Publicado el: 2, Ene, 2015

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Curso acelerado de “Señor5”  - Foto: Presidencia
02/01 – 13:40 – Aníbal Fernández y Parrilli, arman equipos; Capitanich y Randazzo, con roles modificados.

Por: Mariana Verón
Pasaron dos semanas desde el último cambio de gabinete, los ministros se reacomodan al nuevo tiempo político que impuso Cristina Kirchner, que se encargó de marcarle el paso a cada uno para evitar que las internas terminen complicando su último año de gestión.

El primero que lo sufrió fue Aníbal Fernández. En el primer acto en público que compartió con Cristina, ella le recordó sin anestesia las tareas que hacía Oscar Parrilli, su antecesor, para que el ex senador no olvidara quién define para qué está cada funcionario. “Aníbal, ¿no les diste nada para comer?”, se despachó la Presidenta durante el brindis con los legisladores de su bloque, y en minutos lo mandó a que le armara el pesebre de la Casa Rosada que le había pedido el arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, delante de los periodistas.

Ese mismo día, el nuevo secretario general de la Presidencia había desmentido al presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, por su promesa de que iría abriendo el cepo cambiario de a poco. Puertas adentro, la mayoría de sus colegas del gabinete le reconocen a Aníbal gestión y cintura política, atributos que sabrá aprovechar, más allá de cómo lo trate en público la Presidenta.

Desde que asumió su nuevo cargo, el ex senador nombró a sólo dos colaboradores. Su mujer, Silvina Zabala, como subsecretaria general; y otro de sus incondicionales, Lucas Gaincerain, como subsecretario de Coordinación, área encargada de toda la parte contable y administrativa. Eso sí. Se quedó con los codiciados despachos del primer piso, dentro de la zona presidencial. Zabala, su asesora de mayor confianza, pasó a ocupar la oficina que hasta la semana pasada tenía Gustavo López, que ahora, como subsecretario de Relaciones con la Sociedad Civil, debió mudarse a otro sector.

Pero en el Gobierno sostienen que hasta allí llegó y que no se esperan cambios en otras dependencias clave de la Secretaría General, como la Casa Militar, hoy conducida por Agustín Rodríguez, que se ocupó en el pasado de la seguridad de Néstor Kirchner.

Del otro lado, Parrilli se consolida incluso en ausencia con la ratificación presidencial de que sin él la organización de la Casa Rosada puede tambalear. Dejó a uno de sus incondicionales, Carlos López, como secretario de despacho de la Presidenta y ya comenzó a armar su equipo en la Secretaría de Inteligencia, con amplias facultades delegadas de la Presidenta.

Se llevó a Susana Baun, que ocupaba el puesto que Aníbal eligió para Gaincerain; a Alicia Alonso, su mano derecha y que se ocupaba de la dirección de Programas de Gobierno, y a Flavio Riquelme, el administrador de Servicios Generales de la Casa Rosada, que intentará revertir las condiciones edilicias y de organización de la sede de 25 de Mayo 33.

Lo primero que hizo, además de la mudanza, que incluyó el busto de medio metro de Néstor Kirchner que tenía en su oficina, fue definir la salida del director de Operaciones, Antonio Stiusso, más conocido como Jaime, y su mano derecha, Alberto Mazzino, director de Análisis.

Nunca lo comunicó oficialmente ni tampoco lo hará. “Por el momento, los cambios quedaron ahí”, explicaron fuentes del entorno del neuquino, aunque se esperan más reacomodamientos. Según anticipan, lo harán con sigilo. “No quiere dejar heridos”, agrega una fuente sobre los pasos que dará el nuevo señor 5.

Ajeno a los cambios, el resto del gabinete tantea en el día a día el nivel de cariño presidencial. Quien últimamente parece quedarse con la cucarda es el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, uno de los precandidatos presidenciales del Frente para la Victoria. En el mismo momento en el que Cristina rebajaba a Aníbal para que le consiguiera un pesebre, vía Twitter lo llamaba “Flaco” a Randazzo y le dedicaba once mensajes elogiando su gestión, con foto incluida. El ministro disfruta el momento, sobre todo en su interna con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, a quien la Presidenta fue corriendo de la escena central del oficialismo. Randazzo es hoy la figura que usa la jefa del Estado como contrapeso electoral.

Quien resiste es el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que en las últimas horas sacó pecho a partir del sutil mensaje que Cristina le mandó a Aníbal Fernández. Es que el ex senador cayó en la Casa Rosada dispuesto a ganarle la agenda matinal, pero el ministro coordinador resistió y mantuvo las conferencias de prensa, aunque los títulos se los llevó el secretario general.

Con bajo perfil después de un año en el cargo, Capitanich promete que se mantendrá en el Gobierno y por ahora no piensa en volver a Chaco. “Por lo menos hasta marzo se queda”, reflejan cerca del funcionario, que incluso fue descartando la posibilidad de presentarse como candidato a intendente de Resistencia. Ratificado por Cristina después de pasar meses enteros desmintiendo su renuncia, hace campaña los fines de semana y repite que no se irá. (La Nación)

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