Publicado el: 10, Oct, 2012

El triunfo chavista no es vinculante



10/10 – 14:00 – – No existe ningún tipo de posibilidad de que el triunfo de Chávez en Venezuela, impacte en Argentina. El único signo de empatía lo hace el propio gobierno y la fábula militante, solo para utilizar el recursos y agitar banderas; en el fondo a nadie le importa, más allá de las simpatías o rechazos que pueda tener, que Hugo Chávez haya ganado las elecciones en su país. En cambio, al gobierno nacional sí le interesa; pero esos intereses pasan por otro lado, que no es precisamente solamente el político. (Por: Rubén Lasagno)

Personalmente no comparto para nada el análisis político, que precedía a las elecciones venezolanas, donde se ataba el virtual triunfo de Hugo Chávez a un beneficio automático de ese triunfo, al gobierno de Cristina Fernández. Y tampoco coincido con el análisis, por ejemplo, de Jorge Lanata, quien vaticinó que un triunfo del chavismo, alentaría a nuestra presidenta a “ir por todo”.

Primero, porque las realidades de Argentina y Venezuela son distintas y después porque las figuras de ambos presidentes son, no solo diferentes en lo metodoloógico (aunque haya redundancias que los hagan parecer similares), sino porque las disponibilidades financieras de uno y otro, están separadas por una realidad abismal y por lo tanto su relación de poder es otra.

Si lo abordamos de lo estrictamente discursivo, es obvio que al kirchnerismo y/o cristinismo, “cualquier colectivo le queda bien”. Desde un partido de fútbol que gane la selección hasta el record de exportación de la soja, es explicado desde el gobierno como una consecuencia irremediable del “modelo” y todo es aprovechado para mantener “viva” la llama de su “éxito”, pero en el fondo, es simplemente eso: palabras, lejos de los hechos y los hechos, irremediablemente son parte de la realidad.

En ese marco, que la presidenta utilice el triunfo de Chávez para enviar un mensaje al pueblo argentino, basado en la comparación, es una medida de dudoso efecto real en la opinión pública nacional a quienes, en principio no le importa lo que pase en Venezuela, y en segundo lugar, está inmersa en una crisis social histórica, en sectores que, como las FFAA y FFSS, entre otros, jamás se animaron a reclamar por sus salarios.

Lo que sí es cierto y eso debemos reconocerlo, es que el gobierno de CFK, pudo “respirar tranquilo”, porque el triunfo de Chávez, prolonga, al menos hasta el final del mandato del gobierno nacional, aquellos negocios bilaterales y convenios políticos de reciprocidad, que se proyectan desde la época de Néstor Kirchner, donde la “cooperación”, no es solo financiera, sino política y logística.

Sin embargo, creer que el triunfo de Chávez redoblará los esfuerzos de CFK para revitalizar su gestión, es falso. Primero porque desde finales del año pasado Cristina “va por todo”, lo cual es una decisión tomada, independientemente de si al bolivariano le iba bien o no en los comicios y en segundo lugar porque las potencialidades de uno y otro, son absolutamente distintas.

Mientras Chávez está sentado sobre un barril de petróleo que cotiza al tope histórico de su valor, Argentina cuenta las monedas para sostener una economía que se enrarece día a día y la inflación, los bajos salarios, la depreciación permanente del peso y las trabas a la importación (entre otras) le ha hecho perder el rumbo a una economía de almacenero, similar a la que fundó Kirchner y transforma en reaccionario a sectores que hasta ayer, era impensable que reclamaran por el derecho a vivir mejor.

Por lo demás todo es distinto: Chávez es un demodictador con plata y eso es poder genuino. En este contexto es importante ver lo que pasó en Venezuela donde el voto no es obligatorio y un 47% de los votantes le dijeron que no al régimen, acostumbrado a que ganaba por más de 60%, ya que se apoyaban en el arreo de masas del aparato del Estado y la apatía de un pueblo al que le daba lo mismo quien estuviera en el poder, solo basta mirar la bajísima concurrencia de electores en los mandatos previos y la enorme afluencia en esta última elección. Si a eso le sacamos que Chávez utilizó todo el aparato estatal, las prebendas, los subsidios, los aprietes económicos y financieros, y los dineros públicos para mover votantes, la elección de Capriles ha sido muy buena y más que revalorar el 54%, Chávez está preocupado por el 47% que le dijo que no.

Por lo tanto, no creo que la victoria del presidente venezolano, cambie a la Argentina de hoy ni le sirva al gobierno nacional, más allá de este emparentamiento ficticio en discursos que nadie escucha y que a nadie le interesa en nuestro país, donde los problemas se reactivaron, luego de un feriado largo que el propio gobierno se tomó para decidir la profunda crisis que tiene en el corazón de las Fuerzas Armadas.

Pensar que el triunfo de Chávez posiciona a Cristina de manera distinta ante su electorado, es no conocer mínimamente al pueblo argentino. Son los mismos electores que castigaron a Menem y lo bajaron del pedestal inalcanzable al que se había subido por diez años, haciendo y deshaciendo a espaldas del mismo pueblo que lo votó, pensando que su perpetuación iba a ser indefinida. No resultó; la misma gente que lo votó lo sacó y en las próximas elecciones legislativas habrá una especie de plebiscito nacional y seguramente, no tendrá ninguna incidencia que Chávez haya ganado, más allá que para algunos connacionales, que están en lugares estratégicos del gobierno, represente la continuidad de excelentes negocios entre dos países que cultivan el populismo y enriquecen a quienes dicen ser progresistas y facturan con las dos manos: usando la izquierda para arengar y guardando los dólares con la derecha. (Agencia OPI Santa Cruz)

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