Publicado el: 29, Dic, 2014

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Las torres del interconectado en el paraje La Esperanza - Foto: OPI Santa Cruz/Francisco Muñozinterconecta
29/12 – 10:00 – Mientras el Gobierno lo negaba, la administradora del sistema hablaba de “emergencia operativa” en 2011.

Por: Pablo Fernández Blanco
La gestión pública le permitió a Julio De Vido adquirir una gimnasia especial en el oficio de la negación. Durante los años más duros de la crisis energética, el ministro de Planificación debió ejercitarlo muchas veces. Lo hizo en el invierno de 2010 y en los veranos de 2011, 2012 y 2013, sólo por poner algunos ejemplos.

En septiembre de 2006, cuando aún no había estallado la disputa con el Grupo Clarín, estuvo en el programa A dos voces (que emite los miércoles Todo Noticias, el canal de cable del grupo) y declaró con énfasis: “Habrá energía en abundancia”.

Al mismo tiempo, documentos de Cammesa, la empresa mixta que administra el sector eléctrico y en la cual De Vido tomaba las principales decisiones, cuestionaban con datos técnicos esa afirmación. Uno de los años más críticos fue, justamente, 2006.

Una serie de comunicaciones internas, informes de riesgo y notas a las que tuvo acceso LA NACION confirman que entre 2003 y 2011 el sistema eléctrico funcionó en estado de “emergencia operativa” (es el término que usaron los técnicos para describir la situación) en el sector de generación. Es decir, el área donde actúan las empresas encargadas de producir la electricidad, que luego se transporta por las redes de distribución a todos los consumidores finales, incluyendo fábricas, comercios y hogares. Esos informes luego se discontinuaron.

Una nota de Cammesa describe la emergencia operativa como la situación que ocurre cuando la generación eléctrica disponible “remanente”, luego de “ingresar toda la generación necesaria para satisfacer la demanda, queda en valores mínimos o cero”.

Una pequeña tabla elaborada por técnicos del Estado muestra con crudeza la profundidad de la crisis energética en los últimos años.

En 2004, cuando el kirchnerismo recién comenzaba a tomar dimensión de la situación, en el 46% de los días hábiles del año se registró al menos una de las situaciones que hacen a la emergencia operativa. El número bajó al 27% al año siguiente, pero escaló al 63% en 2007 y alcanzó el 71% en el crítico 2008, el peor año de la crisis. En 2011, ese número se redujo al 26%, todavía muy alto.

“Esto significa que el sistema eléctrico ha estado operando, en términos medios, al menos la mitad de los días hábiles del año en situaciones de emergencia operativa”, detalló uno de los informes de Cammesa, que ahora está bajo el control del ministro de Economía, Axel Kicillof.

Los técnicos del Gobierno estimaron que la principal causa de la reducida reserva térmica del sistema (la que generan usinas de electricidad que funcionan principalmente a gas) se debió a la “falta de combustible”, otra de las patas flojas del sistema energético durante el kirchnerismo.

En otros términos, por la caída en la producción de gas, el incremento de la demanda en hogares y las demoras para hacerse de combustibles sustitutos, como el gasoil y el fueloil, que la Argentina importó en cantidades multimillonarias en casi toda la década.

“Sin esta reserva, ante la salida de servicio de cualquier generador, a los efectos de abastecer la demanda debe recurrirse a la utilización de reservas hidráulicas de los embalses o a la reducción de la demanda a través de la reducción de tensión o de acuerdos programados con los agentes”, lamenta Cammesa en otro de sus textos.

Los llamados “acuerdos” son, en realidad, cortes en el suministro eléctrico que sufren las empresas cuando la energía producida no alcanza para cubrir toda la demanda, con el objeto de dar prioridad al abastecimiento en los hogares y en servicios públicos esenciales.

Los documentos internos del Gobierno recuerdan 2007 como uno de los peores años en materia de suministro eléctrico, si bien tal cosa nunca fue informada oficialmente.

“El año 2007 resultó uno de los más fríos de la serie histórica, presentando consecuentemente una elevada demanda de energía eléctrica durante el invierno. Este hecho, junto con la disminución de la oferta de gas a usinas por la misma causa y períodos de baja disponibilidad del parque térmico, provocó situaciones de emergencia de gran profundidad durante todo el período.”

Como los recursos disponibles no alcanzaron, “a partir de mediados de junio y hasta principios de agosto debió recurrirse a la reducción programada de la demanda de los usuarios industriales durante las horas de mayor consumo”, dice una de las notas de Cammesa, con una sinceridad poco habitual para el kirchnerismo en términos públicos.

En 2011, en cambio, el funcionamiento del sector mejoró por el ingreso de nueva oferta eléctrica. De todas maneras, se debió utilizar la generación de bajo rendimiento y confiabilidad para el 13% de los días hábiles del año. Sin embargo, en todos los años se debió recurrir a la importación de electricidad desde Uruguay y Brasil, muchas veces a un precio oneroso.

Al mismo tiempo, cayó la performance del sistema de distribución eléctrica, a cargo de empresas como Edenor y Edesur, entre otras.

Aunque sus voceros difícilmente lo digan en público, las empresas critican por esa situación el atraso en la recomposición de las tarifas, algo que está en la órbita del Gobierno y que en reiteradas ocasiones amagó modificar, sin haberlo concretado hasta ahora.

71%

Es el porcentaje de días hábiles en los que el sistema trabajó en “emergencia operativa” en 2008

Un sistema inestable

A las puertas del verano 2008/2009, muchos comerciantes, como los de la foto en la avenida Avellaneda al 3300, de la ciudad de Buenos Aires, debieron instalar grupos electrógenos para evitar los frecuentes apagones. Aquel año, como admitió uno de los informes de Cammesa (ver facsímil), fue récord en materia de cortes diarios del servicio. Hoy la situación no mejoró sustancialmente; la recesión y un clima más benigno evitaron mayores problemas. (La Nación)

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