Publicado el: 2, Jun, 2014

Daniel Scioli, el destino de los tibios


El Gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli junto a la Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner - Foto: Presidencia
02/06 – 09:00 – En un país donde se buscan definiciones claras, concretas, compromiso de investigar la corrupción, pactos de gobernabilidad, donde se pretende la apertura del debate en cosas fundamentales; en una Argentina sedienta de carácter y no de posturas, de realidades y no de modelos, de verdades y no de mentiras, figuras como las de Scioli o Binner, no encajan. Hasta ahora creíamos que ser críticos del krichnerismo, nos obnubilaba un poco la razón al momento de juzgar la conducta política del gobernador bonaerense, pero no es así. El propio Sergio Massa salió a refrendar nuestras afirmaciones.(Por: Rubèn Lasagno)

En tantas columnas de opinión lo hemos reflejado: Daniel Scioli es uno de esos raros especímenes que no reaccionan a los estímulos negativos de la política, el maltrato, las ofensas, los cuestionamientos, los ataques personales y partidarios parecen no hacerle mella, pero paralelamente, es un férreo defensor del modelo K, admira a Cristina e idolatra a Néstor; se desvive por complacer a la dama y cuando puede, le hace un juego de celos, sacándose la foto con Massa y Mayano o jugando un picado con Macri ¿Cuál es el juego? ¿Cuál es el verdadero Scioli?, o en todo caso, nos preguntamos ¿Hay un Scioli verdadero?.

En el fútbol, como en política, se habla de los “calientes” y “los pechos fríos”, ambos definen dos extremos de un paradigma que tenemos que cambiar en la Argentina. O estamos con Dios o con el diablo. Nunca prospera la medianeidad en temas de orden ideológico o prácticas políticas, eso lo impuso y exacerbó el kirchnerismo y como ladrillos refractarios, muchos dirigentes lo replican a cada momento, incluyendo desde sectores de izquierda y/o de derecha.

Pero sin caer en ambos extremos, como hombres comunes queremos y esperamos de nuestra dirigencia política, al menos tres cosas: honestidad, compromiso y temperamento. Las dos primeras cualidades deben ser intrínsecas a cada uno y haber nacido con la vocación que dicen tener para “trabajar por la gente”, la tercera es indispensable para forjar en el otro la confianza de que podrá imponerse en la adversidad y aún siendo medianamente complaciente o políticamente correcto con sus pares, para corresponder a los niveles de racionalidad a los cuales queremos volver en esta argentina desquiciada producto de la era K, no se puede aceptar a un “pecho frío”, a un conductor gélido, que nada lo afecte ni lo lleve a reaccionar como debe reaccionar cualquier hombre al que le pisan la dignidad, aún siendo un político.

Daniel Scioli ha dado muestra de sometimiento infame a cuanto maltrato dispararon los Kirchner desde el atril, el corte del teléfono directo y el ninguneo público al que lo sometieron y no queremos pensar las cosas que le habrán dicho y habrá aguantado a puertas cerradas, conociendo cómo la jugaba Néstor cuando actuaba en caliente y el mal humor inaguantable que destila la mandataria, cuando cualquiera de sus esbirros saca los pies del plato.

Por lo tanto, la conclusión a la que habíamos arribado hace tanto tiempo, hoy se refuerza con esta clara definición que del gobernador bonaerense hizo Sergio Masa: no se alía con Scioli, porque Scioli es kirchnerista.

Por lo tanto, debemos tener en claro como votante, que sea cual sea el lugar donde se nos presente Scioli en el 2015, como candidato elegido por el cristinismo o por fuera de éste, votar a Scioli es votar al kirchnerismo.

Si y solo si Ud, amigo lector, pretende prolongar este “modelo” y persigue la continuidad de las mismas transas y ocultamientos, el manejo indiscriminado de los fondos públicos, la inseguridad, los gastos descomunales en la obra pública, el incremento de la pobreza, la marginalidad y el avance del narcotráfico, todas deudas pendientes de Daniel Scioli en provincia de Buenos Aires, vote al único candidato que le asegura cien por ciento el sostenimiento del status quo K; además de brindarle protección legal, acomodo político y funciones especiales y estratégicas a cuando hombre fuerte de la política nacional kirchnerista, ande merodeando por su despacho.

Nadie pone en duda la honestidad intelectual de Scioli, lo que ponemos en duda es su honestidad política. No confiamos es su entrega desmedida y su indigna actitud ante quienes lo han pisoteado y denigrado sin dudarlo. Nadie que baje la cabeza por debajo de los 45º es aceptablemente confiable para lograr los cambios que el hombre medio necesita en la Argentina que viene. Nadie que se someta y no asuma la tarea de pelear por lo que cree, puede considerarse distinto. Scioli hace de la mesura y el diálogo, dos características que son notables en un político cuando las aplica como herramienta de conducción, pero lo transforman en un débil, cuando se anteponen como excusa para no responder ante estímulos tan graves como la descalificación pública y la soberbia con la que tanto Néstor como Cristina, lo han tratado. Cualquiera piensa: si a éste lo someten hoy de esta manera, mañana gobernarán por él.

Scioli ha logrado que dos elementos esenciales de la madurez política y social, como son estas notables condiciones: diálogo y mesura, hayan pasado a ser los rasgos distintivos de las caricaturas televisivas que hacen de él y todos sabemos que cuando determinados rasgos son resaltados de manera exacerbada, es porque no son una cualidad positiva, sino un lastre; recordemos el “Massa-anti Massa, la obsecuencia de Aníbal Fernández, el histérico Canciller Timerman, el narcisismo de Macri o las posiciones místicas de Carrió.

En este caso, Scioli es caracterizado por sus imitadores como un chupamedias, obsecuente y dispuesto a aceptar cualquier cosa proveniente del kirchnerismo. Finalmente, el cuadro que se compone en el ideario popular, es que se trata de un hombre dominado por el actual gobierno, maleable y permeable a sus influjos, por lo tanto, queda preestablecido, que en caso de arribar a la presidencia, sería la herramienta principal del actual oficialismo para lograr protección, impunidad y seguir dominando la política nacional a través de su gestión.

Él lo niega, claro está, pero la realidad es más obvia que sus excusas. Y haberlo dicho uno de sus pares en la carrera hacia el 2015, lo pone aún más en evidencia. (Agencia OPI Santa Cruz)

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