Una kolina de corrupción

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    Alicia Kirchner ha sido electoralmente, una perdedora, lo dijimos siempre y dimos pruebas de ello. Cada vez que se propuso en Santa Cruz, perdió, excepto con aquella vergonzosa senaduría testimonial que inventó su hermano y que favorecieron los adeptos al modelo. Básicamente la hermana del ex presidente es una perdedora, porque no se le reconoce ningún mérito, que no sea el de haber trabajado siempre en el área de Bienestar Social, de una provincia que manejaban como un feudo y que, claro está, el resultado no es un dechado de eficiencia y progreso.

    Alicia es desangelada, para nada simpática, es una horrenda oradora, de contenidos básicos y recurrentes clichés de campaña, no tiene tono, color ni temple su voz, como para cautivar a la masa y es básicamente una mujer impulsada a reposicionar el apellido, como forma de buscarle una vuelta más a la necesidad de quedarse en el poder y asegurar la provincia con mayor caudal de votantes: Buenos Aires. Esto desnuda la otra faceta de Alicia: cuando conviene es santacruceña y cuando no, bonaerense; la “adaptabilidad del modelo”, que el dicen.

    La aparición de “Kolina”, es una cáscara más, creada en el insomnio zaniniano, que pretende concebir un espacio propio, parecido a La Cámpora, pero más reducido, menos competente (no por las competencias que tienen los integrantes de la Càmpora, sino por su radio de competencia, entiéndase) y apuntado a sobrevivir en la provincia de Scioli, a quien le están tocando el réquiem con la debida anticipación, sabiendo que el gobernador felpudo (en el que se ha transformado) no responderá con agravios, porque su naturaleza está nacida en la más pura cepa de la obsecuencia debida.

    Pero como lo dejó ver Jorge Lanata en su programa del día domingo, Kolina es la llave de un sistema expresamente corrupto, clientelar, rentado, que incursiona en el ámbito del delito, el fraude y la falsificación, para construir poder; es decir: el modelo.

    Alicia, se fue de Santa Cruz con el “modelo” de su hermano, el mismo que nació en Caleta Olivia: el de las cooperativas; una soberana mentira que tiene como fin generar grupos de “administración”, que reparten magros sueldos a una base clientalar de gente necesitada (generalmente desocupados o subocupados), bajo un “paraguas cooperativo” que no es tal, coloca un núcleo administrador que hace los buenos negocios recibiendo y distribuyendo el dinero que ingresa por vías de la corrupción del Estado y va a parar a las cajas políticas o a los bolsillos de funcionarios y amigos.

    En zona norte de Santa Cruz el país puede indagar cuántas “cooperativas” existieron y existen. El ex Intendente Fernando Cotillo, el actual José Manuel Córdoba, son dos especialistas en esta forma de anudar negocios, prometer trabajo y escurrir fondos públicos a través de las “cooperativas” que pueden tomar diversas formas y para variados objetivos “remediación ambiental”, “construcción”, “limpieza”, etc, pero detrás de las cuales siempre hay un amigo.

    Lejos del principio cooperativo, estas empresas cuasi familiares, son gestionadas por dos o tres personas, que las montan sobre un motivo social y no reparten dividendos, sino magros sueldos, que son subsidios encubiertos, pero cuyo movimiento y existencia, le permiten al poder político canalizar fondos de dudosa procedencia y más dudosa finalidad. Lo mismo sucede con las “Fundaciones”, que se crean en Caleta y asiste el Estado provincial; ejemplo: Fundación Olivia.

    PPT (Periodismo Para Todos) puso blanco sobre negro, al colocar en pantalla dos testimonios lapidarios: un hombre de mediana edad que vive en una villa de emergencia, fue elegido para constituir una empresa fantasma y sacar 2,5 millones de pesos del Banco Provincia Buenos Aires, por un sueldo de 2500 pesos. El dinero retirado por ventanilla, se lo llevaba una persona cercana al intendente kirchnerista de buenas migas con Alicia K y la historia se cerraba allí.

    El otro caso es el de un jubilado, que figura como responsable de una firma trucha, al cual lo utilizaron para hacer retiros de 5 millones de pesos, por un cobro mensual de 2.000 pesos, con la misma modalidad: ir al banco, cobrar el cheque, colocarlo en una valija y un funcionario K, desaparece con los fondos.

    En el mismo momento en que estaba saliendo al aire el informe, Alicia Kirchner activaba su Twister, tratando de defenderse de la ignominia de ser expuesta en carne viva, como un dedo más de la corrupción kirchnerista, demostrando que la pretendida ala renovadora del kirchnerismo, no promete nada más que lo mismo.

    El otro dato esparcido por Lanata en la pantalla del 13, es algo que varias veces dijimos a lo largo de estos años: Alicia Kirchner fue funcionaria provincial del gobierno de facto en la época más dura de la dictadura militar. Lanata expresa que se inició con el gobierno peronista en 1975 y acompañó todo el proceso militar hasta el año 1982, sin embargo, nuestras fuentes señalan que si bien la hermana del ex presidente trabajaba en el área social, al menos en los primeros años lo hizo como empleada del estado, no como funcionaria política.

    Si hay alguien que se formó dentro del proceso antidemocrático del país, fue Alicia Kirchner y nadie es ajeno en Río Gallegos, a que su esmerada acción como funcionaria del área social, del último Gobernador militar de Santa Cruz, fue uno de los canales para que su hermano Néstor, encontrara el camino hacia la política en los años por venir.

    Dicho esto, es inadmisible el discurso maniqueísta de la presidenta y en general de todo el kirchnerismo, cuando se rasga las vestiduras por cuestiones que tienen que ver con la época de plomo de la Argentina. Es muy larga y rica la lista de funcionarios políticos del actual gobierno que pertenecieron a las FFAA en años del proceso y otros que fueron funcionarios en áreas de segunda y tercera línea de las dictaduras.

    Por todo esto, Alicia Kirchner no es creíble y a pesar de las más de 15 mediciones que largaron en provincia de Buenos Aires, ninguna logra alcanzar la cuota de confianza pública como para que la hermana del ex presidente se lance con posibilidades de ganar, por eso mismo Zanini pensó en crearle una estructura de base, que compense la falta del aparato natural, que se le acerca a todo buen candidato. Lo mismo sucedió en Santa Cruz; habrá que ver si es una cuestión de suerte o es que la cuñada presidencial, solo es una buena gestionadora como funcionaria pública y hasta allí llega su handicap en el plano político.

    La gran preocupación de Zanini es que ninguno de los dos sobrevivientes con el apellido Kirchner, son electoralmente potables. Alicia viene de grandes fracasos en Río Gallegos, donde, paradójicamente, su actividad al frente del Ministerio de Asuntos Sociales, es aún recordada como una de las mejores de la historia de la provincia. Máximo, como el último de los mohicanos, no tiene ni el talento ni las ganas de trepar a una tribuna política; prefiere las sombras y en la sombras nadie construye poder. El Partido necesita usufructuar el apellido que se pierde por inhabilidad de sus dueños. Ni Alicia ni Máximo, aunque La Cámpora y ahora Kolina, sostengan con estacas de militancia rentada, la poca pasión que demuestran sus frustradas figuras en el campo político.

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