Publicado el: 26, Sep, 2014

En defensa propia


Inseguridad y la compleja situación de las armas legales e ilegales
26/09 – 10:00 – La inseguridad, ante la ausencia del Estado (gobierno, Justicia, Policía) como organismo reglador, de control y represión del delito, ha desarrollado, tal como dijimos en nuestra columna anterior, un instinto natural en la sociedad, de autopreservarse y dar respuestas a los estímulos negativos que la amenazan y por lo tanto sus integrantes, persiguen diversas maneras de actuar, solitaria o colectivamente en busca de la protección de sus familias, intereses y bienes. (Por: Rubén Lasagno)

Sin embargo, la primera reacción que siembra la psicosis de inseguridad, en cualquier ciudadano medio, es: armarse. No son pocos lo que corren a la primera armería de su barrio para “comparar algo y tenerlo en casa”. Ese “algo” es nada mas y nada menos que un arma; un elemento mecánico, inerte e inanimado que, como un auto, es inofensivo hasta que lo toca una mano humana y dependerá de quien lo maneje, si lo hace para divertirse, practicar deporte o matar.

Entre los múltiples problemas que puede tener quien decida comprar “algo para tener en casa”, está, en primer lugar, la ignorancia y el desconocimiento de lo que implica tener un arma, luego manipularla y más tarde (algo pocas veces considerado) tener que usarla para defenderse de un ataque. Luego, se entremezclan un sinnúmero de cuestiones intermedias que van desde los aspectos legales hasta la propia seguridad intrafamiliar, la cual cambia notablemente, cuando en la casa hay un arma y ni hablar si a eso le agregamos que hay niños y más grave aún si los mayores que la habitan no tienen noción de la seguridad que se debe adoptar alrededor del arma en guarda.

Es decir, armarse, es una decisión tan seria, que a quien se le cruce la idea de hacerlo, solamente invadido por la falsa sensación de que armado va a estar más seguro, logrará potenciar varias veces más su inseguridad y la de su familia, no solo por aquellos factores exógenos que pueden actuar sobre él y su entorno (como un delincuente, por ejemplo), sino por los factores internos que pueden gravitar con efecto tan dañino, como un par de maleantes ingresando de sorpresa en su hogar.

¿Cómo se tiene un arma?

En primer lugar, tener un arma significa comprarla en el circuito legal. Esto conlleva a que nadie puede adquirir un arma de fuego, sin obtener lo que se denomina CLU (Cédula de Legítimo Usuario), habilitación legal que otorga el RENAR (Registro Nacional de Armas) y que para sacarla, el interesado debe someterse a estudios psico-físicos y un test de aptitud para manejar armas de fuego, impartido por instructores habilitados y generalmente, expedidos con anuencia y respaldo del Tiro Federal, donde se realizan las prácticas o bien en alguna institución policial de la localidad.

Recién luego de tener esta habilitación, una persona puede ir al comercio a elegir el arma que desee para proveer a su defensa personal o familiar y una vez comprada y pagada, el trámite entra en un intrincado camino administrativo que no empieza antes de que el nombre y apellido del solicitante, permanezca 30 días colgado de la web, dentro de un listado de oposición, donde cualquier persona o entidad tiene la posibilidad de denunciarlo por diversas razones (causas judiciales, denuncias, acoso, amenazas, reincidencias, etc) y si bien, esta controvertida medida (porque toma denuncias anónima) no es universalmente aceptada y su valor es relativo, pues se considera que si una persona tiene un CLU, es de suponer que no posee antecedentes desfavorables, ya que su tramitación implica, también, estos aspectos retroactivos de la vida del solicitante y en caso de que el RENAR tome a su cargo alguna de esas denuncias u objeciones, no le permitirá realizar el trámite de tenencia.

Zanjado estos pasos burocráticos, pero necesarios y siendo Argentina uno de los pocos países latinoamericanos con tantos requisitos para obtener la tenencia de armas de fuego, para el proponente a estar armado, empiezan otros problemas más subjetivos y cuya decisión de aplicar o desechar ciertas y determinadas medidas, están solo restringidos al criterio personal del individuo, nivel de razonabilidad y juicio claro sobre lo que hace y pretende, al tener un arma a su cargo.

Entre estos problemas está la guarda del arma (lugar físico), cómo la conservará (cargada, descargada), en cada caso las condiciones son diferentes y los cuidados deben extremarse; la posibilidad de que nadie toque o dispare esa arma, excepto el titular y habilitado para la tenencia; cómo y dónde la llevará, en caso de transportarla; tener bien definido que tenencia no es portación y que una no implica la otra, sino que son conceptos absolutamente distintos, con consecuencias legales muy graves, si se los vulnera; cuántas veces se dará el tiempo para practicar con el arma y finalmente, cómo viabilizará una hipotética defensa a su hogar, por ejemplo, teniendo en cuenta que la distancia entre conceptualizar la defensa desde lo teórico (pensar que haría si es asaltado, por ejemplo) y realizarla en la práctica, podría medirse en años-luz y probablemente, los multifactores que actúan en ese momento de tensión y adrenalina, le hagan cometer los peores errores que jamás pensó cometer y finalmente, llegue a arrepentirse de haberse armado.

Esto que así presentado parece “desmoralizante” para quien haya pretendido que un arma puede ser la solución a sus problemas de seguridad, no está pensado en términos de desaliento ni persiguiendo fines antiarmamentistas, por el contrario, pretende poner blanco sobre negro una realidad de la que nadie habla y se llega a la simplificación de “armas sí o armas no”, cuando en realidad, en el medio, existen muchos elementos a tener en cuenta, lo que finalmente queda circunscripto a una decisión personal e íntima de cada uno, de acuerdo a sus convicciones, a su nivel de responsabilidad y al factor moral que lo va a condicionar a decidir por una u otra elección.

Hay quienes están en contra del principio de armarse para defenderse de un ataque extraño y algunos van más allá, despreciando las armas y atando este elemento inerte, a una suerte de sino diabólico, que la vuelve innombrable para un hombre de bien. Error; un arma es un elemento mecánico-inanimado (como ya dijimos) cuyo nivel de peligrosidad comienza a medirse cuando es manipulado por el ser humano; entonces, no pongamos el carro delante de los caballos, hagamos eje en las competencias de quien la maneja y ahí estaremos hablando del hecho práctico. En todo caso, es un artefacto mecánico que puede servir para atacar o defenderse y tal vez con valores intrínsecos que lo hacen más peligroso que otros (porque dispara un proyectil a gran velocidad y a larga distancia), pero que no es menos mortal que otros elementos inertes como un cuchillo, un palo, una barra de hierro o un automóvil, suponiendo que éste último se utilice para atropellar a un peatón y no para pasear por la costanera. Es todo tan relativo, que los extremos entre los detractores y los pro-armamentistas, carecen de seriedad.

Del lado de los que piden armarse hasta los dientes para batir una guerra personal contra un enemigo ideal que quizás (y es de esperar) nunca llegue, sumen a su entorno y a la familia en una paranoia de tal magnitud que los confunde y harta, logrando, muchas veces, el efecto contrario al buscado, pues cuando él no está para controlarlo todo, los sistemas de alerta que ha ideado y machacado hasta el cansancio en la cabeza de todo el grupo, se relajan a tal punto, que quedan expuestos a ser víctimas indefensas de cualquier delito.

La conciencia de las consecuencias

Usar un arma para defensa trae consecuencias; esto debe ser un principio que el portador de un arma debe tener presente en todo momento. Desde el instante en que una persona aprieta un gatillo para defenderse o contrarrestar un ataque, robo o amenaza, tanto de él como de su familia, debe ser consciente que su vida cambiará; en algún sentido (para bien o para mal) pero cambiará, indefectiblemente.

Ya sea porque uno hiera o mate al otro o el atacante nos hiera o nos mate a nosotros o algún familiar, nuestras vidas no serán lo mismo; desde ese momento, todo habrá cambiado. Por lo tanto, llevar un arma (en caso de la portación) implica tener la cabeza en un freezer a la hora de decidir extraerla de nuestra ropas. En el caso de defendernos en nuestro hogar, tenemos algunas posibilidades más de evitar consecuencias drásticas, por ejemplo, efectuando un disparo de advertencia y permitiendo que el delincuente escape y no persista en su empresa. Pero si el hecho está consumado (caso Baby Echecopar o el último suceso del empresario en Buenos Aires que mató a los dos malvivientes dentro de su casa), el arma en nuestro poder es una bisagra en la vida del que nos ataca, la nuestra y de la familia.

Hay un principio de hierro, en todo aquel que porta (autorizado) un arma en la calle “el portador de un arma debe ser el más cobarde de los contendientes”, esto significa que el arma en su poder, funciona como “último recurso”, por lo tanto, deberá echar mano a ella cuando todas las vías estén agotadas, inclusive soportando acciones denigratorias, insultos y no resistiéndose a la entrega de bienes materiales (auto, dinero, joyas etc), dejando la actitud defensiva para contrarrestar al atacante, en caso que éste ponga en riesgo la vida de quien porta el arma o quienes lo acompañan.

El ladrón (en caso que se trate de un robo) tiene a su favor, en el primer instante, el factor sorpresa. Esto, generalmente, inhibe al atacado, lo desorienta y por lo tanto, reaccionar inmediatamente en estas circunstancias, a menos que sea un hombre altamente entrenado, es sumamente peligroso, pues, en los primeros segundos del ataque el delincuente está atento a la reacción del asaltado y recién cambia de actitud cuando ve que no le van a oponer resistencia.

El que porta un arma, si se mantiene en su eje emocional, dejará pasar este primer momento y evaluará segundo a segundo el carisma que toma la situación. Lo ideal, como dijimos, es entregar los bienes materiales y prever que el ladrón se retire lo antes posible de allí, sin hacer daño. Si esta situación se dilata, lo que se debe hacer, entonces, es generar la confianza en el delincuente de que tiene controlada la situación para que se relaje, ya que al cabo de unos minutos, quien tiene a su favor el efecto sorpresa, será el atacado que porta el arma oculta. Tampoco hay que desconocer que si el delincuente advierte que uno está armado, lo más probable es que sin mediar palabra, le dispare al portador del arma. Por ese motivo, es tan necesaria la instrucción y el entrenamiento, no solo en el manejo del arma, sino cómo templar el carácter y controlar las emociones. En todo momento es indispensable mostrarse “conciliador y colaborador”, sin embargo, en algunos casos, la situación es tan violenta (con drogados, alcoholizados, etc) que suele desmadrarse y producirse una tragedia, la cual podría llegar a evitarse si el atacado logra controlar sus impulsos.

Quien portando un arma, se sienta “valiente” y transforme cualquier discusión en una provocación (ejemplo: un choque en la calle, un entredicho con algún “trapito”, un vecino etc), es un irresponsable que no merece tener una habilitación del RENAR para ser legítimo usuario. Un hombre armado legalmente, no puede ser un patotero ni mostrarse violento o agresivo. Es condición fundamental que quien vaya armado, aporte la mayor paciencia para soportar situaciones difíciles, evite las peleas y ponga paños fríos a cuestiones que pueden derivar en un proceso con escalada de violencia y/o pueda terminar en una agresión física con otra persona, que lo lleve a echar mano del arma que lleva para fines de defensa.

El primer paso

Luego de evaluar si somos capaces y responsables de tener un arma a nuestra disposición y decidido a adquirir una, el primer paso es elegir lo más apropiado a nuestro propósito. Si es defensa en la propiedad, podemos volcarnos por una escopeta con un cañón más bien corto, del calibre 12/76, la cual cumple acabadamente varios estándares necesarios para defendernos en la corta distancia y dentro de un ambiente cerrado. La munición permite que no debamos ser precisos en el apuntamiento del arma y además de ser intimidante el aspecto de un arma de estas características, el ruido que genera el cartucho disparado, es ciertamente disuasivo y es posible que si defendiendo el hogar, el dueño de casa hace un disparo de advertencia al aire, ponga en fuga a los delincuentes, antes de que éstos intenten cometer su propósito.

Otras opciones son el revólver de grueso calibre: 357 magnum, por ejemplo, arma muy potente, controlable y de una efectividad indiscutible para inutilizar o neutralizar a un oponente que ponga en riesgo nuestras vidas o la de la familia. También hay una gama muy variada de pistolas en calibres que van desde el 9 mm, pasando por el calibre 40, el 10mm Auto y el tradicional 11,25 (45). En todos los casos, las pistolas tiene la ventaja sobre el revólver de cargar más munición. Mientras estos contienen 6 cartuchos (normalmente) en las pistolas los cargadores alojan entre 9 a 17 tiros, dependiendo del arma y el calibre.

Las armas cortas son más cómodas y funcionales, pero necesitan destreza en el manejo bajo condiciones de “estrés de combate”, como se le denomina a la situación anímica y emocional que se vive como producto del enfrentamiento y mientras este transcurre, que van desde el apuntamiento (un pulso excesivamente tembloroso a causa de la adrenalina o el miedo, nos puede llevar a cometer errores que hasta puede poner en juego nuestra propia vida o la de aquellos que pretendemos proteger), hasta la actividad de carga del arma o el destrabe del mecanismo en caso de atascamiento accidental o por impericia.

Si bien no es habitual que un arma en buenas condiciones (limpia, cuidada y con buena munición) se trabe, siempre es posible que ello suceda, por causas mecánicas o porque, como en el caso de las pistolas, al utilizar la deflagración de la munición para mover la corredera y recargar automáticamente el arma, cuando una munición falla porque está defectuosa, el arma inmediatamente se inutiliza, pues el sistema de recarga no acciona y por lo tanto, en la recámara quedará un casquillo vacío o bien se trabará el mecanismo de acerrojamiento y le daremos a nuestro atacante la posibilidad de lograr su propósito y abatirnos.

En el caso del revólver, si una munición falla, inmediatamente la sucesiva estará disponible, con el solo accionar de la cola del disparador. Si bien para ambos casos se necesita un acabado conocimiento del manejo del arma, más allá de la acción de disparar, en el caso de la pistola se precisa un punto más de ese conocimiento que solo se consigue con la instrucción, la práctica intensiva y la utilización permanente del arma semiautomática, situación que suele ser la diferencia entre la vida y la muerte, cuando se trata de repeler un ataque.

Las políticas nefastas

Argentina, nunca se ha caracterizado por tener gobiernos que diagramaran políticas de Estado en materia de seguridad. En ese controvertido y enmarañado tejido de teorías para combatir la inseguridad, solo aparecen (y se aplican) remedios inconducentes, como descabezamiento de la cúpula policial, sumarios a policías, apartamiento de algún Juez o las renuncias de funcionarios, Secretarios y Subsecretarios del área ministerial que la regula (Interior), logrando, solamente, cambiar el collar al perro, cuando lo que en realidad hay que cambiar, es el perro.

Las acciones políticas, en torno a la inseguridad, con gobernantes y legisladores improvisando de lo lindo en estas cuestiones, ha profundizado la grieta existente y la deuda del Estado con la sociedad es cada vez más grande y mientras tanto, los parches siguen y el orden público es día a día vulnerado cada vez con más eficiencia e impunidad por parte de verdaderos artífices del delito, que se sienten protegidos, de alguna manera, por la inacción o la inutilidad de quienes deben combatirlo y por la reciprocidad de jueces garantistas, inútiles, miedosos o cómplices.

El tema es muy profundo y multifacético, para abordarlo en pocas líneas, pero recurriendo al viejo dicho “para muestra sobra un botón”, quiero referirme a la última intervención pública del Ministro de Justicia y de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Ricardo Casal, funcionario de Daniel Scioli, en el almuerzo que mantuvo hace alrededor de un mes atrás con Mirtha Legrand.

Ricardo Casal desde 1987, se desempeñó en la Subsecretaría de Justicia dependiente, por ese entonces, del Ministerio de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Fue Ministro de Justicia desde el 10 de Diciembre de 2007 y desde 2010, tras la unión de dos carteras complicadas para el Gobernador Scioli, se transformó en Ministro de Justicia y Seguridad al ser desplazado el titular del área Carlos Stornelli. Es decir, se puede afirmar con total seguridad, que no desconoce cuál es la problemática en materia de seguridad en la provincia o al menos, no debiera desconocerla.

Si embargo Casal habló en la mesa de Mirta, con un grado de desconocimiento e improvisación, sobre el tema seguridad, las causales y la Ley de desarme, que realmente como televidente me hizo reflexionar con frases como “¿En qué manos estamos?” o “¿Desde cuándo es funcionario provincial?”.

Llegó a defender la “Ley de desarme civil”, dando cifras sin ningún rigor científico; habló de 4 millones de armas en la calle y enseguida reconoció que no hay estadísticas desde hace mucho tiempo. Inmediatamente me pregunté, ¿Cómo un funcionario que está hace 7 años en el Ministerio de Seguridad de la provincia, tira una cifra al voleo, reconoce que no hay estadísticas, pero no explica por qué en 7 años de gestión no las impulsó?.

Después, deslizó dislates como que la Ley de desarme civil, era una herramienta fenomenal y que había “logrado incautar” 23 mil armas en lo que va del año. Cualquier observador se da cuenta que si recolectando solo 23 mil armas sobre 4 millones en seis meses, hace de la ley de desarme un éxito fenomenal, es lógico que estemos como estamos, con funcionarios de la talla de Casal que se conforma con cosas tan mínimas.

Más adelante el funcionario de Scioli frunció en entrecejo y con voz pretendidamente firme, abogó por una ley muy dura contra el que “porte un arma de puño entre sus ropas” y dijo que se le deben aplicar no menos de 10 años de prisión sin atenuantes. Claro, olvidó decir que si esto lo aplicaran con los chorros y criminales que diariamente matan, roban, caen presos y son devueltos a la sociedad, se habría podido erradicar gran parte del crimen; pero no, Casal quiere va de cacería a un coto de caza y pretende desquitarse con los legítimos usuarios, que son la única parte blanqueada del gran negocio de las armas, que no son, precisamente, las de circulación legal.

Otra barbaridad de los dichos de Casal tienen que ver con el “tipo y la calidad” de las armas que se recolectan con la mentada ley. Casal dijo que “era extraordinario el tipo de armamento que se ha logrado quitar de las calles” (¿?) y para impresionar a los que estaban en la mesa, que entendían menos de armas que un japonés de hacer un chivito al asador, refirió “nos encontramos con armas de una tecnología increíble, como por ejemplo un Fusil Fal de cuarta generación, un lanzacohetes y una especie de metralleta calibre 22 que carga 30 o 50 tiros”.

Habría sido bueno estar ahí para preguntarle a Casal: 1º si esas armas él las considera de “tecnología increíble”; 2º qué tienen que ver esas armas con las armas de puño 3º ese tipo de armas (excepto el FAL, cuya venta está restringida) no es de uso corriente en el mercado de armas legales 4º un lanza cohetes es un arma que solo ingresa de contrabando y por fuera de la ley que regula el armamento civil y 5º un arma automática calibre 22 no es de fabricación nacional y por lo tanto, también tiene que haber ingresado en negro, como resultado del mismo descontrol estatal que permite el tráfico de armas, que va asociado al delito de narcotráfico, juego y prostitución.

La trampa de la ley

Es tan nefasta la “Ley de desarme”, tan demagógicamente inútil en la práctica, que me atrevería a decir que fue creada para sustentar los discursos políticos de campañas, a quienes no tienen el menor apego a la honestidad ni a la verdad.

La entrega voluntaria de armas, al que puede acceder cualquier hijo de vecino en una oficina del Repar, habilitada, es una fórmula magnífica para hacer desaparecer el cuerpo del delito, en este caso, la herramienta con la que se cometió un crimen, porque está pensada con tanta necesidad de hacerla atractiva para que todo el mundo se sienta impelido a entregar armas a cambio de dinero, que deja en el camino lo sustancial: la misma seguridad, pero por sobre todo, porque se transforma en un pozo negro donde todo se realiza, sin ningún tipo de pregunta y sin dejar constancias del entregador.

En otras palabras, alguien puede cometer un asesinato y aún con el cañón humeante, llegar al lugar habilitado para la entrega voluntaria de armas donde se la tomarán, le pagarán alrededor de 600 pesos y sin preguntarle ni nombre, ni apellido ni origen del arma, sin dejar ningún tipo de huella, saldrá por la puerta habiendo usado al propio Estado, para hacer desaparecer el medio que lo puede incriminar en el delito. Todos sabemos que si el arma no aparece, cualquier juez no podrá cerrar la investigación ni determinar con pruebas fehacientes la culpabilidad y/o qué arma fue disparada, en qué circunstancias y por quién.

Una vez que el delincuente del ejemplo se deshizo del arma, no habrá juez en la tierra que logre hacerle confesar que entregó el cuerpo del delito a la autoridad que indirectamente le brinda protección y tampoco el juez podrá vincular a esa arma entregada por el delincuente, con el delito en cuestión.

Es decir, los legisladores son los grandes responsables de estos adefesios legales que nos llevan al umbral de la inseguridad y contemplan más facilidades para que los chorros hagan tranquilos su “trabajo”, que nuestra propia tranquilidad o el fin último de la justicia, que es castigar el delito y su autor.

El razonamiento es simple: ¿Alguien puede pensar que una persona que posea un arma legítimamente comprada, va a entregarla al Estado por 300 pesos?. Está claro que quien entrega un arma, es de procedencia ilegal. Obvio, pensar, entonces, que esta ley está hecha a la medida del delincuente. Hay armas, en el circuito ilegal que ni siquiera los delincuentes la quieren, por estar “marcadas”, es decir, haber sido parte de muchos procedimientos y crímenes, ser “muy rastreada” y cuya tenencia implica un peligro para el propio criminal.

Algunas conclusiones

Sintetizando, el tema de la inseguridad es multicausal y muy pero muy complicado; sin embargo, no por ello debemos paralizarnos y los gobiernos tienen la obligación de brindar seguridad a las poblaciones. Si no lo hacen es porque, como Casal, existen lugares que son ocupados por personas incapaces, ineficaces o ignorantes, en la materia. De todas maneras, el derecho constitucional de defensa nos asiste más allá de las voces condenatorias de quienes buscan sacar partido de esta discusión que se arregla solo con más justicia, gestión y profesionalismo.

Fuera del contexto social, el tema de la seguridad personal y familiar, es un tema en sí mismo que por estas horas se debate en gran cantidad de hogares argentinos. De acuerdo a información suministrada por gestores del Renar, ha crecido considerablemente en los últimos 3 años, el pedido de CLU; es decir, se ha incrementado el número de personas que decidieron tener un arma en su casa. Y precisamente, la política de bajo presupuesto que tenemos en Argentina (aunque resulta muy cara en términos económicos), está más dedicada a perseguir a quienes poseen legítimamente un arma registrada, que a quien compra y vende “fierros” en el circuito underground, del delito.

Los demagogos de turno, buscan en esta actitud social la culpa de lo que no hacen; porque si la ciudadanía se arma es porque el Estado no cumple con el rol fundamental de cuidar a la sociedad. En este caso, la legítima defensa es viable, atendible y responde al derecho innato de defender la vida propia y de nuestras familias. Luego podemos discutir a fondo las causales de esta suerte de paranoia, las consecuencias y las contraindicaciones que tiene, una decisión como ésta; pero en el “mientras tanto”, si nadie da respuesta concretas al problema de la inseguridad, la sociedad va a reaccionar activando su instinto de conservación. Cuando los gobiernos pasan y los funcionarios se sustituyen como los caramelos en las carameleras de un kiosco, algo no funciona y el Estado pierde la calle, los chorros toman la iniciativa y quienes quedan a la deriva, son los ciudadanos de a pie.

Cuando tengamos autoridades con el criterio suficiente como para pensar en una Argentina en serio, tal vez podamos hablar de que comenzamos a transitar el camino hacia una pacificación social. Junto a los legisladores, comparten con igual responsabilidad (o mayor aún) los jueces, que aplican la ley con garantías para los criminales y nos dejan indefensos. Cuando alguien roba, viola o mata y al ser apresado la policía descubre que tiene un “frondoso prontuario” y sigue en la calle, libre, es culpa directa del Juez y de los Fiscales. Cuando no se hacen leyes explícitas, puntuales, que le permiten al juez dejarlo libre o encarcelarlo por 20 años, le damos el campo propicio a los garantistas para que no castiguen al delincuente. Cuando no hay presupuesto, se ordena liberar chorros porque no hay cárceles, no hay políticas estables, hay demagogia, mentira, se engaña con las estadísticas como Casal y se niega la realidad, la enfermedad es social, porque quienes están allí para gobernarnos, no salieron de un repollo, son nuestro propio producto.

La inseguridad es producto de muchos factores y nos afecta al conjunto, será, entonces, entre todos, la forma de plantear una solución definitiva y no esperar que mágicamente el fenómeno desaparezca, solo por poner más policías en la calle como pretende Scioli, un vivo exponente de la mediocridad política y la ineptitud para gobernar un estado provincial que es casi un país en si mismo.

Mientras todo esto se resuelve (si es que se resuelve) la gente logra sobrevivir al fenómeno y protegerse como puede. Estamos en un país inseguro, reconocerlo es el primer paso para apuntar a un remedio preciso que se deberá tomar en conjunto y no a través de iluminados. Es un problema demasiado serio para dejarlo en manos de políticos, cuyo horizonte está corrido y en la mayoría de los casos, desvirtuado por la ambición de perseguir el fin egoísta de permanecer y no de servir públicamente al pueblo que lo votó o le delegó responsabilidades. (Agencia OPI Santa Cruz)

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  1. Estimado Sr. Lasagno. Comparto casi en todo sus reflexiones. Tengo el CLU hace muchos años. Como Ud. dice, cada vez son más complicados los trámites para renovarlo. Y lo paradójico es que quienes estamos “por derecha” no somos precisamente los que nos dedicamos a las actividades delictuosas. Solo conozco el caso del “tirador de Belgrano” el chico que enloqueció y arrancó a los tiros. Pienso que allí debiera estar procesado también el profesional que le emitió el psicofísico ya que, a todas luces, el chico estaba desquiciado. En el campo santacruceño está lleno de armas sin registrar. Un tema importante es la responsabilidad de que, quienes tenemos un arma registrada, nos la puedan robar y caer en manos inadecuadas. Al menos en mi caso, debo dedicar un buen tiempo, cada vez que viajo, en inutilizarlas sacandole el cerrojo e imaginando complicados escondites para evitar que lleguen a ser robadas. De todas maneras, su artículo echa luz sobre la problemática y ojalá nos invite a reflexionar.

  2. Brucula dice:

    Excelente artículo. Impecable ni mas ni menos gracias.

  3. Pedro P dice:

    Bien ahi. Soy legítimo usuario y no permito que me tomen por un delincuente. Que le quiten las armas a los chorros no a la gente honesta. bien opi

  4. Para Marcelo dice:

    Cien por cien con Marcelo Cépernic, en los campos está inundado de armas truchas y lo de la guarda es un problema que siempre está a resolver. Otro, el tirador de Belgrano y tantos otros, es un problema del sistema que le otorga credencial a cualquier nabo, por acomodos o arreglos. Eso siempre va a ocurrir, pero convengamos que muere mas gente en las rutas y por causa de los autos que por un arma, entonces que hacemos? prohibimos los autos. Dejense de joder. Como dice la nota, son todos improvisados y perejiles. CÓmopuede estar hablando de armas, tenencia, postración, mercado ilegal etc etc alguien que ni siquiera pasó cerca de un arma?. Hay diputadas como la panqueque de Bulrich, el pelotudo del Radical Artaza y tantos nabos que hablan sin entender de que hablan y ENCIMA LEGISLAN…. estamos en manos de HDP por eso los que andamos por derecha tenemos tanto problemas.

  5. Tenencia dice:

    Muy acertada visión de lo que somos los LU. Estos politiqueros de turno no saben donde tienen el culo, lo único que les interesa es llevar agua para el molino. Si guerrean jabalíes los cazaríamos pero no sirven ni para colgar la cabeza en el comedor. que se vayan a la puta que los parió, casal y toda la mierda esta acá en la provincia de bs as junto con el manco de lepanto o del espanto (como político) que es el marido de la rabollini

  6. Cabezon dice:

    Nota larga pero que vale la pena leer.
    Muchas gracias por decirlo así.
    Desde Caleta, un lector

  7. BENITO dice:

    COMO LEGITIMO USUARIO QUE ROMPE LAS PELOTAS QUE SIEMPRE NOS ANDEN MERODEANDO ESTOS POLITICOS DE CUARTA CON REGLAMETNACIONES QUE NO SIRVEN PARA NADA. SI PAGAS LA PATENTE TE PERSIGUEN PORQUE PAGAS SI PAGAS IMPUESTO TE JODEN PORQUE ESTAS EN LA LISTA DE LOS QUE PAGAN, SI DECLARAS DOLARES TE PERSIGUEN PORQUE DIJISTE QUE LOST ENES…. EN TANTO ESTOS DELINCUENTES HACEN LA SUYA Y NADIE LOS JODE PORQUE TIENEN IMPUNIDAD.
    ¡SAQUEMOSLO DEL FUNDILLO DEL CULO Y METAMOSLOS PRESOS!!!

  8. Un agredido dice:

    Yo sufrí en carne propia un acto de inseguridad. Me pusieron un chumbo en la cabeza y me cague hasta las patas. Es cierto si hubiera tenido un arma tal vez ante la forma en que me paralice hubiera sido para que me descubrieran y me mataran.
    No es facil cargar un arma pero tampoco es fácil enfrentar la boca de un cañón de 45 y no tener con que responder, solo el deseo de que el hijo de puta no esté lo suficientemente drogado como para que te vuele la cabeza

  9. Muy buena la nota,,,, sin duda que es así,,, ahora ¿Tanto les cuesta a los responsables de la seguridad provincial hablar en estos términos?.
    peor claro, si son todos unos nabos

  10. Como siempre brillante, claro y concreto Lasagno! Pero mientras esto no se solucione….. Una simple Bersa para el auto, otra para el costado de la cama y la tercera para algún pasillo de la casa. Y si! Mucho entrenamiento para mantener la cabeza fría y no errar! ! Y además Filmadora en la casa que queda sola, alambre perímetral electrificado, varias alarmas. Y algo mas ya se me ocurrirá. Si no te protegen, hay que protegerse!

  11. El pistolero dice:

    Lasagno, te felicito, se ve que sabés del paño.

  12. Seba dice:

    Por fin una persona que piensa de manera coherente!!! Una nota que no tiene desperdicios. Saludos desde SALTA!

  13. oscar luppo dice:

    EXCELENTE NOTA.Estos nabos “opinologos” todavia no aprendieron(que va a aprender si son tarados alimentados x nosotros) que x mas que prohiban siempre van a existir ARMAS y lo peor es que seran sin registrar.
    UN ABRAZO A TODOS LOS QUE ESTAN EN LA TRINCHERA,NO NOS DEJEMOS AVASALLAR.

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