Publicado el: 10, Abr, 2015

A la espera de modificaciones en Ganancias, las paritarias superan en un 10% la previsión oficial


El Gobierno admitió que debería subir el piso de Ganancias, pero aclaró que hoy no es posible
10/04 – 08:10 – En un año en el que el salario real tuvo su caída más espectacular de los últimos años, el sindicalismo kirchneristas ve con sorpresa que la Presidente no haya acusado recibo del paro del 31 de marzo.

Si tiene pilas nuevas, cualquier calculadora de mano llegará al mismo resultado: los gremios opositores han salido a pedir en este arranque de las grandes ligas paritarias 2015 aumentos salariales que superan en un 10 por ciento o más el margen de tolerancia que se fijó el Gobierno para las negociaciones de este año.

Colectiveros, petroleros, un par de gremios ferroviarios, aceiteros, bancarios y sectores de la Alimentación, entre otros, se plantaron en la antesala de la discusión sobre la base de reclamos que van del 40 por ciento en adelante. En todos los casos con un denominador común, el de tratar de recuperar por la vía salarial parte de lo que se perdió en el camino con el mix inflación-tributo por Ganancias.

Nunca como en ninguna ronda paritaria anterior había tenido tanta injerencia el tema impositivo. Una particularidad que vino a coincidir, para peor, con la más espectacular caída del salario real de los últimos años en la Argentina. La pregunta del millón es si la doctora Kirchner y su ministro Kicillof accederán finalmente a una suba del mínimo no imponible de Ganancias, para descomprimir unas negociaciones salariales impregnadas por la política de un año electoral en tiempos de recesión económica.

Como sea, se ha transformado la paritaria actual en una galera de mago de la que pueden salir los conejos más diversos. Por lo pronto, la intransigencia de Cristina empuja al sindicalismo a declarar paros que no está del todo convencido hacer, abre la puerta a un posible aumento de la conflictividad laboral por sectores y también potencia la posibilidad de que los gremios peronistas logren articular al fin una CGT única, idea que resiste. Todo es tan impredecible como cuando un volcán empieza a escupir magma.

Además, por el mismo precio, se abrió una moderada interna en el propio kirchnerismo sobre cómo seguir plantándose frente a la carga fiscal que pagan los salarios, al mismo tiempo que aparecen desgravados otros poderosos sectores económicos, empezando por los juegos de azar.

Se trata igual de una pelea sorda, por ahora de interiores, subordinada en cualquier caso a la voluntad final de la Presidenta. Poco importará en definitiva que Carlos Tomada, de Trabajo, diga, casi como al pasar, que Ganancias “siempre es susceptible de modificaciones”, o que por otro lado, el número dos de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, manifieste su sorpresa por “los altos salarios de los colectiveros”, que el gremio habría dejado en evidencia al reclamar un mínimo no imponible de 30 mil pesos en lugar de los 15 mil actuales.

El Gobierno gusta de menear que, la impositiva, es en todo caso una cuestión que afecta sólo al 10 por ciento de los trabajadores. Un dato que en vez de aliviar, estremece. Inferir que el 90 por ciento de la masa laboral está fuera del radar tributario, o sea por debajo de los 15 mil pesos, no parece encajar con el relato que presenta a esta gestión como una de las más proactivas de la historia en materia salarial.

De los que sí pagan en buen número, la UTA de Roberto Fernández y la Asociación Bancaria del radical Sergio Palazzo dicen no tener otro remedio que compensar en la paritaria los descuentos que les hacen por Ganancias. Sorprendió, sí, el gremio de los petroleros de la Patagonia al jugar una baraja fuera de catálogo: consiguió una suma puente de 21 mil pesos -pagadera en tres meses y en parte del medio aguinaldo de julio- libre de impuestos. La disfrazarán en concepto de viandas, horas de viaje, gastos de alquiler y otros adicionales que la ley no les grava.

“Claramente es evasión”, reconoció el petrolero moyanista Guillermo Pereyra, números dos de la CGT Azoprado, una vez sellado el acuerdo. Cualquier similitud con aquello de hecha la ley, hecha la trampa, es pura coincidencia.

Ganancias adoptó la forma de un monstruo al que los empresarios, terceros en discordia, ven venir y por eso quieren curarse en salud. La junta directiva de la UIA avisó esta semana que nadie debería, ni aun soñando, imaginarse que el sector patronal vaya a hacerse cargo del impuesto para la cuarta categoría. Teléfono para la doctora Kirchner. De paso, resaltaron la influencia del sector industrial para el crecimiento del salario real, que debe decirse es el más bajo desde 2002, según el Observatorio de Derecho Social de la CTA.

Próximas al Gobierno, organizaciones poderosas como la UOM y Comercio pintan en cambio para ser calificadas de testigos porque sus pretensiones no van más más allá de la pauta oficial del 30 por ciento, fuera de alguna suma fija que les permita facturar unos puntitos más.

La CGT oficial de Caló espera que en estos próximos días se concrete el anuncio tan deseado sobre hipotéticos cambios en la política tributaria. Pero no sobra tiempo a favor de esa chance. El martes se reúnen los gremios del transporte y al día siguiente habrá un Comité Central Confederal. Ninguno de los escenarios dedicará palabras amables al mundo K. Y ya se sabe que la Presidenta no gusta hacer concesiones si interpreta que la quisieron apretar.

Pero las medidas de fuerza están verdes, más allá de la exaltación de los discursos. Las organizaciones del transporte ya acordaron “decir lo que haya que decir”, pero sin ponerle fecha a ningún paro. Llamarán a la unidad y consolidarán una central sindical única del transporte, informó el ferroviario Omar Maturano. Pero dejarán que sean Moyano y Barrionuevo, a priori animadores centrales del Confederal, los que carguen esta vez con la responsabilidad de convocar a una huelga.

Pero hay un dato sin embargo que los confunde: no pueden creer en el bloque de Transporte que la Presidenta no haya acusado el más mínimo recibo “después del parazo que le hicimos” el 31 de marzo, según reconocieron a Infobae desconcertados voceros del sector.

El Confederal, por su lado, también apelará a la unidad sindical como la prioridad de la orden del día. Llamarán a cerrar filas como única forma de hacerse más fuertes para ser oídos por el Gobierno que se va y por el que lo va a suceder. (Infobae)

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