Publicado el: 8, Ago, 2014

Obama autoriza ataques aéreos en Irak para frenar a los jihadistas


Barack Obama - Foto: Official White House Photo by Pete Souza
08/08 – 08:45 – Busca detener al grupo Estado Islámico, considerado más radical que Al-Qaeda, que ayer tomó la mayor ciudad cristiana; la ofensiva de los extremistas provocó un masivo éxodo de civiles.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció anoche que autorizó ataques aéreos contra posiciones del grupo jihadista Estado Islámico (EI), además de una operación humanitaria para asistir a los desplazados en el norte de Irak. El objetivo es frenar el hasta ahora incontenible avance del grupo jihadista más peligroso de Medio Oriente, que lleva dos meses ganando terreno contra las fuerzas regulares y tomando ciudades en Siria e Irak.

“Hoy, Estados Unidos llega para ayudar”, dijo Obama en una breve declaración desde la Casa Blanca, en lo que representa el regreso de Estados Unidos al país que ocupó entre 2003 y 2011. “Cuando miles de civiles inocentes están en peligro de ser masacrados, y tenemos la capacidad para ayudarlos, lo hacemos”, explicó el presidente, y añadió que la ayuda había sido solicitada por el gobierno iraquí. Además, dijo que los ataques aéreos contra los jihadistas buscan “proteger los intereses de Estados Unidos”, dado que muy cerca de la zona hay asesores militares y diplomáticos norteamericanos. No obstante, dejó claro que Estados Unidos no se verá involucrado en otra guerra en Irak y no enviará “tropas terrestres”.

La decisión se produce en un momento de ebullición en Medio Oriente, tanto por la situación en Gaza como la crisis en Irak, donde el EI consolidó ayer su avance al tomar la mayor ciudad cristiana del país, lo que provocó la huida de decenas de miles de familias y encendió las alarmas de la comunidad internacional.

Tal era anoche la inquietud por el éxodo cristiano y la situación humanitaria que incluso antes de que hablara Obama corrían versiones de que Estados Unidos ya había bombardeado blancos en el norte de Irak. Además, una fuente militar señaló que el gobierno norteamericano también había iniciado el lanzamiento de asistencia humanitaria.

Con la toma de ayer de la ciudad cristiana de Qaraqosh, el EI, considerado más radical que Al-Qaeda, extendió su control sobre el norte de Irak. Se sitúa así a un paso del territorio semiautónomo del Kurdistán. El ataque de los insurgentes, que buscan instalar un califato islámico en un territorio que abarca Irak y Siria, provocó la indignación de la comunidad internacional.

El papa Francisco lanzó un “llamado urgente” para proteger al pueblo iraquí y a los cristianos de ese país. “Hay que poner fin al drama humanitario en la región”, pidió en un escrito. Y el presidente francés, François Hollande, confirmó su “disponibilidad a dar apoyo” a las “fuerzas comprometidas en Irak” en la lucha contra los extremistas islámicos.

En junio, la caída de la segunda ciudad del país, Mosul, a manos del EI suscitó la preocupación mundial ante la huida de unos 500.000 civiles que escaparon de los combates en esta ciudad del norte de Irak.

Los militantes sunnitas del EI consideran infieles a los musulmanes chiitas y a las minorías como los cristianos y los yazidis, una comunidad etnorreligiosa kurda.

La ofensiva del EI se intensificó el fin de semana pasado y continuó ayer con la captura de Qaraqosh. Ante la llegada de los jihadistas, unos 100.000 cristianos dejaron sus casas, según advirtió el patriarca caldeo Louis Sako, líder de la mayor comunidad cristiana de Irak. Los atacantes tomaron también la ciudad de Telkif, al norte de Mosul, y la mayor presa hidroeléctrica de Irak, hecho que les da el control de enormes recursos hídricos y energéticos e influencia en el río Tigris, que atraviesa el corazón de Bagdad.

Una de las situaciones humanitarias más desesperantes la vive la comunidad yazidi, una minoría religiosa sincretista, en las montañas de Sinjar, donde según las Naciones Unidas (ONU) se desencadenó una crisis luego de que el EI tomó la zona, el fin de semana pasado. Los yazidis se refugiaron en las montañas de los alrededores de la ciudad y permanecen allí atrapados sin agua ni alimentos, por lo que tuvieron que recurrir a comer hojas de árboles en un intento desesperado de sobrevivir.

El patriarca caldeo denunció ayer un verdadero éxodo de cristianos; tuvieron que huir de la violencia de los insurgentes, que ocuparon iglesias, retiraron las cruces y quemaron más de 1000 manuscritos.

“Entre los que escapan hay también enfermos, ancianos, niños y mujeres embarazadas. Enfrentamos una catástrofe humanitaria y es un riesgo concreto de genocidio. Necesitan alimentos, agua y refugio”, agregó Sako.

Este éxodo supera considerablemente por su magnitud al de los cristianos expulsados de Mosul en junio pasado. “Es una de las mayores tragedias para los cristianos de Irak desde 2003”, dijo Faraj Benoit Camurat, presidente de Fraternidad Irak, una asociación con sede en París que defiende a los cristianos y a otras minorías en el país.

La comunidad cristiana de Irak está compuesta por unas 400.000 personas. Antes de la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, la población cristiana había sido estimada en más de un millón, 600.000 de los cuales vivían en Mosul. (La Nación)

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