contribuyentes se ven, aún, exigidos de pagar más tributos al estado provincial para sostener un déficit cuyo verdadero origen no se conoce, pero se intuye muy bien: más de 20 años de mala administración provincial.

    Si los gremios fueron claros con Peralta, el gobernador debe saber que el argumento de la institucionalidad es válido, en tanto y en cuanto tenga los recursos para hacer frente al pago de haberes. Si acaso Santa Cruz deja de pagar sueldos, los gremios y los empelados públicos serán los primeros en reclamar ante la puerta del edificio de calle Alcorta, porque, en definitiva, el único límite que tiene la defensa irrestricta de esa institucionalidad, que hoy se ha colocado frente a los discursos para impedir un nuevo atropello del kirchnerismo, es el bolsillo del trabajador. (Agencia OPI Santa Cruz)

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