Publicado el: 15, Ene, 2015

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"Si quisiera, la procuradora Gils Carbó puede sacarme mi cargo"
15/01 – 11:30 – El fiscal del caso AMIA, Alberto Nisman, confirmó que puede ser removido tan sólo con una resolución de la titular del Ministerio Público. Reveló que en las escuchas los acusados se pasaban datos privados de su familia.

Alberto Nisman sabe que camina por la cuerda floja. Tan sólo un decreto de la procuradora Alejandra Gils Carbó alcanza para desplazarlo de la fiscalía especial para la investigación del caso AMIA. Aunque aclara que no tiene información de que por el momento vaya a suceder algo por el estilo, reconoce que es una posibilidad.

“Yo estoy en la misma situación que (el fiscal Guillermo) Marijuán”, explicó Nisman, en un reportaje con el periodista Jorge Rial en radio La Red. El último día hábil de 2014, Gils Carbó ordenó desplazar a Marijuán de la Unidad Fiscal de Investigaciones de la Seguridad Social (Ufises). No fue echado ni perdió su puesto de fiscal general, porque para eso sería necesario un juicio como el que sufrió su colega José María Campagnoli. Pero sí fue desplazado de un puesto en el que trabajaba hacía casi trece años.

Por eso, Nisman reconoció: “En el cargo de la unidad AMIA estoy a tiro de decreto. Si quisiera, la procuradora podría sacarme”.

En la entrevista, el fiscal aclaró que presentó en plena feria judicial la denuncia por un presunto plan para “fabricar la inocencia” de los iraníes acusados por el atentado a la AMIA porque fue recién en ese momento que terminó su investigación de dos años.

Nisman reconoció que en ese tiempo se sucedieron una serie de hechos extraños. En febrero del año pasado, por ejemplo, la propia Gils Carbó se comunicó con él para ofrecerle aumentar su custodia porque habían recibido la información sobre posibles ataques. Pero el propio fiscal del caso AMIA le restó importancia al señalar que ese tipo de situaciones son “algo permanente” en su vida desde que se involucró con la investigación.

Lo que sí le causó más inquietud fue haber oído en las escuchas telefónicas cómo un agente de la Secretaría de Inteligencia (cuyo nombre no puede ser revelado por ley) le pasaba información sobre sus movimientos personales, los de su familia y sus amigos a uno de los acusados por el ataque que dejó 85 muertos en 1994. “Un agente no puede darle datos míos al imputado”, cuestionó. (Infobae)

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