Creer que no se está enfermo, porque ignoramos el diagnóstico

    19
    25
    Compartir


    09/11 – 11:30 – La forma en que el gobierno nacional maneja el discurso para desconocer lo obvio, no hace más que generar rechazo y pone al oficialismo al borde del ridículo. Sentarse en un canal de Tv o salir por una radio y decir que lo de anoche fue pagado por Macri o que no había un objetivo común de la gente para llenar las plazas, ignorando (o tratando de ignorar) los graves problemas que cruzan a la sociedad argentina, es delirante y muy preocupante, teniendo en cuenta que ese pensamiento proviene de la clase política que nos gobierna. (Por: Ruben Lasagno)

    Dicen los médicos que un diagnóstico a tiempo, ayuda a la cura que evita una muerte a corto plazo o alarga la vida. Un diagnóstico tardío, suele hacer ineficaz la cura, pero le otorga al enfermo, alguna posibilidad de sobrevivir y una enfermedad que no ha sido diagnosticada, puede terminar sorprendiendo al enfermo con la muerte. Pero la peor de todas estas alternativas, no es ninguna de ellas; es cuando el paciente cree que no está enfermo, porque aún teniéndolo ante sus ojos, ignora el diagnóstico.

    Las dos marchas de Argentinos hartos, son todo un diagnóstico en sí. Hay algo que le dice al gobierno que se debe corregir, porque los sectores populares, movilizadores sociales, productores de riqueza y sostenedores del aparato del Estado no están felices. La movilización de ayer es un signo de que el gobierno debe iniciar el tratamiento para curarse y aplicar recetas serias y sin demoras, pero la naturaleza autodestructivas del kirchnerismo, indica, que aún sabiendo el final que le espera en las urnas, insistirá y persistirá en su posición irreductible de ver la realidad con el prisma recortado de quien cree que porque desconoce lo que pasa, no pasa nada.

    Una vez más, como en el 2009, la fábula del sapo y el escorpión toma fuerza. El gobierno nacional (aunque sea de la boca para afuera) intenta desconocer las más elementales reglas de la salud política y dispara barbaridades a diestra y siniestra, como si quisieran tapar con palabras, la contundente demostración de fuerza que hizo la ciudadanía, en todo el país. Desde decir, por ejemplo, que Macri le pagó a la gente para que concurra a Plaza de Mayo, como sostener que es todo un movimiento golpista, cada uno de los parlachines oficiosos, arremeten con las más alocadas hipótesis, que los ponen en el plano del ridículo y lo absurdo.

    Nada puede ser tan amargante en la vida política del kirchnerismo, que la imposibilidad de manejar las variables de los hechos, para amoldarla a su propia realidad; a la necesidad de seguir construyendo el mensaje maniqueo y consolidar la verdad a media o la mentira, adaptada a la necesidad de la coyuntura. Así como se ufanan del “54%”, haciendo de la cifra una “mayoría” que no es tal, pero cuya apariencia venden cuando dicen “el 54% de los argentinos eligieron a la presidenta”, hoy Aníbal Fernández, para simplificar su explicación, dijo que lo de anoche no se puede medir por la cantidad, sino por la calidad de los manifestantes y que el número “no dice nada” porque “es una tontería vivir pegados a una cifra”. Típico del pensamiento defeccionista, los argumento son devueltos (y revueltos) como mejor convengan, sin importar si se contradicen con lo sostenido hasta hace unas horas atrás.

    No obstante, nadie puede dudar de que el mensaje llegó al corazón de Cristina y que aún cuando la palabra oficial, pretenda esforzarse para minimizar las consecuencias en el ego de un gobierno tan centralista, todas las alertas le indican a la presidenta que éste es el camino de las desventuras y la pérdida total del capital político.

    Podrán echarle la culpa a quienes quieran, podrán elaborar la teoría más conspirativa que se les ocurra, pero la realidad convalida la única verdad: la gente está disconforme y lo manifiesta en las calles, mañana lo hará en las urnas. La soberbia del gobierno los hace subirse al desafío de la extravagancia cuando dicen: “formen un partido político y vayas a las elecciones “ o “en el 2011 nos eligieron, en el 2015 traten de cambiarnos”. En realidad, esta forma de ejercer el poder, demuestra que el krichnerismo cree que la casa Rosada es un coto de caza donde se abre por temporadas, tal vez porque están seguros de que mientras tengan la posibilidad de permanecer, la impunidad está garantizada.

    Ayer, entre todos los millones de personas que se manifestaron en el país, no vimos aquel cartel que simbolizaba el hartazgo de la gente, la cual en el 2001 pedía “Que se vayan todos”. Ahora, todos pedimos que se queden, terminen su mandato y que rindan cuentas por lo relaizado durante su gestión. Tal vez, cuando eso sea posible, un gobierno enfermo comience a reconocer que 2 o 3 millones de personas en la calle, es un indicativo de que el diagnóstico no es bueno y que debe rectificar el rumbo. (Agencia OPI Santa Cruz)

    25 Comentarios

    Dejar una respuesta