Publicado el: 12, Nov, 2015

Merlo: censan a los ocupantes y prohíben armar casillas


Merlo: censan a los ocupantes y prohíben armar casillas
12/11 – 10:30 – Las fuerzas de seguridad no desalojaron el predio pero controlan que no ingrese más gente; se activó un relevamiento de las familias para evaluar su situación.

Por: Rosario Marina
El gobierno provincial que encabeza Daniel Scioli buscó ayer una salida pacífica al problema de la toma de tierras en Merlo. El ministro de Desarrollo Social, Eduardo Aparicio, dijo que “los vecinos dejarán los terrenos tras el censo”, pero en la toma la opinión no era la misma.

Nadie fue a hablar con los usurpadores, quienes conocieron las novedades por el boca a boca o la televisión. Según la ministra de Gobierno bonaerense, Cristina Álvarez Rodríguez, las órdenes expresas de Scioli fueron que se encuentre una solución “sin violencia”.

A pesar de que el desalojo mediante las fuerzas de seguridad no parece ser una opción para Scioli cuando faltan diez días para el ballottage, ayer a la tarde el cordón policial permanecía sobre la ruta 1003, a la espera de órdenes. “Nosotros estamos cumpliendo un servicio. Ahora estamos acá para asegurarnos que no armen más casillas”, dijo a LA NACION uno de los oficiales.

La problemática empezó siendo municipal: el intendente electo Gustavo Menéndez culpó a Raúl Othacehé, quien tuvo el poder del municipio de Merlo por 24 años, de instar a la gente a tomar las 340 viviendas al costado de las hectáreas que ahora ya están ocupadas.

“Hay vecinos que tienen necesidades reales después de 24 años donde no hubo una política habitacional fuerte”, dijo ayer Menéndez. Pero hace dos días el tema pasó a la agenda provincial y nacional.

María Eugenia Vidal, gobernadora electa por Cambiemos, habló sobre la toma de tierras y la calificó de un “síntoma de fin de ciclo”.

El jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, Aníbal Fernández, le contestó: “Acá no hay síntoma ni fin de ciclo ni cosa que tenga que ver con eso. Son situaciones no deseables, no es bueno que esas cosas sucedan. Yo siempre sostuve que los asentamientos de esas características impiden a un gobierno municipal responsable y a un gobierno provincial responsable la planificación de un barrio”.

Ayer, dentro de la toma, faltaban muchos hombres que se habían ido a trabajar. Las mujeres y los jóvenes se habían quedado y se organizaban para elegir entre ellos a un delegado por manzana para llevar los datos del censo.

Fuera de la Unidad Sanitaria Nº 2 Finochietto estaba Andrés Fernández, representante del Programa de Mejoramiento de Barrios del Ministerio de Desarrollo Social. Alrededor de él se juntaban cada vez más personas, unos le preguntaban preocupados, otros lo increpaban. “Lo que estamos buscando es un proceso de urbanización. Estamos viendo si la provincia puede comprar ese terreno. Hemos logrado detener el pedido de desalojo”, explicó a los vecinos que se habían convocado.

“Los vecinos reconocieron que habían usado un mecanismo fuera de la ley”, dijo Aparicio sobre la reunión que compartió anteayer con algunos delegados de las manzanas. Allí se coordinó un censo atípico: la gente debía llevar los datos de sus vecinos al día siguiente. El equipo de Desarrollo Social llegó ayer a las 11 a y para las tres de la tarde ya se había ido.

“Lo que nos han pedido es buscar la manera de resolver esto de otra forma”, explicó a LA NACION Andrés Fernández, y agregó: “Se les solicita que se retiren para hacer una regularización legal de las hectáreas. Los de las viviendas no, ellos se tienen que ir, esas casas ya están asignadas”.

Eliana Moreno tiene 26 años y es delegada de su manzana. “Quieren sacar a los que tienen alguna propiedad o auto a su nombre”, contó que le dijeron sobre el objetivo del censo. Ayer, lo último que sabía era que después de censarlos sólo una persona tenía que quedar por terreno. Cuando contó esto, las personas que estaban a su alrededor se quejaron: “Nos quieren reducir para venir a reprimir”. Ella también se quejó: “Están censando a cualquiera. Viene gente de enfrente y se anota”.

Yamila Wilson tiene 28 años y está organizando un comedor en el fondo de las 60 hectáreas. Juana Gómez vio la misma necesidad que Yamila. Una no sabe de la existencia de la otra, pero tuvieron la misma inquietud. “Estamos juntando donaciones porque los chicos están muertísimos de hambre”, explicó ayer Yamila. Ella, como Juana, va pidiendo terreno por terreno que la gente ayude con un paquete de fideos o un poco de arroz. No tienen un techo propio y tampoco para comer. (La Nación)

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