Publicado el: 4, Dic, 2014

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La carrera por el dólar contagió al paralelo y le hizo marcar un nuevo récord: $ 13,15
04/12 – 10:50 – Día tras día se va consolidando la idea de que el principal “activo” que tiene el Gobierno en materia económica es el hecho de que dentro de un año no estará ejerciendo el poder.

Por: Daniel F. Canedo
Esa idea se consolida con otra, aledaña, según la cual sea quien sea quien tome el gobierno en 2015, intentará hacer las cosas mejor que el actual en materia económica.

En parte, es por eso que ayer ante los industriales el ministro Axel Kicillof no se puso colorado cuando afirmó que el país no está en recesión (la industria está hace 15 meses en caída continua y el consumo no reacciona) o que no hay un gasto público descontrolado cuando crece a un ritmo superior al 40% anual.

El ministro no se privó de afirmar que la inflación es del 24% anual y no del 40% como pronostican algunas consultoras privadas, pero sí de eludir la comparación con el 9,9% que él mismo firmó en el Presupuesto para este año.

Para muchos de los interlocutores que estaban ayer en el Sheraton de Pilar, Kicillof podía decir que la Argentina es una potencia (lo escucharían en silencio y en algún caso con temor) pero difícilmente pudiese generar alguna expectativa de cambio en lo que aparece como sendero marcado. Sólo un acuerdo con los fondos buitre a partir de enero que permita salir del default constituiría un cambio sensible.

Dólar paralelo

El Gobierno siente en estos días que le ganó un partido al dólar paralelo y que eso le permitiría transitar sin problemas el fin de año y el período que demandaría el inicio de las negociaciones con los bonistas que no entraron a los canjes de 2005 y 2010, y tienen fallos a favor de la justicia de los EE.UU.

Los pasos para aquietar las aguas cambiarias son conocidos: inspecciones, denuncias, trabas para las operaciones con dólares en la Bolsa y en el “contado con liquidación”.

Eso se complementó con la conocida táctica de retrasar el precio del dólar oficial, que se profundizó con el cambio de Alejandro Vanoli por Juan Carlos Fábrega al frente del Banco Central.

En los últimos 60 días, el dólar oficial subió 1% pasando de $8,45 a $8,54. Mientras tanto, la inflación no bajó del 2% por mes.

Con el dólar oficial quieto, las inspecciones, las tasas de las letras del Banco Central en 27% anual para darle aire a los pesos que hay en los bancos, colocando bonos atados al dólar (seguro de cambio) y venta de US$ 2.600 millones a ahorristas (¿habrán realizado algún negocito comprando a $8,50 y vendiendo arriba de $13?), el Gobierno logró frenar el clima alcista.

Así, el éxito cambiario fue bajar al paralelo de $ 15 a menos de $ 13 en algún momento y la caída de 21% y 23% respectivamente en los dólares Bolsa y contado con liquidación.

A ese conjunto de medidas se sumó también una faceta del principal “activo” oficial que, como se dijo, es que ya dentro de un año no estarán en el gobierno.

No a la devaluación

Empresas y particulares saben que el dólar ya absorbió el salto cambiario de enero, que está retrasado y que ese retraso se profundizará de ahora en más (una devaluación hace caer el poder de compra de los salarios al disparar los precios de los alimentos).

Y a pesar de eso no compran dólares. En parte porque en los últimos años compraron muchos pero, también, porque sienten temor de exponer sus empresas a inspecciones oficiales cuando están convencidos de que el Gobierno está dispuesto a tomar muchos caminos alternativos antes de volver a devaluar.

De hecho, y más allá de las declaraciones según las cuales la emisión de moneda no impacta sobre la inflación, uno de los indicadores importantes de expansión que se denomina técnicamente “base monetaria” crece 20% en el año, por debajo incluso del 24% de Kicillof y a la mitad de la suba de precios de las consultoras.

El tandem Kicillof–Vanoli, más allá de las declaraciones heterodoxas, aplican ortodoxia pura absorbiendo vía letras del Banco Central (el stock de estos títulos más que se duplicó este año) la frondosa emisión de pesos que el Central le envía al Tesoro para cubrir el déficit.

Algo de “cosmética”

El aumento con bastante “cosmética” de las reservas del Banco Central constituye otra pata del puente financiero que construyó el Gobierno.

Del Banco Central de China ingresarían el equivalente a US$ 2.300 millones (entraron US$ 1.300 millones) que, si bien son renovables por tres años, llegaron con el compromiso de ser devueltos en un año.

En el caso de la facilidad del Banco de Francia, el aporte constituye una línea de crédito que tiene como garantía reservas del Central depositadas en ese bancos.

En otras palabras, no son ingresos genuinos sino salvavidas en medio de la escasez como intento de llegar a algún puerto. Todo transitorio y de corto plazo.

Lo concreto es que hoy de los US$ 29.000 millones que rondan las reservas, sólo US$ 17.000 millones quedarían de libre disponibilidad, bastante lejos de la abundancia pero suficientes para transitar el corto plazo.

En el “activo” oficial le vino a jugar a favor, siempre hablando para el corto plazo, la caída del petróleo que está cambiando el mapa económico del mundo.

Un barril de petróleo de US$ 66 (a comienzos de año superaba los US$ 100) implicaría para la Argentina un ahorro de US$ 3.000 millones en 2015 respecto de este año en materia de importación de energía.

Así, se atenuaría un poco la caída de las exportaciones por la baja del precio internacional de la soja, que se estima entre US$ 5.000 y US$ 6.000 millones para el año que viene.

La baja prevista para las exportaciones del campo se perfila como el argumento más contundente a favor de que el Gobierno llegue a algún tipo de acuerdo con los fondos buitre.

Sin dólares adicionales, a la economía se le hará muy difícil conseguir un repunte que se note aunque, seguramente, Kicillof ya estará preparado para pregonarlo en cualquier momento.

Después de todo, el “activo” del Gobierno sigue siendo que los costos de los desequilibrios que genera y profundiza los deberá resolver el que venga y ya se sabe quién pagará la cuenta. (Clarín)

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