Publicado el: 16, Oct, 2014

Cuando los dólares y el petróleo son esquivos


La carrera por el dólar contagió al paralelo y le hizo marcar un nuevo récord: $ 13,15
16/10 – 10:30 – A costa de ponerle el freno de mano a la actividad económica, el tándem Kicillof-Vanoli logró en la semana controlar y hacer bajar al dólar conocido como “contado con liquidación”, borrando de un plumazo los tiempos en los que Juan Carlos Fábrega comandaba el Banco Central.

Por: Daniel Fernández Canedo
La táctica empleada para reducir las operaciones en el “contado con liqui”, un circuito casi exclusivo de empresas, y de bajar ese dólar a $13,25 tuvo cuatro vertientes.

Ese mecanismo para adquirir divisas consiste en que una empresa que debe hacer un pago al exterior compra un bono dolarizado, pagando en pesos, en el mercado local, para venderlo en el exterior y recibir los dólares. Para controlarlo, el Ministro y el flamante titular del Central, Alejandro Vanoli, actuaron sobre la oferta y la demanda: Sacaron a la ANSeS a vender bonos dolarizados, obligaron a las compañías de seguros a desprenderse de bonos y así lograron aumentar la oferta de bonos y bajar los precios.

Simultáneamente a que aumentaban la oferta de títulos, amenazaban con inspecciones a las cuevas y hablaban a los bancos para que “conversaran” a sus clientes que querían hacer “contado con liqui”.

El resultado es que ese dólar ayer terminó cotizando en los $13,25 mencionados y el paralelo lo hacía en $14,73 en un mercado prácticamente intervenido en el que la cuenta se paga en términos de recesión.

El límite a la compra de dólares a precio oficial ($8,49) es preciso para algunas industriales como la electrónica del Tierra del Fuego, a la que le permiten disponer de unos US$ 120 millones mensuales que no alcanza para todos.

Una de las consecuencias es que hay una fábrica que ensambla celulares en el Sur que hace nueve días que mantiene suspendido al personal y hasta que no consiga dólares para los insumos ve difícil la reanudación de su actividad.

Se están dando casos donde las empresas tienen autorizada la compra de divisas para pagarles a sus proveedores del exterior pero cuando van al banco les dicen que la divisas no están y que desde el Gobierno hablan de volver a establecer el “1×1” de los tiempos de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio.

Ese esquema (en la práctica encarece los costos 7%) establece que quien quiera importar por un dólar debe conseguir exportar algo por un dólar. Un verdadero absurdo económico que sólo resulta apropiado para frenar la demanda de divisas en el corto plazo en una estrategia que, en términos futboleros, sería la de ensuciar el partido.

¿Hasta cuándo será efectiva esta virtual intervención cambiaria? Es una de las preguntas que sobrevuela en el mercado financiero y que no tiene ni una respuesta única ni precisa.

Según los empresarios que le creen a Axel Kicillof cuando, en privado, el ministro les dice que en enero habrá una negociación con los fondos buitre, la intervención tiene fecha de vencimiento.

Apuestan, a pesar de que la ley de cambio de domicilio de pago a los bonistas lo prohíbe, a que enero se abrirá una negociación con los buitres para cancelar la deuda y el Gobierno saldrá a colocar bonos y conseguir unos preciados US$ 6.000 millones que le permitiría llegar sin sobresaltos en materia de divisas al fin del mandato.

La necesidad de dólares cobra relevancia a partir de que el Banco Central, a pesar de la virtual intervención cambiaria, no ha dejado de perder reservas.

Un informe reciente de M&S Consultores desagrega los US$ 28.000 millones de reservas (ayer eran US$ 27.400 millones) constituidos por Derechos de Giro del FMI por US$ 2.457 millones, US$ 1.160 millones de “swaps” de bancos internacionales (Basilea, Francia, etc.) y US$ 7.300 millones de depósitos en dólares de la gente en los bancos y por US$ 724 millones de los depósitos que realizó el Gobierno para pagarles a los bonistas pero que aún no cobraron.

Así, las reservas netas estarían en US$ 16.393 millones, un nivel cercano al que tenían cuando asumió Néstor Kirchner y que, sin computar los pagos dispuestos por el juez Griesa a los fondos buitre, alcanzarían para cubrir los vencimientos de deuda del año próximo, que rondarán entre 12.000 y 13.000 millones de dólares.

Los números son ajustados y la necesidad de divisas extra cobran relevancia a partir de que los economistas estiman que en la última parte del año la emisión de pesos para cubrir el déficit del Tesoro será generosa. Muchos pesos pocos dólares, una combinación riesgosa para la inflación y la economía en general.

Para apuntalar la calma cambiaria de la próxima semana, el Gobierno tendría entre manos emitir un bono en pesos con el rendimiento ligado a la evolución del dólar oficial.

Ese bono que le daría un seguro de cambio contra una eventual devaluación del peso podría constituir una “zanahoria” atractiva para que bancos y aseguradoras se desprendan de bonos dolarizados.

Desde ya que podría resultar caro frente a la realidad de un dólar oficial que tendería a atrasarse frente a una inflación que flamea entre 35 y 40 por ciento anual. Pero eso sería otro de los presentes griegos que este gobierno le dejará al que venga.

La expectativa de conseguir dólares por el sector petrolero sufrió un notable revés en las últimas semas.

Una idea de del Gobierno y que venía instrumentando el titular de YPF, Miguel Galuccio, era acelerar asociaciones con petroleras internacionales para la extracción de gas y petróleo en el prometedor yacimiento de Vaca Muerta.

El proyecto avanzaba, pero el derrumbe internacional del precio del petróleo abrió un robusto signo de interrogación.

El barril de petróleo, que a comienzos de año rondaba los US$ 100, ayer costaba US$ 81 y hay pronósticos muy divergentes sobre lo que puede suceder.

A comienzos de año, el FMI estimaba una suba del crudo por el aumento de la conflictividad internacional, pero eso no se dio.

Al fuerte aumento de la producción de petroleo y gas en los Estados Unidos (bajó a la mitad sus importaciones de combustibles), Arabia Saudita le responde con un aumento de la producción para bajar el precio internacional a un nivel en el que sacar el “shale” no sea rentable.

La extracción de gas y petróleo no tradicional (shale) es mucho más cara que en Arabia y los grandes productores del mundo estarían jugando fuerte para equilibrar el mercado más abajo.

Un informe reciente del banco Morgan Stanley sostiene que para que la extracción de petróleo sea rentable en Vaca Muerta el precio del crudo en el mercado internacional debe ser de US$ 82, un dólar por encima del precio de ayer.

Para que Vaca Muerta sea realidad se necesitarán inversiones fuertes y la caída del precio internacional enfría un poco la ilusión de algunos que creían a que diez años de soja con precios altos que apuntalaron una expansión del consumo, le seguirían otros de “shale” gas para seguir la bonanza.

La baja del petróleo favorece a la Argentina, ya que abaratará las importaciones de combustibles a corto plazo. Pero aquieta expectativas que venían desbordantes. (Clarín)

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