Publicado el: 20, Jul, 2015

El búnker perdedor, un búnker de fiesta


El búnker perdedor, un búnker de fiesta
20/07 – 13:00 – Los militantes de ECO se mostraron eufóricos; cantos e ironías con Macri como blanco.

Por: Alan Soria Guadalupe
Jorge se tomó la cabeza con ambas manos, estiró para atrás su pelo canoso, levantó las cejas con asombro y movió las comisuras de la boca para atrás, dejando los dientes al descubierto. “¡No puede ser!”, exclamó, como si hubiera visto una jugada de gol que no pudo ser, pero que estuvo muy cerca. Militante del Partido Socialista y docente de una escuela pública de la ciudad de Buenos Aires, Jorge fue el primero que, pasadas las 19 de ayer, demostró tener algún sentimiento en el Palais Rouge, el búnker palermitano donde Martín Lousteau aguardó los resultados de las elecciones a jefe de gobierno porteño.

Hasta entonces, lo único que se veía eran las caras largas ya listas para escuchar por cuántos puntos había perdido su candidato. Los muffins y los budines desabridos del catering y hasta el volumen bajo de la música parecían transmitir la misma sensación de derrota.

Sin embargo, cuando los primeros números del escrutinio comenzaron a mostrarse en los televisores del salón, todo cambió. Las pocas personas que estaban desde temprano en el lugar se agolparon ante las pantallas que mostraban que entre el candidato de Energía Ciudadana Organizada (ECO) y el de Pro, Horacio Rodríguez Larreta, la diferencia era mínima.

De un momento a otro se pasó de la resignación al asombro y la ilusión. “Y encima querían que se bajara. Esto es el voto de la vergüenza. Los que decían que iban a votar en blanco terminaron votando a Martín”, siguió Jorge. “Si nos daban una semanita más o un debate, se lo dábamos vuelta. Por eso Larreta no quería debatir”, se lamentó.

Lousteau y su mujer, la actriz Carla Peterson; el candidato a vicejefe de gobierno, Fernando Sánchez; el diputado nacional Manuel Garrido, y el candidato a legislador porteño Roy Cortina llegaron poco después del cierre de urnas a un auditorio que lentamente fue levantando temperatura hasta convertirse en un búnker que bien podría haber pasado por el del partido ganador.

Claudia abrazó su hija, Julieta, y casi la hace perder el equilibrio. “No llores, ¡eh!”, le dijo a su mamá. El pedido fue inútil. Claudia, una enfermera de 57 años, ya había dejado salir sus primeras lágrimas. “No me importa que no ganemos la ciudad, pero esto es mejor de lo que esperábamos. Pro no es el único que puede gobernar”, exclamó entre sollozos.

“Macri, decime qué se siente. Estuviste en el poder, no supiste qué hacer. Te juro que aunque pasen los años nunca nos vamos a olvidar.” Como si los primeros datos del escrutinio hubieran servido de llamado a la militancia, el auditorio se inundó de cánticos de todo tipo, la mayoría irreproducibles, que entonaban los militantes del radicalismo. Con bombos y banderas rojas con frases a favor de la militancia y el logo “RA” -que remite a la campaña presidencial de Raúl Alfonsín-, unos 30 jóvenes radicales llegaron al auditorio cerca de las 20. “En más de la mitad de las comunas ganamos. ¿Dónde están los que nos pedían que abandonemos?”, gritó enardecido uno de ellos.

Mientras Sánchez hacía el primer uso de la palabra para agradecer a los votantes, a los fiscales y a los militantes y adelantaba que aún había que esperar el avance del recuento, Luis Osorio se acercó al escenario y desplegó una cartulina blanca que decía “Lousteau 2019”. Como todos los demás, él ya sabía que su candidato iba a perder y decidió ir con un mensaje pensando en el futuro. (La Nación)

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