Publicado el: 17, Mar, 2015

Para Foreign Policy, persistirán los problemas en la economía argentina luego de las elecciones


La Presidenta de la Nación junto a Axel Kicillof Ministro de Economia - Foto: web
16/03 – 21:00 – La revista norteamericana publicó un artículo donde describe que el país sufre una “desaceleración internacional” y varias “heridas autoinfligidas” que le generarán desafíos al próximo presidente.

En un duro artículo sobre el presente y el futuro de la Argentina, la revista Foreign Policy, de publicación en Estados Unidos, describe cómo las complicaciones económicas y políticas actuales repercutirán en el próximo mandato presidencial. Según plantea el texto, “las elecciones presidenciales no serán el final de los problemas económicos” y menciona consecuencia de la realidad como “restricciones de divisas, el default, la recesión y las tasas crecientes de inflación”.

El artículo completo

Para millones de argentinos, las elecciones presidenciales de octubre no llegarán lo suficientemente pronto. Debido a los límites de mandato, Cristina Fernández de Kirchner debe dejar su cargo y casi todos sus sucesores prometen ser menos controversiales- y más interesados en estabilizar la economía. Pero Argentina no estará fuera de la crisis en el corto plazo. La economía está sufriendo de una desaceleración internacional y de varias heridas autoinfligidas , incluyendo las restricciones de divisas, el default, la recesión y las tasas crecientes de inflación. Quienquiera que gane las elecciones-cuyo resultado está lejano de ser certero-enfrentará algunos desafíos interesantes.

Actualmente, la economía tambalea en el eje del caos. Con pocas opciones disponibles para detener la sequía del dólar y facilitar la subida de los precios, el gobierno de Fernández intervino agresivamente en los mercados de divisas para apuntalar el peso, congelando la tasa oficial como un ancla contra la inflación. Mientras tanto, camufló las pérdidas de sus reservas en el extranjero pidiéndole prestado a China.

Pero justo cuando el Gobierno estaba preparando el terreno para evitar problemas económicos que pudieran dañar su popularidad en un año electoral, un terremoto político sacudió los cimientos de la era Kirchner, poniendo en tela de juicio sus valores democráticos tan pregonados. La misteriosa muerte del fiscal federal Alberto Nisman, quien estaba preparando una denuncia contra la Presidente por cubrir la participación de Irán en el bombardeo de la AMIA en 1994, podría tener un gran impacto en la campaña electoral e impulsar a los candidatos de la oposición.

El alcance de las consecuencias políticas de la investigación de Nisman sigue siendo un interrogante. Pero el impacto ya se sintió: la Marcha del Silencio del 18 de febrero en honor al fiscal un mes después de su muerte convocó a 400 mil personas solo en Buenos Aires y muchas más en el resto del país, sugiriendo que la oposición tendrá un gran apoyo en octubre. Inversores extranjeros, analizando las marchas y anticipando un cambio de gobierno, hay empezaron a invertir capital y ahora están apostando a los cambios económicos que esperan después de las elecciones.

En este contexto, el gobierno de Fernández se acerca a la línea final. Sus rápidas soluciones para apuntalar las reservas del Banco Central a través de la política monetaria podría ser suficiente para evitar una crisis económica antes de los comicios, pero también transferirán el estrés de la balanza de pagos al próximo presidente, sin mencionar la falta de dólares.

Y la carga no termina ahí. Acorde a estimaciones privadas, la inflación anual promedia un 30%, doblando la oficial, cuestionada desde el 2007-todo esto, aún después de las reformas llevadas a cabo el año pasado para prevenir que expulsen a Argentina del Fondo Monetario Internacional.

Asimismo, los problemas monetarios de la Argentina están afectando a otros aspectos de la economía. Desde finales de 2014, el Banco Central permitió que el peso se devalúe a un ritmo gradual. Lo hizo por miedo a que otra gran devaluación, como la de enero 2014, aumente la inflación en un momento en que la política monetaria laxa en apoyo a la continuación de los gastos de gobierno puso una fuerte presión sobre los precios. De hecho, el déficit fiscal ya ha aumentado a 5% del PBI. Pero mantener el peso estable impuso una carga pesada en los exportadores regionales, que están perdiendo competitividad y enfrentar desafíos adicionales en el frente exterior, debido al fortalecimiento del dólar y los precios de los productos básicos.

Como resultado, Argentina está nadando contra la marea, mientras sus socios comerciales claves deprecian sus monedas y mantienen niveles de inflación bajos. Los últimos seis meses, Brasil, donde la inflación es del 7%, devaluó su moneda un 36%. Frente a la perspectiva de deflación, el Banco Central Europeo depreció el euro un 20%. Mientras tanto, el peso argentino se abarató solo un 4.4%, con un dólar oficial a $8.77, aunque en el merca do negro se venda debajo de los $13 con una supervisión gubernamental estricta a las operaciones.

Según el FMI, debido a la escasez de dólares y sus consecuencias, incluyendo restricciones a la importación, se espera que el PBI se contraiga un 1.3% este año. Limitaciones a la importación y el turismo han repercutido en el consumo y la inversión tardía en las asignaciones de dólares a los importadores por un valor de al menos 5 mil millones, reduciendo importaciones en sectores sensibles de la economía.

En vez de atacar el problemas por las raíces, como el gasto público exagerado y restricción al comercio, Fernández prefiere tratar los síntomas. Argentina está excluida de los mercados internacionales de deuda debido al litigio en los tribunales estadounidenses con un grupo de acreedores liderado por el multimillonario Paul Singer. Así que ahora la estrategia del Gobierno es pelear con uñas y dientes para contener la caída de reservas internacionales ya que sigue dando prioridad a las obligaciones de deuda respecto de los pasivos internos, ya que las reservas del Banco Central son la única manera que tiene para pagar la deuda externa mientras Argentina se mantenga en default.

El Banco Central tiene 31.300 millones de dólares, pero las reservas están en niveles peligrosamente bajos dado el aumento de los costos de pagar la deuda externa. Las reservas netas son solo de 16 mil millones de dólares, mientras que el vencimiento la deuda pública y privada está en 12.7 mil millones este año, según la consultora Finsoport.

Afortunadamente para el Gobierno, logró sobrevivir a la sequía de dólares sin tener que llegar a un acuerdo con los holdouts. El Banco Central alcanzó un acuerdo por un intercambio de monedas con China en junio por al menos 11 mil millones de dólares, de los cuales recibió 3.1 mil millones hasta ahora para la financiación a corto plazo. Sumado a esto, economistas esperan una nueva emisión de deuda en un futuro próximo para reemplazar la de diciembre pasado, que vendió menos del 10% de los 3 mil millones esperados. Sin embargo, dado el default selectivo en el que está inmerso la Argentina, implementar un plan así no será tan fácil: los holdouts podrían arruinar los intentos del Gobierno de financiarse en dólares, restringiendo los esfuerzos para hacerlo por la venta de bonos nacionales. El país necesita más plata para pagar más de 6 mil millones de dólares en deuda que vence este año.

En cuanto a la campaña presidencial, la persistencia de la convulsión política podría continuar empañando la imagen ya poco popular de la Presiente y herir a su heredero Daniel Scioli, cuyos votantes podrían transportarle culpa por asociación. Antes de ser gobernador de la provincia de Buenos Aires por dos mandatos, fue vicepresidente de Néstor Kirchner. De hecho, una encuesta de Managmente & Fit muestra que por la muerte de Nisman el nivel de aprobación de Cristina Kirchner cayó 5 puntos a 29.8%, mientras que su imagen negativa creció a 63.5%. En sintonía con el sombrío panorama presidencial, los niveles de aprobación de Scioli cayeron 4%, hundiéndolo a 23% y sacándolo de la cima de las encuestas.

Esto podría dejar a los candidatos más fuertes de la oposición, Mauricio Macri, jefe de Gobierno porteño, y Sergio Massa, ex jefe de gabinete de Cristina Kirchner, con una gran posibilidad de victoria. Macri, quien critica a Fernández desde siempre y es el de menos ataduras peronistas, está particularmente bien posicionado: como resultado de la turbulencia política, ganó lo que Scioli perdió y lidera las encuestas con un 28% de aprobación. Massa permanece en el tercer lugar, con 19%.

Gracias al cambiante sistema electoral argentino, cualquiera de los tres candidatos puede ganar. Los tenedores de bonos parecen favorecer a Macri, quien prevén hará los cambios más radicales en la economía. A decir verdad, toda la lista de candidatos representa un cambio de la actual gestión distorsionada de la política económica. Todos prometieron dejar atrás el aislamiento económico y la intervención del estado en el mercado. Y mientras no está claro cómo lo llevarán a cabo, las expectativas del mercado son que cualquiera de ellos salga del default.

De la misma manera, los inversionistas asumen y prevén un cambio después de las elecciones y un shock positivo de créditos en el futuro cercano. Esto podría explicar por qué, a pesar del deterioro económico, la confianza del mercado se ha reflejado en el mitin que los bonos argentinos han experimentado en los últimos meses. A pesar de estar en default, algunos precios de activos alcanzaron su máximo récord.

El problema es que cualquier estímulo postelectoral podría no ser suficiente para salvar a la Argentina del sacrificio. Resolver el default ayudaría sin dudas a atraer inversiones y crear puestos de trabajo. Pero quienquiera que gane, tendrá resolver los desequilibrios macroeconómicos, arrancar la maraña de restricciones monetarias, unificar el tipo de cambio, bajar la inflación, liberar las importaciones – y todavía restaurar el crecimiento. Los mercados están apostando a que un período de austeridad-instituido ya sea por necesidad o convicción-bien podría acompañar estas medidas. (Infobae)

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