Publicado el: 7, Sep, 2015

El Gobierno postergó los aumentos de las naftas hasta después de las elecciones


Se desplomó la venta de naftas por primera vez en 6 añosnafta
07/09 – 11:00 – Con la necesidad de no crispar los ánimos de los votantes en las vísperas de las elecciones presidenciales, el Gobierno tomó una decisión poco frecuente: suspendió los aumentos en los precios de los combustibles hasta después de octubre, según confirmaron a LA NACION fuentes al tanto de esa decisión. Así, le puso freno a una sucesión de aumentos mensuales consecutivos que venía autorizando entre febrero y agosto.

Por: Pablo Fernández Blanco
El principal vehículo para frenar las remarcaciones en las pizarras es la petrolera estatal YPF, dueña de un 55% del mercado de naftas y gasoil en el país. Si esa compañía no mueve los tableros, el resto no tiene margen para hacerlo para no perder competencia.

Desde diciembre del año pasado, cuando el ministro de Economía, Axel Kicillof; el presidente de YPF, Miguel Galuccio; los gobernadores de las provincias petroleras, los gremios y las empresas del sector aceptaron bajar el precio del crudo en el mercado interno y transferirles esa rebaja a los combustibles, el mercado adquirió una dinámica particular. En enero, en un hecho casi inédito, las naftas y el gasoil bajaron 5%. Pero luego entraron en una carrera de aumentos que se extendió hasta el mes pasado. Los incrementos eran también parte del mismo acuerdo, ya que el pacto tácito consistía en retocar los valores sólo para compensar los efectos de la devaluación del peso en el negocio de las empresas. Eso se debe a que las compañías venden la mayor parte de sus productos en pesos, pero el 80% de sus costos se explica por la compra de petróleo, que está dolarizado.

En enero, el precio de la nafta súper de YPF en la ciudad de Buenos Aires era de $ 11,31 por litro, mientras que desde principios de agosto es de $ 12,45, lo que arroja un incremento del 10% por ciento en lo que va del año. Si se lo compara con diciembre de 2014, en cambio, el incremento fue menor. Pese a eso, la compañía que dirige Galuccio tiene los valores más bajos del país.

La dinámica para aumentar los precios la fijaba la propia YPF, pese a que en los papeles el valor de los combustibles es libre en la Argentina. En algún momento del último fin de semana de cada mes, el equipo de Kicillof se comunicaba con el de Galuccio. Si todo se movía por los carriles habituales, horas después la mayor petrolera del país remarcaba las pizarras. El resto del mercado, integrado por Axion, Shell, Petrobras y Oil, imitaba ese gesto.

Aumento anticipado

El Gobierno anticipó así sus necesidades electorales, según demuestra la saga de aumentos. Los combustibles aumentaron 1% en febrero y marzo, otro 1,5% en mayo y en junio y 1,3% en julio. Pero a principios del mes pasado el salto fue mucho mayor: llegó a 2,5% y se aplicó un día después de las PASO en las que el candidato a presidente del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, sacó la mayoría de los votos.

En el sector hicieron notar la cifra, ya que por su fecha de aplicación compensaría, hasta octubre, un nivel de incrementos similares a los que venían aplicando las empresas en los meses anteriores.

Además de las necesidades electorales, las petroleras se encuentran con otro problema para retocar los precios. Sucede que los valores de las naftas y el gasoil tienden a caer en el mundo por el abaratamiento del crudo, algo que no ocurre en el país porque los automovilistas subsidian el precio para sostener las inversiones petroleras, según la mirada del Gobierno. A fines de la semana pasada, por ejemplo, la cotización del barril de WTI -producto de referencia en Estados Unidos- fue de US$ 46, mientras que en la Argentina el crudo Medanito, uno de los de mejor calidad, cuesta US$ 77.

El afán por sostener la actividad petrolera dio origen a una nueva paradoja del modelo. En 2007, cuando la presidenta Cristina Kirchner llegó al poder, la Argentina tenía los combustibles más baratos de la región. En diciembre de ese año, el litro de nafta súper costaba, en promedio, 2,23 pesos, mientras que un consumidor brasileño pagaba casi dos veces más, al igual que un chileno y un uruguayo. Eran tiempos en que reinaba el control de precios del ex presidente Néstor Kirchner, que tuvo entre sus mejores intérpretes al entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Hoy, en cambio, los precios en la Argentina están por encima de todas las referencias regionales. Sólo los superan los de Uruguay. (La Nación)

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