Publicado el: 16, Nov, 2012

Quiero ser de clase media K


La presidenta de la Nación, Cristina Fernández dijo sentirse parte de la clase media argentina. Evidentemente, después de estas declaraciones públicas de la mandataria, ya no quedan dudas de que el kirchnerismo vive su relato off shore, desconociendo absolutamente todo vestigio de la realidad nacional que invade al hombre común de este país y especialmente, la autovapuleada “clase media” argentina.

Como si hablara desde Suecia, pero en Olivos, la presidenta insistió en sentirse incluida entre aquellos que viven de un sueldo, los que luchan día a día por el mango, los que invierten sus pocos pesos en negocios de escaso margen o entre los comerciantes de Buenos Aires que de vez en cuando las inundaciones les llevan todo y vuelven a empezar o los del país en general que viven azotados por impuestos y presiones tributarias. Esa clase media, que motoriza al país, a pesar de la rudeza de los hechos históricos que cíclicamente se vuelven a repetir en esta bendita Argentina, es la verdadera clase media nacional; la que se esfuerza, pierde, se levanta, vuelve a perder y se vuelve a levantar, cada día.

Cualquier desprevenido se da cuenta que una persona que tiene una fortuna declarada de 86 millones de (¿dólares?) y que se ha enriquecido en la función pública desde hace más de 20 años, no es de clase media. No se puede entender que los funcionarios del gobierno nacional se consideren de “clase media” viviendo en Puerto Madero, en countrys de Tortuguitas, en Pilar o con propiedades en Punta del Este.

Existen dos motivos para creer que alguien como CFK y sus colaboradores, que han multiplicado cien veces o más, sus patrimonio del 2003 a la fecha, digan que son de “clase media”. O se montan en el relato de esta empatía falaz, pretendiendo que todos vivimos como ellos para “hacernos sentir mejor” o mienten para esconder sus fortunas indisimulables por lo grosero y obsceno que resulta su reconocimiento.

Cualquier ciudadano argentino, hoy, quisiera ser un “clase media K”. Seguramente, si la clase media nacional estuviera en el nivel de fortuna de la presidenta, Argentina se parecería más a Suecia y menos al país que diariamente nos toca vivir y que requiere pelear para sobrevivir.

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