Publicado el: 8, Mar, 2016

Las densas sombras que todavía envuelven al dueño de la pistola


Lagomarsino en conferencia de prensa - Foto: l
08/03 – 09:50 – Lagomarsino aprendió a disparar con un espía, y no protegía bien los equipos de Nisman. El fantasma de la ex SIDE.

Por: Claudio Savoia
Aún clama haber quedado enredado en una pesadilla de la que no puede salir. Se presenta como un ayudante menor de Alberto Nisman, a quien le tenía más respeto que cariño. Pero desde la muerte del fiscal que había denunciado a la Presidenta, Diego Lagomarsino no pudo despejar la espesa nube de dudas que cuelga sobre él.

Cómo admitió ante la justicia y la prensa, es el dueño del arma asesina. Declaró que Nisman se la había pedido por miedo, y que por eso corrió presuroso a buscarla a su casa, llevársela a Le Parc, desarmarla y armarla para enseñarle al fiscal y volver a su domicilio a dormir tranquilo el sábado 17 de enero del año pasado, horas antes de la muerte del fiscal. Excepto las imágenes de algunas cámaras de seguridad públicas que registraron esos viajes, no hay pruebas sobre el supuesto pedido del titular de la UFI AMIA para que le prestara la pistola Bersa 22 que lo mató. Recordemos que el fiscal tenía una propia, que guardaba en la baulera del departamento de su madre.

La naturaleza de la relación de Lagomarsino con Nisman tampoco quedó clara. Hasta Cristina Kirchner avaló los rumores sobre un supuesto romance entre ambos (“una relación íntima”, aseguró por cadena nacional). El asesor informático del fiscal muerto los desmintió y dijo que lo respetaba mucho a “Alberto”, pero tardó sólo unos días para ensuciarlo avisando que el fiscal se quedaba con una parte del dinero que le pagaba por sus servicios. Ningún otro empleado del fiscal muerto dijo algo parecido.

Por un comentario de la madre de Nisman a su ex nuera, Sandra Arroyo Salgado, que ella repitió ante la fiscal Fein, se supo que el fiscal tenía una cuenta no declarada en el banco Merril Lynch de Nueva York. La sorpresa fue que, además de la mamá y la hermana de Nisman, el otro titular de esa cuenta –no declarada ante la AFIP– era Diego Lagomarsino. ¿Qué negocios compartían ambos? ¿Qué secretos?

Otra noticia que ensombrece al técnico informático es su vínculo con otro ex espía, Carlos “Moro” Rodríguez, quien asegura haberlo presentado con Nisman. Resulta que el Moro fue profesor de tiro de Lagomarsino. El joven nerd que tenía una vieja pistola y que había aprendido a usarla con un espía.

Más casualidades llueven sobre la última persona que vio con vida a Alberto Nisman. Aunque trabajaba para él justamente con el objetivo de cuidar sus computadoras y equipos infomáticos, la investigación de la muerte del fiscal reveló que todos esos aparatos habían sido intrusados, que había recibido un virus malicioso cuya pista llevaba hasta un local de servicios de Internet en la ciudad de Paraná, y que sus celulares habían sido sometidos a maniobras profesionales de “borrado seguro”. ¿Qué era lo que protegía Lagomarsino, entonces?

Ya no es novedad –aunque sí un escándalo– que Nisman estaba rodeado de espías de varias fuerzas de seguridad. Hasta el día en que murió, su casa en Le Parc se atiborró de agentes y jerarcas de la dirección de Inteligencia Criminal. La ex SIDE influía hasta en la selección de las jóvenes señoritas que alegraban los días de soltero del ex fiscal. ¿Dejaría librado al azar el manejo de sus comunicaciones? Todas las fuentes consultadas desde hace un año dicen que no. (Clarín)

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