Publicado el: 30, Dic, 2015

De Vido siempre estuvo en Once


El Ministro de Planificación Federal Julio De Vido - Foto: OPI Santa Cruz/Francisco Muñoz
30/12 – 10:40 – El Tribunal ordenó que se investigue a De Vido. Equivale casi a revisar una absolución de hecho.

Por: Ricardo Roa
Las veintiún condenas dictadas por el Tribunal Oral se parecen bastante a lo que todo el mundo esperaba. La novedad está en el gran personaje que hasta ahora había logrado escapar de la causa y que será investigado: el ex ministro Julio De Vido.

De Vido es mucho más que los ex secretarios de Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi: tocar a De Vido es tocar una pieza clave en el sistema de corrupción kirchnerista.

La tragedia de Once fue una tragedia anunciada. Se sabía desde mucho antes que había serias fallas de seguridad, vías deterioradas, falta de mantenimiento, material rodante obsoleto y que reinaban el descontrol y la desidia: se sabía porque sobraban auditorías públicas que venían advirtiendo y denunciando eso.

Esa mañana del 22 de febrero del 2012 se estrelló una mentira: que los ferrocarriles iban a ser recuperados y volverían a funcionar, a diferencia de los años 90. Con las 51 vidas inocentes que se fueron y los casi 800 heridos se estrelló también la política del parche permanente que habían aplicado en los ferrocarriles y que sometía a la gente a la agonía y al constante riesgo de accidentes.

La Presidenta nunca se acercó al lugar del drama aunque fue el peor de su mandato. Siguió lejos de las víctimas y lejos de los familiares de las víctimas y como en tantas otras cosas hizo lo imposible por simular que no tenía ninguna responsabilidad sobre el deplorable estado de los servicios.

Peor aún: le ordenó a De Vido pasar de victimario a víctima y presentarse ante la Justicia como damnificado. En el medio, quedan las frases que ella misma redactó para De Vido y para Schiavi y que muestran hasta dónde podía llegar con su cinismo.

A De Vido le hizo decir que al Gobierno los medios nunca le contabilizaban “las muertes que no se producen”. Y a Schiavi otras dos salvajadas. Una: que “las víctimas habrían sido menos si el accidente se hubiera producido un día feriado”. Dos: que también habrían sido menos si no tuviésemos “la costumbre de viajar en el primer vagón”. Eso fue todo lo que se le ocurrió decir a Cristina sobre la terrible tragedia.

Sólo la obsecuencia y el temor de quedarse a la intemperie del poder pueden explicar que Schiavi obedeciera decir lo que Cristina le mandó decir. Y tirar a la basura una historia política que había empezado con Carlos Grosso y que siguió como jefe de campaña de Macri frente a Ibarra y luego como ministro de Telerman. Después se cruzó con De Vido. Terminó con mucha más plata y con mucha menos dignidad. ¿Cuál de los dos es el verdadero Schiavi?

Cuando vio que podía ir preso, cambió el discurso. Ante el juez Bonadio dijo que la falta de inversiones venían desde Jaime y que eran responsabilidad de De Vido. Los jueces pueden creer que eso haya sido cierto pero no tan cierto como para liberarlo de las culpas que tuvo: fue condenado a 8 años.

A diferencia de Schiavi, Jaime siempre tuvo claro que la política estaba y está para hacer negocios. Kirchner, que lo conocía desde el Sur, lo puso en el área de Transportes no porque fuera un especialista en transportes sino porque era un especialista en algo que le interesaba mucho más: los negocios con la plata del Estado.

Fueran sobre ruedas o sobre rieles todos los subsidios pasaban por él y todos terminaban en la estación Kirchner. Una montaña de plata que creció a contramano de las inversiones ausentes. Uno de los subsecretarios de Jaime, Ricardo Cirielli, lo dijo con todas las letras: “Cada noche Jaime llevaba una valija a Olivos”. Jaime fue condenado a 6 años.

Aún no se conocen los fundamentos de las condenas pero es claro que en la tragedia no hubo únicamente negligencia criminal de los funcionarios sino complicidades criminales de empresarios. Nada de este juego o, más precisamente, nada de este negociado pudo ser posible sin la participación de los dueños de las concesionarias.

El ex gobierno kirchnerista cargó la responsabilidad sobre TBA y la empresa TBA la cargó sobre la falta de recursos. Claudio Cirigliano argumentó que el dinero que le enviaba De Vido no le alcanzaba para mantener el servicio ni hacer inversiones sino apenas para pagar los sueldos. Le fue peor que a Schiavi: le dieron 9 años de prisión, la mayor de todas las penas.
Así es como el kirchnerismo entiende la realidad del Estado: bien lejos del relato y muy cerca de subsidios y de corruptelas. Un discurso de defensa del interés nacional y una práctica concreta de defensa de los negocios personales. Vale una precisión final que es mucho más que una precisión: los subsidios al transporte han sido nada comparados con los subsidios a la energía y las importaciones energéticas. En las dos cajas hubo un mismo banquero. Casi ni hace falta decirlo: es De Vido. (Clarín)

Dejar un comentario



Mostrando 1 Comentario
Publica tu comentario
  1. vero dice:

    Dios quiera que este GRAN chorro vaya preso. La justicia tiene una deuda ENORME con la sociedad toda!

Publicidad

OPI Video