Las leyes nazis y la reacción de la sociedad

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    06/11 – 15:30 – Durante el régimen de Adolf Hitler hubo una serie de reglamentaciones que buscaron la “pureza racial”, y que fueron avaladas por un sector amplio de la población alemana. De esta manera parte de la sociedad germana fue cómplice del régimen, que de a poco acababa con la libertad de los “diferentes”. Muchos se favorecían con la “limpieza étnica”, porque ocupaban sus trabajos, compraban sus propiedades a bajo costo y se congraciaban con el régimen que después los terminó de llevar el infierno de la historia. (Por Bárbara Reinhold – Clarín)

    Ningún líder puede sostenerse como tal sin el apoyo de sus seguidores. Sin sustento, se caería por su propio peso. Durante la Alemania nazi hubo reglamentaciones y disposiciones legales de carácter racial y antisemita que, por su publicidad, la sociedad no pudo desconocer: fueron el preámbulo de la llamada “solución final”, cuyo objetivo último fue el exterminio masivo de la población judía, y que se cobró la vida de unos 6 millones de judíos, víctimas mayoritarias de un genocidio que persiguió además a otros grupos.

    Las leyes de Nuremberg, sancionadas en 1935, reflejaban la ideología del nazismo a través de la Ley de ciudadanía del Reich y la Ley para la Protección de la Sangre Alemana y el Honor Alemán. De esta manera, se establecía a través de una clasificación sanguínea quién era judío y quién no, en términos no religiosos sino raciales, y los señalados como judíos perdían automáticamente la ciudadanía del Reich. Se les prohibió contraer matrimonio con alemanes “puros”, así como emplear en sus casas a ciudadanos alemanes menores de 45 años e izar la bandera del Reich. Los judíos vieron sus derechos avasallados, lo que también se extendió a gitanos, negros, discapacitados y todo aquél considerado “inferior”. No pudieron tener empresas, había restricciones para la permanencia en espacios públicos y los médicos judíos sólo podían atender a judíos, entre otras atroces medidas que los discriminaron abiertamente.

    Pero antes de esto, en 1933, se llevó adelante una primera acción contra los judíos: el boicot a sus comercios. Los nazis llamaron a la población a que no comprara en esos negocios, a los que identificaron con la Estrella de David pintada o con frases como “No le compre a los judíos” o “Los judíos son nuestra desgracia”. En este sentido, el sociólogo Daniel Feierstein, autor del libro “Memorias y Representaciones”, investigador del CONICET, director del Centro de Estudios sobre Genocidio de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) y vicepresidente de la International Association of Genocide Scholars, explica: “El boicot no contó con una fuerte adhesión de la población. Al contrario, se manifestaron bastantes actos de solidaridad y los ataques debieron ser bastante organizados, no muy espontáneos, por parte del partido nacional-socialista y sus fuerzas de choque, las SA”.

    Para Feierstein, hubo dos factores principales que actuaron para que una parte de la sociedad alemana apoyara la segregación antisemita: el terror sembrado por el nazismo y las ventajas que podrían sacar de la aplicación de la legislación. El sociólogo asegura que esa instalación del miedo comenzó a operar con el correr del gobierno de Hitler: “1933-1935 se caracterizó por ser un fuerte período concentracionario. Cerca de 100 mil alemanes, en su mayoría disidentes políticos, fueron internados en campos de concentración, de los cuales el modelo fue Dachau y no Auschwitz, creado sólo después de iniciada Segunda Guerra Mundial. No fueron muchos los asesinatos en relación al número total de detenciones, se calcula alrededor de 500 a 1.000 personas asesinadas sobre un total de aproximadamente 100 mil detenidos, pero eso fue suficiente para instalar el terror en la sociedad”, señala. Por esta razón, dice, cuando se sancionaron las leyes antisemitas de 1935, “la resistencia social a esas nuevas pautas fue casi inexistente”.

    Sobre las ventajas que podían obtenerse por el desplazamiento explícito de la población judía, Feierstein sostiene que hubo muchos sectores sociales que terminaron apoyando las leyes antisemitas para sacar rédito de esa persecución: podrían ocupar sus puestos de trabajo, tanto en la esfera pública como en la privada, comprar sus propiedades a un valor menor al del mercado y explotar a la población amenazada aprovechándose de sus necesidades, entre otras cosas. A través de distintas vías, el antisemitismo fue calando hondo en la sociedad alemana, y fue notable la influencia del aparato propagandístico de Hitler, a cargo de su mano derecha, Joseph Goebbels.

    Para el historiador estadounidense Peter Fritzsche, en el libro “De alemanes a nazis”, la esfera pública fue fundamental para que los alemanes se integraran a las actividades nazis apoyando e incoporando, entonces, el antisemitismo. En su texto, Fritzsche describe la aprobación por parte de la sociedad hacia la discriminación a los judíos: “Miles y miles de berlineses marcharon hasta el aeropuerto de Tempelhof el 1° de Mayo de 1933, más de un millón de voluntarios participaron en la Winterhilfe, la campaña anual de caridad del Reich, varios millones de jóvenes más fueron reclutados en la Juventud Hitleriana, por lo menos ocho millones de alemanes se enrolaron en ligas locales de defensa civil, y nada menos que el sorprendente número de cincuenta y cuatro millones participó, sólo en el año 1938, de algún tipo de actividad recreativa patrocinada por los nazis”.

    En medio del reclutamiento militar y civil del nazismo, hubo algunos movimientos de resistencia dentro de Alemania, como el de la “Rosa Blanca”, que se opusieron al régimen. “Rosa Blanca” era un grupo de estudiantes encabezados por los hermanos Hans y Sophie Scholl, que repartía folletos en los que manifestaba su repudio a Hitler y al nacionalsocialismo. En el sitio del Museo de la Memoria del Holocausto de Estados Unidos, explican: “La critica abierta del gobierno fue suprimida por la Gestapo y el Servicio de Seguridad del partido nazi, pero el gobierno de Hitler era popular con la mayoría de los alemanes”. (Clarín/OPI Santa Cruz)

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