Publicado el: 21, Mar, 2014

Kicillof vs. Fábrega: peleas mientras la inflación crece


Juan Carlos Fábrega Presidente del BCRA - Foto: OPI Santa Cruz/Francisco Muñoz
21/03 – 09:35 – Juan Carlos Fábrega cuestionó la inactividad de Axel Kicillof y en las últimas semanas se quejó frente a la Presidenta por lo que calificó como incapacidades del ministro de Economía. En una reunión secreta en la Quinta de Olivos el titular del Banco Central lanzó una advertencia: “Yo ya hice mis deberes. Frené la corrida y ganamos tiempo.” Pero después alertó por la poca reacción de Kicillof : “ Ahora el que tiene que hacer su parte es Axel y no avanzó nada en su gestión.” La primera advertencia ocurrió en los últimos días de febrero, pero Fábrega volvió a insistir en sus preocupaciones antes del viaje de Cristina a Francia.

Por: Marcelo Bonelli
Fábrega es consciente que la calma del mercado cambiario –por el aumento en la tasa de interés– tiene un límite y que el Ministerio de Economía dilapida la tranquilidad transitoria que –estima– duraría hasta mediados de año.

Por eso, frente a Cristina, el banquero criticó a Kicillof por la ausencia de una política antiinflacionaria seria y la falta de medidas de corrección fiscal que reduzcan la emisión monetaria.

También le objetó al ministro la lentitud y la falta de pericia con la cual se mueve en el frente externo. Cristina necesita la vuelta al endeudamiento externo para llegar al 2015 y hasta ahora Kicillof ni siquiera pudo normalizar los desembolsos del Banco Mundial frenados a pesar de los múltiples anuncios y concesiones a Washington. En noviembre se anunció la normalización de los créditos, pero hasta ahora el BCRA pierde reservas por pagar vencimientos que el Tesoro de Estados Unidos no permite renovar.

El Club de París es otro caso: recién en 60 días se haría la primera reunión formal para tratar de encarrillar un tema fácil. Sólo la impericia de Cristina hace que el problema no haya sido resuelto durante una década.

Kicillof la pasó muy mal después del primer embate de Fábrega, a final de febrero.

La Presidenta lo zamarreó en Olivos frente a testigos, pero al final trató de protegerlo de la despiadada interna cuando dijo en público: “Es chiquito, pero cumplidor.” Fueron los peores días de Kicillof, porque el ministro intentó hacerle frente a Fábrega y recibió una catarata de reproches de la Presidenta y sus enemigos internos. Carlos Zannini, su principal sostenedor, no está ahora en condiciones de respaldarlo.

El ministro desprecia al banquero por su falta de preparación universitaria y porque desde que está en el Banco Nación enfrentó muchas de sus iniciativas. Ahora, la nueva presión que ejerció Fábrega obligó a Kicillof a evaluar el “tarifazo” que se prepara en gas y electricidad. El ministro quería postergarlo para junio, con la pobre idea de diluir las fuertes repercusiones inflacionarias con el Mundial de Fútbol.

El embate de Fábrega contra Kicillof es vox populi entre financistas y economistas. Fue confirmado por los máximos banqueros durante dos reuniones secretas que se hicieron en la city.

El propio Fábrega motorizó los encuentros con los banqueros, que hasta hace poco Kicillof y La Cámpora acusaban de complotar contra el Gobierno y alguno calificaba de “traidores a la Patria.” La semana pasada, el titular del Banco Central se trasladó en persona hasta la Asociación de Bancos extranjeros. En secreto, fue directo con Enrique Cristofani, Gabriel Martino, Ricardo Moreno, Gabriel Ribisich y Claudio Cesario. Ahí insistió sobre las deudas de Kicillof, pero cuidó las formas.

Cuando los banqueros hablaron de los dislates del ministro, dijo en referencia a Kicillof: “¡Yo en Olivos tengo que escuchar cada cosa!” Unas jornadas después, decidió concurrir también a la sede de la Asociación de Bancos Argentinos. Según el “cristinismo”, el presidente de ADEBA, Jorge Brito, era el culpable de las corridas cambiarias. Fábrega fue presentado por Brito y tuvo el reconocimiento de Sergio Grinenco, Eduardo Elsztain, Norberto Peruzzotti y Patricio Superville. Los banqueros manifestaron su inquietud por el manejo global de la economía y el temor de que la actual calma de los mercados sea interpretada por el Gobierno como “una batalla ganada.” Fábrega admitió que el Palacio de Hacienda quería bajar las tasas, pero fue preciso: “Yo le hablo claro a la Presidenta y por mi boca sabe lo que pienso sin filtros.

Aún estamos en un desfiladero.” Contó que Kicillof cuestionó la gestión del BCRA, pero que después del resultado de las medidas había optado por “asumir como propios los aciertos del Banco Central.” Agregó: “A Kicillof hay que esperarlo. Es joven e inexperto y necesita tiempo para transmitirle sus mensajes a Cristina.” El ministro viene de una seguidilla políticamente desgastante: tuvo un giro de 180 grados en el caso YPF; desde que asumió la inflación no para de reciclarse y el producto bruto (PBI) se desploma un cuatro por ciento en el primer trimestre. Los “precios cuidados” fracasan en contener la inflación global y la remarcación pulverizó en un quince por ciento el poder de compra de los salarios.

El “tarifazo” incrementará los costos

El Gobierno tiene decidido actualizar el tipo de cambio por lo menos un 17% hasta fin de año. Será otro motor de inflación.

Se trata de una suerte de “tablita” al estilo José Alfredo Martínez de Hoz, que incluye una devaluación mensual del 1,5 % y que apunta a reciclar la “bicicleta financiera” para calmar el dólar.

Por eso, la receta ortodoxa de ajuste de Kicillof puede fallar en bajar la inflación y provocar una marcada recesión.

La estrategia hasta ahora no tuvo resultados en su primeros meses de gestión, en los cuales Kicillof reflotó la peor combinación: fuerte alza en los precios y desplome en la producción. (Clarín)

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  1. pancho dice:

    fuerza sr.fabregas,este chiquito es un payaso

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