Publicado el: 16, Abr, 2015

El “dólar ahorro” seguirá dosificado


El dólar libre baja 20 centavos y se vende a $15,10 en la City
16/04 – 10:30 – La polémica sobre cómo dosificar el “dólar ahorro” renovó la discusión sobre cuántos son los dólares que el Banco Central tiene en las reservas para garantizar un tránsito tranquilo en materia cambiaria hasta las elecciones de octubre.

La discusión surgió a partir de que Miguel Bein, principal asesor del candidato Daniel Scioli, opinó que el próximo gobierno debería privilegiar el sector productivo sobre los ahorristas a la hora de usar los dólares del Central.

La réplica surgió del presidente del Banco Central y de la ministra de Economía del propio Scioli, uno diciendo que el “dólar ahorro” se mantendría y la otra elogiando la política de administración cambiaria del Gobierno en el intento, ambos, de hacer buena letra y no agitar el avispero. Desde hace meses que el Gobierno destina unos US$ 500 millones al mes para satisfacer la demanda de los pequeños ahorristas, algunos de los cuales los compran a $ 10,6 para venderlos después en el paralelo a $ 12,8 y hacerse de una ganancia de 21%.

El Gobierno y todo el mercado sabe que permitiendo ese “puré” el Central contribuyó a serenar el precio del dólar paralelo y los ánimos de políticos que ubican a la inestabilidad cambiaria en el tope de su lista de enemigos.

Un dólar inquieto aumenta la incertidumbre de los empresarios, despierta especulaciones sobre futuros aumentos de precios y hace imprevisible cualquier política económica.

El remedio suele estar en la mayor o menor certeza sobre el nivel de reservas del Banco Central y la mayor o menor capacidad que tenga el Gobierno para conseguir divisas. Dos variables vedadas para este gobierno que cuenta, en materia cambiaria con un elemento a favor: le queda poco tiempo.

La discusión sobre el cepo y el “dólar ahorro” aparece acotada cuando se pone el ojo sobre el nivel de reservas efectivas del Banco Central.Fue Bein el que dijo que de los US$ 31,500 millones actuales, a fin de año habría que contabilizar unos US$ 2.800 millones que corresponderían a los pagos que la Argentina no logró realizar por el fallo del juez Griesa a favor de los buitres.

Otros US$ 3.500 millones serían necesarios para poner al día los pagos atrasados de importaciones para los sectores automotriz y electrónico.Además, estiman que a fin de año, el aporte en yuanes del banco central chino en las reservas del Central representarían unos US$ 6.000 millones.Y a todo eso deberían sumarse los US$ 10.000 millones que el Gobierno le mantiene “pisados” a las empresas multinacionales, correspondientes a utilidades no transferidas al exterior.

Ese monto cobró relevancia anteayer cuando la Presidenta intimó a los empresarios a “traer algo de la que se llevaron afuera” para aumentar las inversiones.

En lo que parece un diálogo entre gente que no se escucha, la Presidenta pide que traigan algo que los empresarios, en voz baja por temor a retos o represalias, aseguran no poder sacar del país.

El resultado es evidente: menos inversiones y crecimiento para coronar un esquema de consumo que usó muchos dólares que ahora escasean y que el Gobierno deberá contar de a uno desde ahora hasta octubre.

Tiene a favor que inversores especulativos del exterior y locales están comprando bonos y acciones de empresas argentinas apostando a una mejora importante en el futuro.

Los títulos públicos hoy son una vedette para los inversores de afuera porque rinden en torno de 8% anual en un mundo en el que las tasas siguen siendo bajas (México colocó deuda a 100 años de plazo a 4,5%) y porque Argentina tiene poca deuda.

Los compradores de acciones de empresas y bancos, por su parte, apuestan a que valdrán más en una economía con menos trabas y mayores posibilidades de crecimiento para el sector privado.

La apuesta especulativa de los financistas descansa en la idea de que, ante la escasez de divisas, el próximo gobierno, sea cual fuere, no tendrá alternativas a lograrlas vía los mercados y la atracción de inversiones privadas. ¿Será ese el futuro?

El Gobierno, como tanto otros en el pasado, está enamorado del atraso cambiario y ahora apuesta a acelerar el cierre de las paritarias para lograr el ansiado repunte del consumo doméstico, pero algunos costos no pueden evitarse.

Todo sucede al calor de la caída de actividad en las economías regionales por la imposibilidad de exportar, precisamente, por el atraso cambiario.Tal es la preocupación que ayer la CAME, una cámara empresarias que en los últimos años acompañó la política del Gobierno, se declaró en “estado de alerta y movilización” en reclamo de medidas para compensar el “atraso cambiario” argumentando que hay 900 mil empleos en riesgo.

Ya habían llamado la atención los productores de manzanas y peras de Río Negro y los de naranjas de la Mesopotamia. Ahora, según la CAME, el riesgo de pérdidas importantes alcanza a los productores de ajo, algodón, azúcar, olivos, tabaco y vitivinícolas.

Desde ya que la devaluación del real brasileño y el fortalecimiento del dólar a nivel mundial son determinantes en la definición de un panorama difícil para las exportaciones argentinas que, cabe recordar, están bajando desde hace tres años.

Pero lo más destacado es que frente a ese marco regional e internacional, el Gobierno insista con el atraso del dólar y los impuestos a las exportaciones cómo si los precios internacionales de los productos que la Argentina exporta estuviesen por las nubes y los vecinos estuvieran desesperados por comprarlos.

El Gobierno decidió priorizar las necesidades políticas y el año electoral a la hora de definir la política cambiaria, en función de sus propias candidaturas.Mientras tanto, Alejandro Vanoli, desde el Central, seguirá abriendo y cerrando el grifo del cepo cambiario hasta que los dólares alcancen.Quien venga podrá encontrar muchas cosas, pero seguro que no serán dólares en abundancia. (Clarín)

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