Publicado el: 1, Mar, 2016

Ecuador: ya hay dos presos, pero las familias desconfían


Ecuador: ya hay dos presos, pero las familias desconfían
01/03 – 09:40 – El gobierno de ese país confirmó que fue un ataque sexual. Uno de los detenidos confesó y contó cómo asesinaron a Marina y a María José. Los padres sospechan de una red de trata.

Por: Roxana Badaloni
A 100 metros del mar de Montañita se encontraron los cuerpos de las turistas argentinas. Estaban envueltos en un saco de yuta y una funda plástica con cinta de embalaje. Una de ellas murió de un golpe en la cabeza y la otra, apuñalada. Dos hombres están detenidos. El gobierno de Ecuador sostiene que fue un ataque sexual y que uno de los acusados confesó cómo las mataron y escondieron los cuerpos. Hasta asegura que hallaron las mochilas de las jóvenes y colchones con manchas de sangre, en la vivienda precaria donde supuestamente fueron asesinadas. Para las familias de Marina Menegazzo (21) y María José Coni (22), la versión oficial es “mentira”. Creen que los detenidos son “perejiles” y sospechan de una red de trata de personas (ver página 4). En ese marco, el presidente Mauricio Macri se comunicó con los padres y les ofreció su apoyo. Ellos le pidieron que de la investigación participen policías argentinos.

Las universitarias mendocinas llevaban casi dos meses de vacaciones. Habían recorrido el norte argentino, luego Perú y desde fines de enero estaban en Montañita, una zona turística ubicada a unos 250 kilómetros de Guayaquil. Uno de los cuerpos fue encontrado en la noche del jueves pasado y, según datos de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros de Ecuador, llevaba “ de 3 a 4 días en estado de descomposición”. La presunción de muerte coincide con la última vez que las jóvenes se comunicaron con sus familias en Mendoza, el lunes 22. El cuerpo estaba irreconocible por los golpes y el estado de descomposición. Fue trasladado a Guayaquil para realizarle la necropsia. El registro de huellas dactilares y rasgos faciales de las jóvenes desaparecidas, que envió la Policía Federal argentina, permitió identificar que se trataba de María José. El domingo, la Fiscalía ordenó un segundo rastrillaje y, entre montes y malezas, a sólo 40 metros de distancia de donde había aparecido el primer cuerpo, hallaron el segundo. También estaba embalado en sacos de yute y fundas plásticas de color negro: era el cuerpo de Marina.

El fiscal de Ecuador, Eduardo Gallardo Rodas, informó ayer que uno de los dos detenidos se quebró y confesó cómo perpetraron el asesinato: “Este hombre y su amigo estaban alcoholizados y uno llevó a una de las chicas a su cuarto e intentó tocarla. La joven se resistió y el acusado le pegó con un palo en la cabeza que la mató instantáneamente”, explicó Rodas, en un detalle de la declaración del acusado. Y agregó: “Asustado, corrió a la otra habitación y encontró a la otra joven que había sido apuñalada en el tórax por su amigo”. El ministro contó que el acusado dijo que él y su amigo estaban borrachos pero no así María José y Marina. “Luego intentó limpiar el lugar del crimen y lavó los cuerpos, los metió en unas bolsas, los embaló con cinta y los llevó en una carretilla que tenía hasta unos 400 metros de su vivienda. Allí abandonó el cuerpo de María José y quiso ocultar el de Marina”, precisó el funcionario. La justicia ecuatoriana difundió los rostros de los acusados. Los acusados fueron identificados como Alberto Segundo Mina Ponce y Aurelio Eduardo Rodríguez. Ambos son mayores de 30 años.

El ministro del Interior de Ecuador, José Serrano, informó que los dos detenidos no registran antecedentes penales: “Uno de ellos pertenece a Montañita. El otro trabajaba como guardia, nació en Guayaquil, pero llevaba cuatro años en esa playa”.

Serrano amplió la versión del asesino confeso: “entre las 20 y 20.30 del 22 de febrero, un hombre, al que identificó como ‘el Rojo’, le dijo que había dos jóvenes argentinas en una de las barras, conocida como ‘La Abogadita’. Se acercaron a las jóvenes y les contaron que no tenían plata y que pedían un aventón (hacer dedo) para llegar a Guayaquil. Ellos les dijeron que pernoctaran esa noche en la casa de uno de los hombres, una casucha… una vivienda vetusta”, según describió el ministro el lugar donde fueron asesinadas. Era el “primer viaje solas de sus vidas”, sin sus padres. Y ésa sería su última noche. (Clarín)

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