Publicado el: 3, Ago, 2015

Las escuchas de la ex SIDE: negocios y vínculos con la Justicia


Milani: “A los que me atacaron, mi desprecio”
03/08 – 09:50 – Un nuevo libro relata las tramas de corrupción que manejaban Stiuso y su rival interno en el organismo.

Por: Claudio Savoia
El Gobierno busca cauterizar la enorme grieta que causó en su sofisticado aparato de espionaje interno la guerra contra el ex director de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia, Antonio “Jaime” Stiuso, a quien finalmente jubiló pero todavía le achacan hasta el último de los cuantiosos delitos que se cometían desde la ex SIDE. Una investigación judicial iniciada con una maniobra irregular de Stiuso y sus allegados muestra cómo su adversario interno en el organismo, Fernando Pocino, manejaba una red de negocios, tráfico de influencias y espionaje ilegal sobre los ciudadanos. Un detalle: aunque Cristina ahora lo quiere esconder, Pocino es el directivo de la ex SIDE más poderoso que abrazó el kirchnerismo y participó de sucesivas operaciones ilegales para el Gobierno. Y que sigue en actividad.

El expediente conocido como Dark Star, por el nombre de una agencia privada de seguridad que Stiuso y los suyos usaron como excusa para pinchar ilegalmente cientos de teléfonos (ver aparte), reveló que la línea interna de la ex SIDE encabezada por Pocino e integrada entre otros por los espías Alejandro Motta, Enrique “El Viejo” Barbuto, Eduardo Martínez y Fabián Campos tercerizaba tareas de inteligencia y organizaba negocios personales junto a la agencia de seguridad C3, dirigida por Leonardo Scatturice.

Tal como relata en detalle el libro “Espiados” (ver aparte) y la semana pasada publicó parcialmente el diario Perfil, las escuchas ilegales registraron una trama de negocios en los que Scatturice –un joven empresario relacionado con el servicio de Inteligencia de la policía bonaerense que tiene máxima llegada al ala más kirchnerista de la ex SIDE– aparece operando junto a Pocino y sus subordinados para copar el organismo en 2013, desplazar a Stiuso y coordinar tareas de espionaje ilegal con el ahora retirado general César Milani (a quien una escucha señala como posible jefe de “un ente nuevo para ponerlo de vuelta por debajo del sistema regulatorio de inteligencia”), ganar una auditoria en el club Independiente supuestamente gracias a la influencia del jefe de la AFIP “Toto” Echegaray (sic) y el diputado porteño Cristian Ritondo, o anticipar y eventualmente impedir la publicación de notas periodísticas, tarea encomendada al periodista de Perfil Fernando Oz (ahora supuestamente alejado del diario).

Otro de los objetivos de Pocino-Scatturice y sus clientes era el de influir sobre la justicia, particularmente la del fuero federal. Según las escuchas telefónicas publicadas en “Espiados”, el encargado de operar en ese campo es el juez del Tribunal Oral Federal 22 Gabriel Nardiello, apodado “Ginóbili”. Según las transcripciones judiciales, lo utilizaban como un hombre de consulta en Comodoro Py, y un nexo con otros jueces y fiscales. El 19 de marzo de 2014, Scatturice habla con una persona identificada como Gustavo Burgos sobre un supuesto encuentro entre Nardiello y el empresario de medios Daniel Hadad, en el que el juez habría contado que uno de los jueces “que ocupa el tribunal” (sería el de la tragedia de Once, muy importante para C3 porque había logrado ser contratada por los hermanos Cirigliano) es “íntimo amigo de él y a los otros dos los conoce”.

En conversaciones incorporadas al expediente de la causa Dark Star, Scatturice da cuenta de sus supuestos contactos en la Justicia. El 4 de abril de 2014, el CEO de C3 le cuenta a un interlocutor que “el otro día” comió con dos fiscales del fuero Penal Económico, dos fiscales del fuero Penal Tributario y sus esposas, y que éstos le dijeron “que están a disposición de él en todo, en cuanto esté dentro de la ley”. (Clarín)

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