Publicado el: 9, Sep, 2015

La Patagonia la enamoró y ganó un premio por preservar sus bosques


La Patagonia la enamoró y ganó un premio por preservar sus bosques
09/09 – 16:20 – La investigadora Amy Austin recibió el prestigioso premio L’Oréal-Conicet .Llegó desde EE.UU. hace 19 años y nunca más se fue. Fue reconocida por sus estudios sobre el cambio climático.

Por: Valeria Román
Amy Theresa Austin nació cerca de la ciudad de Seattle, en el estado de Washington, en los Estados Unidos, pero un padre ingeniero y el contacto directo con la naturaleza la llevaron a interesarse por la investigación en ecología. Visitó a la Argentina por una beca de postdoctorado hace 19 años y se enamoró de los bosques de la Patagonia, y nunca más pudo volver a su país natal. Ayer, por sus contribuciones pasadas y por el interés que despierta su próximo proyecto, Austin recibió el premio nacional L’Oréal-Unesco “Por las Mujeres en la Ciencia” en colaboración con el CONICET.

En el acto de entrega, realizado en el aula magna de la Academia Nacional de Medicina, Austin fue reconocida por sus trabajos que van desde el estudio de los microbios que hay en los suelos hasta los grandes bosques, las estepas y los matorrales de la Patagonia. Y también investiga cómo impacta la intervención (muchas veces dramática) de los seres humanos. Su próximo proyecto, en el que empleará los 200.000 pesos que incluye el premio, será observar y analizar cómo influye la presencia de pino poderosa, una de las especies forestales más plantadas en la región de los Andes patagónicos, sobre las demás especies, especialmente las autóctonas.

A los 2 años, Austin se mudó con su familia al estado de Florida, porque su padre empezó a trabajar como ingeniero de la Nasa para las misiones Apolo que llevaron a humanos a la Luna. “Mi padre me dejó la impronta de la pasión por descubrir cómo opera la naturaleza, y desde que vivimos en el estado de Florida siempre me gustó estar afuera, en contacto con la naturaleza”, contó a Clarín.

Después de la escuela secundaria, cursó una licenciatura en ciencias ambientales, y luego cursó un doctorado en la Universidad de Stanford. Para perfeccionarse más, obtuvo la beca de postdoctorado de la Fundación Nacional de Ciencia de los Estados Unidos, que le permitió visitar la Patagonia por primera vez.

“Muchos me preguntan por qué estoy en la Argentina. Como si fuera algo extraño. Para mí, es la mejor decisión que tomé porque me enamoré de la Patagonia y no puedo vivir muy lejos. Sus ecosistemas contienen una biodiversidad que aún me resulta increíble. Temperaturas, lluvias y suelos diferentes hacen de la Patagonia un laboratorio viviente”, aclaró. Apostó a quedarse en la Argentina, consiguió la nacionalidad, y ahora es investigadora principal del Conicet. Su pareja es un científico argentino, y viven en Capital. “Hice la mayor parte de mi carrera científica aquí. Elegí estar cerca de la Patagonia, desarrollar mi vocación como científica y formar a otros investigadores”. Se desempeña en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas vinculadas con la agricultura (IFEVA), que depende de la Facultad de Agronomía de la UBA y el Conicet, y también es docente. “Enseñar me gusta porque me permite compartir mi entusiasmo por las ciencias de la vida con mis alumnos”, comentó a Clarín Austin, que en sus momentos libres practica yoga, anda en bicicleta, y –como no puede estar sin contacto con la naturaleza– cultiva su propio jardín.

En la entrega del premio que distingue a las mujeres en ciencias, hubo ayer sólo varones en el escenario: el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao, el director general de L’oréal Argentina, Marcelo Zimet, el presidente de la Academia Nacional de Medicina, Roberto Pradier, y el presidente del Conicet, Roberto Salvarezza. La premiada subió al escenario para recibir y agradecer el galardón.

Suave y simple, Austin adora a los ecosistemas de la Patagonia y los defiende a su manera. “No sólo hay que cuidar mejor a los ecosistemas, sino también entenderlos para mejorar nuestra capacidad para conservarlos. Hay que tener en cuenta que la deforestación tiene su impacto negativo. Pero también forestar sin saber qué se está haciendo no siempre está bien”. (Clarín)

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