Publicado el: 4, Sep, 2015

La foto que sacudió al mundo forzó a Europa a lanzar un plan conjunto


La foto que sacudió al mundo forzó a Europa a lanzar un plan conjunto
04/09 – 08:00 – No fue solo una foto. Fue un electroshock. La imagen del pequeño Aylan arrastrado a una playa turca por las aguas del Mediterráneo tuvo el efecto de un tsunami que estremeció al mundo y obligó a los responsables políticos a tomar posición sobre el drama de la migración en Europa, que comienza a alcanzar proporciones bíblicas. Los optimistas piensan que esa foto, que ya se ha convertido en un ícono, será capaz de cambiar la mirada del mundo sobre esa tragedia humana.

Por: Luisa Corradini
“Si esa imagen conmovió al mundo, también debe mover a todas las responsabilidades”, declaró ayer el presidente francés, François Hollande, visiblemente afectado por la escena del cuerpo sin vida de ese pequeño sirio de tres años que, junto a su familia, sólo intentaba huir de la guerra.

En pleno caos inmigratorio y una división cada vez más profunda entre los miembros de la Unión Europea (UE), Francia y Alemania propusieron ayer la instauración de un “mecanismo permanente y obligatorio” de repartición de refugiados entre los 28 miembros del bloque.

Según Hollande y la canciller Angela Merkel, el proyecto estaba en preparación desde hacía días. Sus colaboradores reconocen que la consternación general desatada por esa imagen precipitó el anuncio.

Ambos dirigentes consideran en todo caso que, al término de un verano boreal marcado por el flujo cada vez más intenso de refugiados que llegan a las puertas de Europa, la situación ha cambiado y es imprescindible tomar medidas.

En junio pasado, París y Berlín habían rechazado la propuesta de la Comisión Europea de establecer cuotas de refugiados por país, según su tamaño, sus recursos y su población. Ambas capitales privilegiaban la acción voluntaria.

Un nuevo plan será presentado la semana próxima por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, con el objetivo de aportar una respuesta coordinada a la crisis migratoria más grave que conoció el continente en los últimos 70 años.

“Habrá que repartir esos solicitantes de asilo, esos refugiados. Me refiero sobre todo a aquellos que vienen de Siria”, declaró Hollande. “Junto a la canciller Merkel estamos proponiendo un mecanismo permanente y obligatorio. Creo que lo que hemos hecho hasta ahora no basta”, confesó.
En Berlín, Merkel llegó incluso a hablar de “cuotas”, término hasta ahora tabú en Alemania, donde suscita suspicacias por su connotación racista. “Ya no es cuestión de aferrarse a las palabras. Ahora se trata de salvar vidas y resolver dignamente la situación de gente que merece el derecho de asilo”, declaró Hollande. El presidente francés recordó que 3000 personas perdieron la vida en estos últimos meses e insistió en la necesidad de “repartir unos 10.000 refugiados”. Francia defiende la solidaridad con los refugiados que huyen de la guerra y las dictaduras, pero preconiza la firmeza con los migrantes económicos, que deben -a juicio de las autoridades- ser deportados.

La propuesta franco-alemana será examinada por los ministros del Interior europeos el 14 de septiembre y después por el los jefes de Estado y de gobierno en una cumbre especial.

Pero la idea está muy lejos de obtener la unanimidad. Tropieza sobre todo con fuertes resistencias en los países de Europa central, cuyas economías continúan siendo frágiles.

Polonia, por ejemplo, estima que la UE debe ayudar a los migrantes que huyen de la guerra en sus propios países, pero rechaza firmemente la idea de cuotas automáticas.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, que hizo construir una alambrada de púas de 175 kilómetros a lo largo de su frontera con Serbia, escandalizó al continente con sus declaraciones apocalípticas: “Nuestra civilización cristiana corre peligro por la llegada masiva de musulmanes”, sentenció.

Orban sigue aplicando una incomprensible política de represión contra los migrantes que sólo aspiran a transitar por el país.

Presionado por su opinión pública cada vez más crítica, el primer ministro británico, David Cameron, anunció ayer por su parte que su país aceptará un mayor número de refugiados sirios, sin dar cifras. Los candidatos serán elegidos en los campos de refugiados que las Naciones Unidas han instalado en la frontera siria.

A pesar de la buena voluntad de algunos dirigentes europeos, en todos los países amplios sectores de la sociedad se oponen al aumento del número de inmigrantes. También sucede en Alemania, donde la cifra récord de 104.460 solicitantes de asilo entraron agosto, mientras las autoridades estiman que ese número se elevará a 800.000 a fin de año, cuatro veces más que el año pasado.

En Francia, un sondeo demostró esta semana que el 56% de los franceses se opone a que el país reciba nuevos refugiados sirios. Curiosa paradoja: de los grandes miembros de la UE, Francia es el único país donde los migrantes no quieren quedarse. Mientras el flujo aumentó alrededor del 40% para Alemania, Gran Bretaña y las naciones nórdicas, las entradas se estabilizaron, e incluso se redujeron, en Francia en los últimos dos años.

Ayer muchos analistas se preguntaban si la insostenible imagen de Aylan será capaz de cambiar la mirada de toda esa gente sobre el drama humano actual.

“No habría que hacerse demasiadas ilusiones -escribió el diario francés Libération-. Esa insoportable imagen parece más bien la ilustración de nuestro mundo: el encuentro entre dos soledades. Dos pobres seres humanos juntos y, sin embargo, separados por algo irremediable: uno impedido para siempre de vivir; el otro, impotente, incapaz de resucitarlo.” (La Nación)

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