Publicado el: 2, Nov, 2012

Peralta no podrá volver sobre sus pasos sin pagar el costo político



02/11 – 15:45 – La foto del gobernador Daniel Peralta junto a Julio de Vido, en la firma del contrato de renegociación petrolera, realizado en Puerto Madero, es más que una foto; es la prueba palpable de que si no hay simbiosis política, nadie o muy pocos, pueden sobrevivir. Para muchos (la mayoría de los ciudadanos) es una muy buena noticia que el gobierno nacional y el provincial acerquen, dialoguen y arreglen su feroz interna. Sin embargo, esta situación es sumamente delicada para la gobernabilidad de Peralta, en tanto intente desconocer lo que dijo, cómo lo dijo y olvide su cumplimiento de cara a la sociedad y a los gremios que convocó para que lo ayuden a transitar la difícil crisis que desató el propio FPV. (Por: Rubén Lasagno)

A los que vivimos en Santa Cruz y analizamos diariamente las declaraciones, gestos y comportamientos de los actores políticos en esta ciudad capital, no nos sorprende la foto que aparece hoy, donde el gobernador Daniel Peralta y Julio De Vido, posan formando parte de un conjunto político que se une para firmar la renegociación de las áreas petroleras con YPF. Es más, sabíamos que en algún momento esta situación de reencuentro se iba a dar; solo era una cuestión de tiempo ya que los intereses de Santa Cruz y sus actores nacionales, se cruzan.

Hace unos días atrás el diputado Martín Paiva, un acérrimo enemigo de Peralta, quien junto a La Cámpora bombardeó todos y cada uno de proyectos que envió el Ejecutivo a la Legislatura, sorprendió cuando hizo declaraciones señalando que “hay un par de diputados que estamos dispuestos a considerar y analizar el endeudamiento que pide el gobierno”. Esto, en el marco de los feroces ataques que se han lanzado de uno y otro lado, tiene dos interpretaciones: uno: le bajaron líneas al diputado para que distienda la situación y se consagre a buscar caminos menos confrontativos y dos: se enmarca en una estrategia de acomodamiento de las relaciones que excede a los diputados locales, orden impartida directamente desde la oficina de Julio De Vido a instancias de la presidenta.

El abrazo del vicegobernador Fernando Cotillo con su archienemigo, el intendente José Córdoba, es otro acto de esos impensables, en momentos en que el FPVS sufre la mayor fractura de su historia, escindido como está del PJ tradicional y atomizado por la avalancha de militancia arrastrada por La Cámpora, que pretende quedarse con la mejor parte del asado. La poca afluencia de militancia a los actos recordatorios de Néstor Kirchner en el predio del cementerio local y los grupos nómades de Peronistas que llegaron durante el día 27 de octubre al Mausoleo, a brindarle un homenaje en soledad, al amigo de años, fue un mensaje hacia adentro del partido, que marcó, quizás, el límite de hasta dónde el oficialismo podía absorber los golpes de tanta desdicha sin deshilvanarse en las urnas.

En una de nuestras notas anteriores, mencionábamos que un asiduo participante a una mesa política de un café céntrico en Río Gallegos, Peronista de la primera hora, dio por descartado que una vez pasado el tsunami político, las partes iban a tener que sentarse a conversar y levantar los desechos de aquellas cosas que destruyeron en la batalla, entre ellos la credibilidad, la institucionalidad, el respeto hacia el votante, la ética, las candidaturas y en general, la posibilidad de hacerle pensar a la gente, que el FPV todavía sigue en carrera y que no va rumbo a su propio holocausto.

Está claro que si esta batalla termina, no es porque los buenos se hayan vuelto más buenos y los malos menos malos; es una cuestión de sobrevida partidaria y de conveniencia política por ambas partes. La nación intentó bajar al gobernador y se encontró con una resistencia inédita, impensable de parte de Peralta, que redobló la apuesta y transitó un camino por el filo de la demagogia, buscando el amparo de los gremios y del pueblo, reconociendo a media sus errores, ofreciendo reconciliación social, atacando “el modelo” que tanto defendió y con el cual imprimió el gingle de campaña junto a Cristina y destapando mucho de lo que todos sabíamos pero nadie reconocía: el dirigismo de la política nacional, el manejo indiscriminado de los fondos, la práctica política de la obediencia debida, que Julio De Vido es el maestro de orquesta, que el gobierno nacional se inmiscuye permanentemente en la política provincial y que hay doble estándar en varios aspectos, entre ellos, en la forma en que ingresan los fondos de la obra pública a Santa Cruz.

Cumplir o defraudar

Si tomamos la suficiente distancia como para tener una macrovisión de todo lo ocurrido, podríamos decir a simple vista que el gobernador Peralta triunfó, pero sería mirar la realidad a través de la lente distorsionada que ofrece la interpretación política frugal, rápida, lineal y sin profundización; la situación que se representa en esta circunstancia es más compleja para todos los actores, pero mucho más para Peralta.

El gobierno nacional, distendiendo las cuerdas política que tensó en Santa Cruz, incluso, puede lograr un reconocimiento público de cierto sector de la sociedad que lo ataca por haber dejado a la provincia en la orfandad y ni que hablar desde adentro del propio partido. Le permite entrar con un nuevo discurso conciliador, aparecer como reconociendo que este enfrentamiento afecta fundamentalmente al habitante medio y en tal caso, concluir que es “obligación” de la presidenta, ponerse más allá de las rencillas políticas egoístas y banales, concurriendo, con sus buenos oficios, a rescatar la paz y reinstalar la tranquilidad y la convivencia. Es decir, lo puede blandir como un logro más individual, que compartido.

Para el gobernador es más difícil, porque él sabe de antemano que cualquier arreglo con el gobierno nacional será sobre los escombros de una batalla que la presidenta nunca va a olvidar y tendrá latente sobre su espalda una filosa daga que lo acompañará hasta el 2015. Nada le será gratuito. Existirán condicionamientos, compromisos, acuerdos de gobernabilidad, concesiones y todos sabemos que cuando el kirchnerismo pacta, es por todo.

Frente a él, Peralta tendrá el otro gran problema: los sindicatos y el pueblo. El Gobernador tendrá que dar cumplimiento a todas y cada una de las promesas que hizo a lo largo de este tiempo, donde su voz resaltó en los medios provinciales y nacionales como un oráculo. Y no hablamos de los ataques personales hacia Julio De Vido o a los diputados de la Cámpora o a la Cámpora en su conjunto; esto se puede explicar y cambiar en un minuto. Solo basta que diga que “fue en el fragor de la pelea, del discenso, del desacuerdo por puntos de vista políticos distintos, etc etc y de alguna manera justifica y entierra toda la batería de improperios que disparó contra cada uno de ellos. El problema de Peralta es otro y radica en lo que dijo que va a hacer desde su gobierno y que todos están expectantes de que ocurra.

A Peralta no le tembló la voz, cuando dijo que va a enviar a la Cámara de Diputados un proyecto para suprimir la Ley de Lemas. Para darle más legitimidad y contundencia a la medida y además, para poner en evidencia a quien se oponga a lo que la ciudadanía pide desde hace años, prometió llamar a una consulta popular no vinculante, donde los ciudadanos se podrán expresar si quieren o no, que se quite la Ley de Lemas del sistema electoral provincial.

El Gobernador se comprometió a no tocar la Caja de Previsión Social, no armonizarla, como pide el gobierno nacional y someter a la decisión de los sindicatos, las consideraciones, análisis y búsqueda de soluciones conjuntas. “Santa Cruz no va a modificar el Régimen Previsional si no hay un acuerdo unánime de los trabajadores y fuerte adhesión del arco político, por más que algunos nos desfinancien y nos lleven a situaciones extremas como nos están llevando” declaró.

El mandatario provincial se obligó a sí mismo a no declarar la emergencia económica, a no suspender paritarias y a no congelar salarios ni producir despidos ni recortes en la administración pública provincial.

Peralta, en virtud de la encerrona presupuestaria en la que lo metió el gobierno nacional, no autorizándole el endeudamiento y reteniendo fondos de coparticipación, buscó refugio en los gremios y para ganar su confianza, les prometió “abrir los números” y que sean los propios sindicatos, quienes controlen cómo y en qué se gasta.

También prometió incrementar los controles sobre los recursos naturales y sancionar duramente a las operadoras (mineras y petroleras) que no cumplan estrictamente con la Ley de Medio Ambiente. Ni hablar que deberá sostener, de acá en más, las críticas hacia los diputados que acusó de lobbystas de las mineras, porque de alguna manera indica que las empresas multinacionales están relacionadas con el poder político central y hacen lo que quieren, al amparo de la cobertura nacional.

Planteó apartarse del Pacto Fiscal Federal, pidiendo que le devuelva la nación el 15%, con el que se queda el gobierno central que corresponden a unos 36 millones de pesos, señalando que de esa manera Santa Cruz comenzaría a recuperar la autonomía

En un rapto de sinceridad pública, Daniel Peralta dijo que a pesar de haber pensado, en principio, dar un paso al costado, entregando la autoridad del PJ provincial, se postulará para un nuevo mandato del Partido en las internas del mes de marzo.

Sus palabras sobre la crisis energética apuntaron al gobierno nacional, acusando al Ministro De Vido de haber desinvertido en el área, cuando antes “el modelo” se basaba, fundamentalmente, en el crecimiento exponencial en esta materia o el pedido de cambio de actitud de la presidenta, para que elimine el Impuesto a las Ganancias.

En definitiva, más allá de los cruces dialécticos entre De Vido y Peralta, los pedidos de rinoscopías, las acusaciones por falta de gestión, o las declaraciones sobre desestabilización del gobierno, espionaje y enojos circunstanciales, que pueden ser borrados en una reunión partidaria con un asado mediante, el terreno por el que deberá transitar Peralta, si acaso se resuelve una unión de emergencia con Cristina y sus Ministros, es mucho más comprometido y delicado que el del FPV en su conjunto, e incluso me animaría a decir que el de los mismos diputados provinciales, quienes, llegado el caso, no dudarán en cambiar su discurso y hasta hablar bien del gobernador que hoy ningunean. El problema de Peralta será no quedar atrapado por sus propias palabras en la telaraña que tejerán las nuevas relaciones con el gobierno nacional y las exigencias de éste que no menguarán, a pesar de lo que pueda decir el gobernador.

Cualquier apuesta del krichnerismo, será sobre la base de la obediencia a ciertos mandatos, cada uno de los cuales Peralta se encargó de ponerlos en evidencia y en peligro: Ley de Lemas, readecuación del sistema previsional o abandono del Pacto Fiscal. Esto, nunca serán aceptados por Cristina y su entorno. Y si Peralta no cumple cada una de estas promesas, deberá rendir cuenta ante quienes, con ciertas reservas, por lo que implican estas peleas políticas, le dieron su aval y su apoyo.

Cumplir los mandatos nacionales significaría recomponer la línea política interna y asegurarse la gobernabilidad, pero colisionaría con la sociedad que cree que él puede poner una bisagra a esta historia, como también con todos los que colaboraron con él en esta coyuntura. Sostener y aplicar todo lo que dijo, provocaría una reacción tal vez desmesurada de la presidenta, que podría ordenar aislar definitivamente a su gobierno, si ante un “gesto de buena voluntad” de parte de ella, Peralta lo desprecia, incumpliendo sus órdenes. (Agencia OPI Santa Cruz)

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