Publicado el: 3, May, 2013

La muerte de Medina, las diligencias judiciales y las pruebas



03/05 – 14:00 – El desgraciado suceso donde falleciera el Subsecretario de Medio Ambiente de la provincia, se encuentra en periodo de revisión judicial por parte del Juez Carlos Narvarte de El Calafate. De acuerdo a la última información conocida, habrían variado las versiones iniciales sobre cómo sucedió el hecho. La situación en que se produjo el incidente es más común de lo pensado, sin embargo, ahora le toca al Juez determinar si hubo negligencia, intencionalidad o se trató de un hecho fortuito.

La última información con respecto a la muerte del Subsecretario de Medio Ambiente de la provincia, Sergio Medina, ocurrida el 1 de mayo en un campo cercano a El Calafate, mientras andaba cazando junto a otras personas, ellos son Esteban Peijkovic, Alberto Mullica y Diego Patitucci, indica que el Juez Carlos Narvarte, según lo refiere hoy LU23 Radio Lago Argentino de la villa turística, ya tiene en su poder el resultado de la autopsia y ahora le quedaría reconstruir le hecho, determinar la trayectoria del disparo y las circunstancias del mismo.

El deceso se produce por una herida de arma de fuego de grueso calibre, concretamente con un disparo que atraviesa la cabeza en sentido de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda” y agregó: “Estamos terminando de recibir todas las pruebas que hemos solicitado, entre ellas control de alcoholemia a todos los involucrados, así como el estudio de restos de pólvora”, expresó el magistrado de acuerdo a la información del medio calafatense.

Expresa además que el juez tomará indagatorias a los involucrados el día lunes y que la reconstrucción se efectuará con el vehículo donde ocurrió el incidente que terminó con la vida del funcionario provincial.

De acuerdo a lo que agrega el medio, Medina no se encontraría afectado a las tareas de caza, manejaba la camioneta y en el momento del disparo se encontraba en el habitáculo con Estaban Peijkovic. Llevaban dos armas y el juez también dijo que realizará pruebas de parafinado, a fin de establecer quién disparó el arma y determinar si se trata de un accidente culposo o un hecho meramente accidental (disparo solo del arma).

En este punto, podemos decir que si se trata de un arma larga (no trascendió el calibre pero al referirse a una “de gran poder” se calcula un calibre 308, el más típico para la fauna regional de guanacos y choiques) podría complicarse esta última prueba por dos cuestiones: primero porque en un fusil la mano del operador permanece lejos del mecanismo de disparo que a su vez cierra la recámara con un cerrojo (no es el caso de una pistola (retroceso o cámara abierta) o un revólver (cargador rotativo o tambor) donde sí la mano es afectada por partículas de la deflagración) y por otro lado, si estaban en actividad de caza y esa arma había sido disparada previamente, será muy difícil para cualquiera establecer (en caso de existir residuos de pólvora) si los mismos corresponden a ese u otro momento en que se accionó el arma.

La caza, las armas y la negligencia

Independientemente de este hecho, el incidente trágico que le costó la vida a Sergio Medina, es algo mucho más habitual entre personas no habituadas al manejo de las armas, de lo que podemos suponer.

El manejo de un arma implica, desde cualquier punto de vista que se lo mire y momento en que se la utilice, un profundo conocimiento sobre su manejo, una amplia responsabilidad de quien la porta y excesivas medidas de seguridad que deben tomarse, especialmente, en los casos en que concurren varias personas a un mismo evento.

Cualquiera puede concurrir a un polígono de tiro en momentos en que se disputa un concurso de cualquier tipo y calibre y verá en la práctica el celo y la prudencia que se aplica entre los participantes, quienes están en todos los casos bajo la atenta mirada de los instructores o responsables del predio donde se realizan las prácticas o el concurso. Aún en caso de gente experimentada, ciertas inobservancias a reglas básicas, suelen ser reprendidas severamente por los instructores y esto es parte, nada menos ,que de la seguridad colectiva.

Fuera de un polígono, la responsabilidad es individual y quien maneja un arma tiene en sus manos una herramienta que, como un auto, le servirá para pasar buenos momentos, si sabe manejar, es prudente, va a una velocidad adecuada, respeta las señales de tránsito y sabe que se conduce dentro de los indica la ley y la razón, o en su defecto, le servirá para matar a otras personas o matarse él mismo.

Hay elementos básicos que se deben conocer al salir de caza, independientemente de las armas que se lleven y los calibres, ya que todas matan. En primer lugar no es aconsejable que muchas personas concurran de cacería y menos aún si todas van armadas. En esta actividad se dice generalmente que “más de dos son multitud” y es razonable este dicho popular, pues un simple descuido, a veces producto de la adrenalina en el proceso de la cacería, suele ser suficiente para que alguien se cruce en la línea de fuego del otro o uno dispare en una dirección equivocada, hiriendo o matando a su compañero o alguien suba descuidadamente al transporte y cometa una imprudencia trágica.

El cazador sabe que el conocimiento del terreno, el hábil manejo de las armas y la comunicación entre los participantes, es fundamental. Muchos accidentes se pueden impedir teniendo a la vista al compañero o estando bien comunicado por medio de radios o señales de orientación.

El otro problema es el transporte. Uno de los momentos más peligrosos en una jornada de caza, más aún cuando son varias las personas que componen la partida, es cuando se suben al auto o camioneta que los transporta; especialmente cuando se viaja en el habitáculo (si bien hay riesgos, suelen ser menores en la caja donde hay espacios abiertos) para ir de un lado a otro del campo.

Sucede que a veces, el cazador, entusiasmado por la presa que se fuga o se aleja de la visual de tiro, sube al vehículo apurado sin descargar el arma e ingresando con ella de manera irregular y peligrosa, especialmente con la boca del cañón apuntando hacia abajo o en el peor de los casos, manteniendo el arma en forma horizontal.

Otra veces no descarga el arma (ni la asegura, ni la desarroja), sube al vehículo, la coloca a un costado, apuntando hacia arriba, pero con el movimiento, el fusil (escopeta o carabina) voltea hacia algún costado y si en ese momento el arma está cargada y sin seguro, se produce el disparo.

Es habitual que pocos (solo los más prudentes) mientras realizan la caza, antes de subir al vehículo tomen la precauciones de: Desarrojar el arma (quitándole el cerrojo ya es imposible que un arma larga se dispare) o bien le quite la munición de la recámara y le pase seguro (dos formas que también hacen imposible que el arma dispare) Si es un arma automática, lo aconsejable es quitar munición de la recámara y sacar el cargador. Una vez realizada algunas de estas dos operaciones que desactivan por completo la posibilidad de un disparo accidental, el cazador responsable, antes de sentarse en el habitáculo, apoya la culata del arma contra el piso de la camioneta (con la boca del cañón hacia arriba y en dirección al parabrisas) y luego ingresa y se sienta. Una vez acomodado en el asiento (siempre en el delantero, nunca se debe llevar armas en los asientos traseros) el cazador debe llevar firmemente agarrado el fusil entre sus piernas y encarado el cañón hacia el techo del vehículo y podrá rearmar el fusil, recién cuando se apea y se aleja lo suficiente del transporte, para brindarle seguridad a sus acompañante.

Cualquier cosa que se haga por fuera de este consejo básico es imprudencia pura y en mucho casos, se paga con la vida o con accidentes irremediables. Las armas son un elemento mecánico de gran peligrosidad como un auto o un avión. Un arma no es ni buena ni mala (más allá de la idea preconcebida que se construyen para matar). La idoneidad del usuario la hace tanto o más peligrosa en distintas situaciones y sus efectos pueden ser devastadores si el desconocimiento y la irresponsabilidad de quien las maneja es la excepción a la regla. (Agencia OPI Santa Cruz)

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