Scioli, el gobernador alfombra

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    23/11 – 15:30¡Ser, o no ser!, la duda de Hamlet invade los rincones de la casa de gobierno en La Plata, donde el gobernador bonaerense, políticamente bipolar, no puede controlar su esfínter verborrágico, cada vez que se encuentra ante la angelada figura de la señora que todo lo mueve, dentro del mandatario cara de nada. (Por: Rubén lasagno)

    Párvulo de las lealtades, Daniel Scioli, fluctúa pendular entre su alianza con lo más promiscuo de la corriente opositora del pejotismo cuaternario y el Edipo mal curado que lo lleva una y otra vez al regazo de la dama de hierro, buscando consuelo y consejos de la señora, que no es la Madre Teresa, precisamente. Es el mejor ejemplo de la mosca que incursiona con la misma vocación imperturbable, en lo escatológico, como en el néctar.

    Scioli es el típico hombre-alfombra; que transfiriéndolo por cargo, en el nomenclador político, su denominación sería la de gobernador-alfombra, hipérbole que relaciona su incondicional y poca envidiable dualidad para atacar arteramente, tal lo hace un aprendiz de traidor, como para arrastrarse ante la reina, sin magullarse la panza.

    Es el hombre que navega por la única mano que tiene la vida, donde la realidad no pone guiño. Le da lo mismo doblar a la derecha o a la izquierda, seguir de largo o desandar el camino andado. Tomar mate con Moyano o reciclarse “Clase A” en la oficina del culturoso Macri. Transita tanto por los pedregales, como sobre las flores y acelera igual en el pavimento, como derrapa en la banquina enripiada. Todo por el mismo precio y con la ya reconocida “cara de Scioli”, el moderado mandatario pulula entre el bien y el mal, con esa insana manía de ver todo color de rosa, a pesar de que a su alrededor el mundo se descuelga en pedazos y desde la casa Rosada le tiran hasta con los bancos por la cabeza.

    Es el tipo al que mucho quieren y a quien muchos no le pondrían un voto, entre ellos quien esto escribe. Inquilino de un condominio existencial con la presidenta, no se sabe si la odia o la ama, si la respeta o siente celos enfermizos, lo cierto es que sufre la cruel patología de los travestidos del poder que no son nenas ni son varones de la política y fomentan las dudas de si actúan como peronistas, progresistas, ultraconservadores o liberales de la primera hora.

    El émulo de nuestro venerable y siempre recordado “Pavo Sancho”, más por una cuestión fisonómica, actitudinal y cara de “yo no fui”, que por otra cosa, construye poder desde la nada, con esa extraña forma de generar confianza a partir de su excesiva costumbre de poner la otra mejilla, a la cual se la han dejado roja de cachetazos y desaires imbancables, pero que estoico, Daniel soporta, sin olvidar la Cifosis postural que le ocasionó todos estos años, el encorvamiento desmesurado y por lapsos tan prolongados que mantuvo, primero ante Él y después ante Ella.

    El mayordomo bonaerense, cuya oficina la presidenta colonizó con el inefable Mariotto, no se quedó atrás a la hora de remediarse ante la dama, aún cuando todavía tenía caliente la palma de su mano, por el estrecho apretón que se dio con los opositores destituyentes.

    En un momento en que la musa inspiradora le llegó sin pretenderlo, el Gobernador extirpó de su pluma barroca (no berreta) los más sedosos elogios para calmar a la presidenta, por si alguna idea de que él podría estar transformándose en Judas, la asolaba y le hacía repetir tres veces que le volvería a dar la mano a Moyano, antes de que el gallo cante en la alborada.

    Por eso, tal vez para redimir un sentimiento de culpa y volviendo a las fuentes del arrastrismo que siempre factura, Daniel Scioli escribió un texto algo prosaico, quizás, pero efectivo, si su objeto fue complacer a la Rabi, aún a costa de palidecer en su dignidad.

    Qué razón tenía mi compañero Néstor cuando la llamaba la Presidenta coraje”, empezó señalando empalagoso el motonauta , que en lides como ésta, se maneja como pez en el agua.

    Sin ahorrar una alegría a su corazón, el gober dejó escapar un hálito de fresco calificativo reparador, especialmente después de bordear la traición al “modelo” K, mostrándose públicamente en una foto con el diputado Francisco de Narvaez y escribió “En el mensaje del aniversario de la Batalla de la Vuelta de Obligado, la Presidenta demostró que defiende con pasión nuestra soberanía política, económica y cultural, como una gladiadora“.

    Pero lo mejor estaba por venir, porque al encabezar el Día de la Militancia, Scioli refirió “Algunos se ponen ansiosos; me piden jugátela, peleate más, soslayando en realidad que le están pidiendo que se defina de una vez, declarándose chupamedias incondicional del gobierno o sea alternativa de un modelo distinto, que tanto pide la gente. Sin embargo el bonaerense fue más allá y aseguró “Yo me peleo con quien me tengo que pelear, con la injusticia, con los narcotraficantes” (¿?); sí, está bien, tal vez entonces debe pelearse con el gobierno…

    Finalmente Scioli hizo una breve síntesis de lo que él representa en realidad, dijo “Lo nuestro es continuidad con cambio, porque es inteligente corregir y nosotros escuchamos permanentemente a la militancia y a todos los sectores para cumplir las expectativas de todos”. No quedó claro, como es típico de su conducta errática, si él es cambio o continuidad del modelo K o si “continuar con cambios” es más de lo mismo con algún maquillaje gatopardista para que parezca distinto.

    Como sea, es claro que Daniel Scioli está lejos de constituir una alternativa válida al kirchnerismo. Nada nos asegura, que ya electo, el ecléctico gobernador no abdique a favor de la señora que habrá pasado a la retaguardia pero no al retiro y moverá los hilos como quien hace gesticular a una marioneta, prolongando en su hijo putativo las deplorables decisiones que no pudo tomar mientras le duró su reinado o poniendo a imagen y semejanza su plebe camporista, como logró colocarle en el 2011 el lastre mariotista que lo dejó al desnudo como un verdadero incondicional, influenciable y manipulable.

    Ser “continuidad con cambio”, seguramente no es el mensaje travestido que espera el pueblo argentino de un candidato en el que la esperanza está cifrada en su capacidad para modificar un “modelo” que nos ha puesto en la periferia del mundo y ha profundizado las diferencias, hasta hacerlas irreconciliables.

    ¿Qué debe más dignamente optar el alma noble, entre sufrir de la fortuna impía el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo, desaparecer con ellas?, se cuestiona el Gran Hamlet, que si viviera, tendría, acaso en Daniel Scioli, la viva respuesta al ser de la indignidad y de laprosaria marginalidad a la tibia obsecuencia. (Agencia OPI Santa Cruz)

    1 Comentario

    1. Nosotros lo sufrimos en la Pcia de Bs As.Con tal de trepar entrega hasta el alma, y primero si Sr. y luego si Sra, entrega hasta el alma con tal de quedardel palo como se dice. Nunca un comentario que no aprobara, una orden que no aceptara o unnegocio que no aprobara. Que lastima no? con la carita de bueno que tiene…….

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