Publicado el: 21, Nov, 2014

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Banco central de la Republica Argentina - Fotoanco
21/11 – 10:00 – En una acción para atemorizar y presionar a inversores, las autoridades del Banco Central comenzaron a monitorear directamente operaciones de personas físicas en el mercado cambiario.

Por: Marcelo Bonelli
El propio Enrique Vanoli y sus colaboradores se dedican a citar a particulares y les advierten que el BCRA está al tanto de las transacciones que realizan con dólares.

La inesperada modalidad se hace para tratar de frenar operaciones cambiarias y para que los inversores se sientan perseguidos por el Banco Central.

En las últimas jornadas recibieron citaciones empresarios y financistas, pero también inversores medios que realizaron operaciones legales de compra y venta de billetes a través de la Bolsa de Comercio.

En todos los casos se les hace saber a esas personas que el Gobierno está al tanto de sus movimientos y les advierten sobre eventuales sanciones en caso de detectar maniobras ilegales.

La movida intimidatoria se mantiene en reserva en el Banco Central, porque las citaciones involucran a personas que no cometieron ninguna irregularidad y cumplieron las normas legales para operar con dólares.

Pero en muchos de los casos convocados trascendió que se trata de individuos que tienen una posición crítica hacia el Gobierno.

La “política policial” del BCRA es una adaptación del sistema utilizado por la AFIP, donde existe una oficina a cargo del subdirector de Coordinación, Guillermo Michel, que se dedica a perseguir contribuyentes que no están de acuerdo con la Casa Rosada.

En el Banco Central la acción la lleva adelante Pedro Biscay, el director que instrumenta el “control policial del dólar”. Biscay tiene como principal antecedente haber organizado el escrache a Domingo Cavallo, cuando el ex ministro fue a exponer a la UCA. Ahora, concentrando un fuerte poder, lleva adelante las operaciones atemorizantes contra los inversiones. El requirió el allanamiento del Banco Mariva y envió 30 inspectores a su casa matriz, solo para pedir antecedentes de tres clientes. Al armar los operativos y enviar a la calle a los inspectores, el propio Biscay los arenga y les exige: “Cada uno me debe traer tres infracciones”.

La estrategia, de signo “chavista”, trascendió en el último encuentro de la Asociación de Bancos Argentinos. Ahí se dijo que Biscay inventa anomalías que no existen para citar y maltratar a banqueros e inversores individuales.

En esos encuentros, los directivos denuncian que la intransigencia de Biscay nunca toca a cuatro casas de cambios y cuevas que tienen vinculación con La Cámpora. Se trataría de agentes financieros de dudosa legalidad, que canalizarían dinero oscuro para financiar la política de la agrupación cristinista.

También hubo comentarios sobre las maniobras persecutorias del BCRA contra empresarios que ya fueron citados y que militan en la Unión Industrial Argentina. Vanoli estará el miércoles en la UIA. La gente de Héctor Méndez está definitivamente preocupada por los efectos de la política cambiaria y la restricción a las importaciones.

Existe un documento secreto en el que la central fabril que advierte que el atraso cambiario asfixia las economías regionales y que el freno a las importaciones profundiza la recesión fabril. Ese texto expresa el temor –como lo hizo el menemismo– a que Axel Kicillof profundice el atraso cambiario como única medida antiinflacionaria.

Las mediciones de la UIA preocupan: en septiembre volvió a caer la industria y acumula en el año un retroceso del 3%.

Vanoli intentará explicar que el “control policial” sobre el dólar obedece a una estrategia para llegar a negociar y pagar a Paul Singer. Ya se lo confesó y adelantó a los banqueros de Wall Street, en la reunión que organizó el JP Morgan y Clarín anticipó en forma exclusiva.

Kicillof lo confió en dos encuentros secretos. Uno con Daniel Scioli y otro con Florencio Randazzo. Ambos tienen temor a una profundización de la recesión, en medio e la campaña electoral. Sería letal para el oficialismo. Kicillof se reunió con ellos en forma individual y a los dos les dijo: “En enero vamos a arreglar con los holdouts.” El ministro pretende hacer una oferta global, para esconder el pago de la deuda a Paul Singer.

Kicillof le confesó a Randazzo que la intención es terminar todo para marzo y le prometió a Scioli que en forma inmediata iba a salir a buscar fondos al exterior. En otras palabras: el plan es hacer todo lo contrario al relato público de Cristina y el propio Kicillof.

Fuentes del Gobierno admiten que la urgencia por pactar obedece a:

– El Gobierno necesita endeudarse en 10.000 millones de dólares para no terminar enfrentado a fuertes turbulencias en el mercado cambiario.

– La Casa Rosada quiere acordar para evitar que los buitres difundan el nombre de los dueños de las cuentas externas en las cuales Lázaro Báez depositó dinero presuntamente de la corrupción.

Los abogados de Paul Singer hicieron trascender en Manhattan que esos nombres comprometerían al circulo íntimo de la Presidenta.

Scioli y Randazzo igual tomaron con precaución las promesas del ministro: Kicillof cumple hoy un año de mandato y hasta ahora fue un coleccionistas de fracasos económicos.

Carlos Zannini tiene en su poder un “memo” del estudio Cleary & Gottlieb que contradice la versión edulcorada del ministro. Entre ambos hay una feroz lucha de poder por el control del entorno de Cristina. Zannini desacredita a Kicillof y sostiene en la Quinta de Olivos que no será fácil solucionar el conflicto con los fondos buitre. Una interna que será definida por algo que nadie maneja: el humor de la Presidenta en enero. (Clarín)

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