Publicado el: 31, Mar, 2015

El atraso del dólar oficial, según la AFIP


El dólar libre baja 20 centavos y se vende a $15,10 en la City
31/03 – 10:30 – De récord en récord, sólo en los tres primeros del año la AFIP habrá vendido divisas por unos US$ 1.400 millones, pese a que nunca satisface por completo la demanda de los compradores. Eso ya equivale al 46% de todas las operaciones que autorizó durante 2014.

Por: Alcadio Oña
El número dice unas cuantas cosas juntas. Entre ellas, la más evidente es el fuerte crecimiento de la demanda de billetes color verde que, cualquiera sea forma como se lo mire, significa escaparle al peso y al deterioro que la inflación le provoca al valor de la moneda nacional y, en consecuencia, a los ingresos de la gente. Nada que el Gobierno reconozca.

Otra, tampoco admitida, es que el dólar oficial está barato si no regalado comparado con otros precios de la economía, lo cual deja al descubierto el notorio retraso del tipo de cambio. Y la siguiente es una pregunta: ¿no habría sido mejor darle un destino más productivo a los US$ 4.350 millones que se han ido desde enero del año pasado?

Los 1.400 millones del primer trimestre equivalen a cinco meses de importaciones de gas y combustibles, según las últimas cifras del INDEC. Y salieron, naturalmente, de las debilitadas reservas del Banco Central.

En su afán por descomprimir la presión sobre el blue, el Gobierno ha creado además una mini bicicleta muy rentable para algunos ciclistas: comprar en la AFIP y trascartón vender en el paralelo deja hoy un 44%. Pero ninguna de las cosas que pasan tiene cura, porque ya no es posible cerrar esa ventanilla sin armar un gran batifondo cambiario.

Obviamente, peores serían las consecuencias si todo fuese liberado con el actual precio del dólar oficial. De este sistema hablan algunos candidatos cuando mentan la posibilidad de levantar el cepo cambiario; es el más mediático, aunque no el único ni mucho menos el de mayor relevancia económica.

En la segunda categoría entra la fuerte restricción a la venta de divisas para importaciones, la mayor parte imprescindibles, apurada justamente por la estrechez de la caja del Banco Central. Así el INDEC de Axel Kicillof se empeñe en negarla, la recesión impacta en la caída de las compras al exterior, pero es imposible entender el derrumbe del 25% de febrero y los quince meses consecutivos en baja sin el considerable peso del otro cepo cambiario.

La cuestión es que las trabas a las importaciones le pegan directo a los ciclos productivos y, de seguido, a las exportaciones. Para que se entienda mejor lo que esto significa, vale un solo dato: la Argentina es un país cada vez más dependiente de los bienes e insumos del exterior, incluso más dependiente que en los denostados años 90. Y cuesta encontrar, entonces, dónde está la sustitución de importaciones que pregona Kicillof.

Así no sea la única explicación, el mismo atraso cambiario que revela la creciente demanda de divisas en la AFIP descoloca las exportaciones o, dicho de otra manera, vuelve poco atractivo recibir pesos al desvalorizado dólar oficial mientras los costos marchan a otra velocidad. Con menos espaldas financieras, el crujido de las economías regionales da prueba del desajuste.

El economista Nicolás Dujovne ha puesto ese proceso dislocado en cifras. En 2011, antes del cepo, las exportaciones ascendieron a US$ 84.000 millones y en 2015 no llegarán a 60.000 millones. Pero si hubieran crecido al 5% anual, este año deberían situarse en US$ 102.000 millones.

Casi ni hace falta decir que son los errores de la política económica oficial los que han generado semejante problema, con un doble agravante. La Argentina pierde dólares en cantidad del lado de las exportaciones –los únicos disponibles– cuando más los necesita y, encima, al Gobierno no se le ocurrió mejor salida que cerrar importaciones para cuidar reservas escasas. Obviamente, está ante una encerrona autogenerada.

Pariente directo de la estrechez son también las limitaciones que ha impuesto a la transferencia de utilidades y dividendos al exterior, que desalientan las inversiones y el ingreso de divisas. Adentro de ese corralito ya habría US$ 10.000 millones.

Kicillof ha dicho que “si hacemos una emisión (de deuda) será para brindarle una señal al mercado en el manejo de las expectativas, más que por una necesidad financiera”. En su esquema cabe pagar una tasa de interés del 7,5 al 8,5%.

Por menear la alternativa de salir a tomar deuda en dólares, el ministro reprendió al jefe del Banco Central, Alejandro Vanoli. Pero el modo como él mismo lo ha hecho no solo deja abierta esa puerta sino que, además, la pone en función de “las expectativas”, lo cual equivale a admitir nada menos que la posibilidad de presiones cambiarias. No parece la mejor señal a los benditos mercados.

Y la tasa de interés en la que Economía piensa supera hasta en tres puntos y medio a una emisión reciente de Colombia. Mucho, para el caso de que los últimos fallos del juez Thomas Griesa no hayan clausurado ese camino.

Cepos de todos los colores, atraso cambiario y brecha cambiaria, caída vertical de las exportaciones, repliegue de inversiones y un viento de cola que se ha puesto de frente pintan hoy el panorama externo que le espera al sucesor de Cristina Kirchner. Más el resto, desde luego.

Dice Gastón Rossi, de la consultora LCG: “Con reservas escasas y tipo de cambio retrasado, va a serle imposible al nuevo gobierno levantar el cepo de inmediato. Solo podrá hacerlo con un plan global articulado en varios niveles, donde haya un precio del dólar oficial que luzca razonable y sostenible, capaz de desalentar las compras en el mercado paralelo”.

En el mientras tanto, Cristina sigue atornillando a Kicillof como vicepresidente en la fórmula oficial. Y la evidencia, según algunos analistas, fue que en la última cadena le cedió la palabra, algo inusual en ella.

Pero bien analizado el premio no fue que se diga grande. El ministro anunció subsidios a la compra de garrafas para más de dos millones de hogares: por si se ignora, hace tiempo que las garrafas son consideradas el gas de los pobres y la falta de gas por redes en las capas más postergadas es otra muestra de cómo fue usada la plata durante una era abundante en plata. (Clarín)

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