Publicado el: 17, Abr, 2015

La casa propia, imposible: la cuota mensual de los créditos ya equivale a 5 alquileres


Los alquileres suben al 30% y ya alcanzan a la inflaciónalquiler
17/04 – 09:30 – Se otorgan cada vez menos. Sólo el 8% del dinero que prestan los bancos es para viviendas. Es el nivel más bajo en la última década: en 2003 era casi el 40%.

En la última década, la clase media tuvo ayuda financiera para renovar sus electrodomésticos, comprarse ropa, viajar por el mundo o cambiar el auto. Pero para la inversión más importante y permanente, la vivienda, el crédito en cuotas se bloqueó. En los últimos años, de tan inaccesibles, los préstamos hipotecarios casi desaparecieron. Y con sus ingresos actuales, las personas sin ahorros sólo pueden resignarse a alquilar.

Las estadísticas lo muestran con crudeza. Actualmente, apenas el 8,3% de lo prestado por el sistema financiero son créditos hipotecarios: menos de uno de 1 de cada 10 pesos, de acuerdo con registros del Banco Central. En 2003, en cambio, casi el 40% de los fondos eran para vivienda. A partir de ese año, la proporción fue bajando progresivamente hasta llegar el mes pasado al nivel más bajo de la era kirchnerista.

Otro hecho elocuente es que el año pasado, en Capital, sólo el 4,7% de las escrituras de compraventa se hicieron con ayuda de hipotecas (unas 7 por día), mientras que en 1999 las compras con financiación bancaria representaban el 25% (unas 66 por día), según datos del Registro de la Propiedad Inmueble recabados por la consultora Reporte Inmobiliario.

“En los últimos años la banca privada se retiró del negocio, prácticamente lo desmanteló. Más allá de que hubo publicidades de algunas líneas, cuando el usuario iba a averiguar en general no calificaba porque no tenía el salario requerido. Lo que más jugó en contra fue la alta inflación, porque le hizo muy difícil a los bancos ofrecerle al usuario una tasa atractiva. Hoy el poco crédito que se da es el que otorga la banca estatal, y con tasas subvencionadas”, comenta Germán Gómez Picasso, director de la consultora Reporte Inmobiliario.

“Cada año se otorgan menos créditos -confirma Tomás Marolda, secretario de la Cámara Inmobiliaria Argentina-. En los últimos años, los ajustes de los salarios en paritarias se quedaron muy cortos frente a la gran apreciación en pesos de los inmuebles. Eso hizo que la clase media, e incluso parte de la clase media alta, ya no pudiera cumplir los requisitos”.

¿Qué se pide para acceder a un crédito hipotecario? La primero es tener al menos el 30% del valor de la propiedad elegida: algo nada fácil si se considera que en la Ciudad, según el último relevamiento oficial, el metro cuadrado cotiza en promedio a 2.268 dólares. Para un dos ambientes de 45 metros cuadrados, entonces, la suma inicial no financiable sería mayor a los US$ 30.000 ($ 375.000 al cambio paralelo o “blue”).

Pero luego, incluso consiguiendo el dinero, financiar el 70% restante a 20 años, con la línea más ventajosa del mercado, exigiría para una familia pagar cuotas mayores a los $ 16.000 por mes. Y a la vez, demostrar ingresos mayores a $ 40.000, dado que la cuota nunca puede llevarse más del 40% de la suma de los sueldos de los solicitantes. Obviamente, con propiedades de mayor superficie o en barrios más acomodados, los números se disparan.

En estas condiciones, a una pareja de jóvenes profesionales, hoy dos sueldos de $ 13.000 no le permiten ni siquiera pedir un crédito a 20 años para un departamento de un dormitorio en Constitución, uno de los barrios más baratos de la Ciudad. Mucho menos para comprarlo en Palermo: necesitarían ganar al menos $ 25.000 cada uno, calculó Clarín.

En la misma línea, un relevamiento reciente de Reporte Inmobiliario reveló que en Capital la cuota mensual de un crédito hipotecario a 20 años para un departamento usado de dos ambientes se está llevando más de un salario medio. Además, cada cuota multiplica por 4,6 y hasta por 5 lo que se abona por alquilar una vivienda similar. En noviembre, por ejemplo, para comprarlo en Caballito habría que pagar cuotas de $ 15.571 al mes: casi el quíntuple de los $ 3.300 que salía alquilar en esa zona una unidad de ese tamaño.

Pero eso no fue siempre así: en 2011, antes del cepo cambiario, según informes anteriores, las cuotas de los créditos eran alrededor del doble de lo que se pagaba de alquiler. Y ya entonces costaba mucho pagarlas.

“Hoy el que puede acceder al crédito es el público de clase media alta y la alta. Es decir, los que menos lo necesitan”, concluye Gómez Picasso. “Si ni siquiera califica para los créditos de bancos públicos, la familia de clase media baja y la baja queda fuera del sistema, y sólo puede postularse para los planes oficiales de vivienda o las urbanizaciones de los municipios”, añade Marolda.

Con la vivienda inalcanzable, no sorprende que los consumidores se hayan volcado a gastar en bienes más accesibles que brindan un satisfacción inmediata. En los últimos 12 años, mientras el crédito para vivienda perdió terreno hasta casi desaparecer, la participación de los préstamos con tarjeta en el total se triplicó: pasó del 7% al 21%.

Y en la Ciudad, según datos oficiales, las familias que deben alquilar el techo son cada vez más: eran el 23,9% en 2003, y ahora son el 32,1%. Una de cada tres. (Clarín)

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