Publicado el: 21, Abr, 2014

La fortuna del polémico juez Oyarbide, con bañera de mármol de carrara y fiestas con Los Nocheros


El juez Norberto Oyarbide - Foto:
21/04 – 09:40 – Gustos suntuosos, causas vinculadas al poder y amigos con cuentas abultadas convierten al juez Norberto Oyarbide en el magistrado más polémico del país. Anoche, el programa “Periodismo para Todos” (El Trece) contó cómo vive el juez, quién es Claudio Blanco, su pareja, y que vínculo los une al contador Ariel Roperti, un avezado corredor de bolsa con aceitados contactos en la AFIP.

Blanco y Oyarbide comenzaron su relación el verano de 2010 y desde entonces jamás se separaron. Hoy, viven juntos en el suntuoso departamento del juez en Rodríguez Peña 1900. En ese departamento, Oyarbide no escatimó en gustos: paredes enteladas y con terciopelon rojo, un piano de cola, cuadros y esculturas carísimas y hasta una tina de marmol de carrara con sus iniciales incrustadas en oro son algunos detalles de su casa.

Antes de su relación con Oyarbide, Blanco era un simple árbitro de básquet que venía del interior. Lejos estaba del Mercedes Benz C350 patente NHM105 que hoy maneja y que está a nombre de la cooperativa de trabajo Planher Limitada, radicada en Lomas de Zamora. Ahora es un empresario conocido en el mercado financiero, aunque con socios polémicos.

Quien ingresó a Blanco en el mundo de las finanzas fue Ariel Roperti, el arquitecto financiero de la plata de Oyarbide. Fue en la oficina 205 del edificio de Florida 656 donde Blanco registró su primera sociedad, una firma que nunca llegó a funcionar pero que le abrió el camino al novio del juez hacia el mundo de los negocios. En esa oficina atendía Roperti. Lo hacía con otros dos corredores de bolsa: Ariel Feuer y José Bladimirsquy, dos hombres que integran sociedades con Blanco y Roperti. Bladimirsquy, de hecho, fue procesado en una causa por lavado de dinero en un pago de 54 millones de pesos del Miniserio de Economía.

Roperti, Oyarbide y Blanco se conocieron en 2010 y establecieron una amistad de interés mutuo. Roperti era un contador conocido en el mercado financiero por sus estrechos vínculos con la AFIP y su habilidad para “limpiar” las declaraciones juradas.

Como Blanco, Roperti vio crecer su patrimonio escandalosamente desde aquella noche de 2010 en la que le presentaron a Oyarbide en La Stampa. Es que su vínculo con Oyarbide, le abrió la puerta a Roperti a negocios a los que nunca hubiera llegado, a oficinas de funcionarios que nunca lo hubieran recibido.

Tanto estrecharon su vínculo Roperti y Oyarbide que el juez es padrino de una de las hijas de Roperti. Compartieron reuniones, cenas en Estilo Campo y fiestas en el country Abril. A esas fiestas que se hacían todos los fines de semana, Roperti no escatimaba recursos para agasajar al juez: le llevó desde Los Nocheros hasta el Chaqueño Palavecino.

También viajaron juntos muchas veces. Inclusive, aquel verano que sorprendieron a Oyarbide con Blanco en Punta Cana, los Roperti estaban con ellos.

Lejos de cultivar el bajo perfil, a Roperti siempre le gustó mostrar lo bien que le iba. Le gustan los autos. Su casa parecía una concesionaria: tenía una camioneta Porsche Cayenne negra y otra azul, un Mini Cooper negro, un Porsche 911 Carrera y un BMW blanco. Cuidadoso, Roperti no los ponía todos a su nombre. Algunos figuran a nombre de amigos y empleados de su barrio, como Omar Comas, a quien también puso en sociedades de las que Comas nunca se enteró.

Roperti pasó de su casa familiar en un barrio humilde de Ezpeleta, a una casa de clase media en Ranelagh para mudarse tiempo después al country Abril. Ahora, vive en Puerto Madero, después de un matrimonio que terminó con denuncias de violencia familiar. En Madero, Roperti tiene un departamento en Juana Manso y otro en el Faena. (Clarín)

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