Publicado el: 8, Mar, 2016

Villa Paranacito: el pueblo que vive sumergido


Villa Paranacito: el pueblo que vive sumergido
08/03 – 10:00 – Desde hace casi tres meses está inundado; temen que la situaciónse mantenga hasta septiembre.

Por: Rosario Marina
En este pueblo nadie se puede morir: la sala velatoria se convirtió, obligadamente, en una farmacia. Lo único que les queda a sus habitantes es curarse, porque, en el caso de que alguien muera, el rito de despedida tendrá que hacerse en la casa de quien se ofrezca a ayudar. Aquí, todos sufren la crecida. Hace casi tres meses que la situación de este municipio es alarmante, y se mantendrá así, según prevén, hasta septiembre .

“Cuando no está inundado, esto es un paraíso”, dice la directora de la Departamental de Escuelas de las Islas del Ibicuy, Susana Roede, que vive desde 2003 en este pueblo de 4000 habitantes y otros 2000 en las islas.

La ubicación de Villa Paranacito es complicada. Sobre todo, porque está en la zona de confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, en pleno corazón del delta entrerriano. En estos días, el nivel del río Paranacito, el límite natural entre el casco urbano y las islas, sube y baja, pero nunca se aleja de los tres metros.

Para el intendente, Gabriel García (FPV), el principal problema es socioeconómico: “Acá se desarrollan básicamente actividades primarias, principalmente la forestación, la ganadería y el turismo”. Por la crecida, ya son más de 500 las familias que se quedaron sin trabajo. Muchos de los pobladores se trasladan, obligados por la inactividad, a los otros pueblos del distrito: Ceiba, Médano e Ibicuy.

Las escuelas, en problemas

Quince días antes del comienzo de clases, empezaron las obras. Las pasarelas, de tronco y maderas, son esenciales para el acceso a ciertas escuelas. Con fondos de la provincia de Entre Ríos, se llegó a construir todas las necesarias para que los chicos lleguen a clases salvo una. Sin embargo, el 29 pasado, sólo los alumnos que debían recuperar materias del año anterior estaban en las aulas, y las mujeres y los hombres de maestranza, con el agua hasta las rodillas, que subían todas las mesas y las sillas hacia la planta superior. Las clases empezaron recién tres días después.

Cada tanto, sin avisar, el agua sube y deja el único acceso al pueblo cerrado. De a ratos, por horas, Villa Paranacito queda aislada. Sólo se puede llegar hasta el barrio náutico, ahora un estacionamiento improvisado, que más bien parece un cementerio de autos. Hasta allí llegan todos para dejar sus vehículos y subir a las lanchas o botes que los dejan en el pueblo.

Como los locales comerciales tienen cerca de un metro de agua adentro, muchos de sus propietarios se fueron hace dos meses.

No es la primera vez que viven una inundación. En 1983 fue la más grande, y obligó a 160 familias a abandonar sus hogares. Por eso, se construyó, en un predio de tres hectáreas, a dos metros de altura sobre los terrenos afectados, lo que llaman un “cerro poblacional”. El objetivo: que el agua no los inunde.

El 19 pasado, los directivos y maestros de las escuelas del departamento Islas del Ibicuy, afectados por las crecidas de los ríos Paraná y Uruguay, se reunieron para elaborar un informe que les serviría para contar el estado edilicio. Del complejo educativo más grande de Villa Paranacito, donde funcionan cinco escuelas y al que asisten 2000 alumnos, escribieron: “El director de la Escuela N° 1 Gregoria Matorras de San Martín hace referencia a la falta de acceso y punto de llegada del transporte fluvial, por lo que hay que construir pasarelas, barandas y otro muelle. Al día de la fecha se presenta un cambio de situación, ya que el agua inundó la planta baja”.

En Villa Paranacito hay 4893 estudiantes que se trasladan en 18 lanchas y dos colectivos del Consejo de Educación. En el departamento Islas del Ibicuy, no hay transporte interurbano. Por eso Mercedes Naef viaja a dedo. En el que iba a ser el primer día de clases se vino desde Larroque, un municipio del departamento de Gualeguaychú, a 127 kilómetros. Es la directora de la primaria que está en el complejo educativo, donde también funcionan una secundaria orientada, una escuela de adultos, una terciara y el nivel inicial.

Llega a las 8.45, aunque no puede calcular la hora exacta. Si logra llegar en auto, no sabe si podrá salir cuando termine la jornada. Hace 14 años que trabaja en las islas, pero nunca vivió una inundación tan grande. Su preocupación este año estaba en cómo resolver el problema de los recreos. Junto con los maestros decidieron usar el SUM y la biblioteca, y una parte del pasillo de la planta baja que por ahora está seca. Pero al lado, a un cordón de distancia, el agua inunda toda la planta baja, patio y aulas incluidas.

“Esto empezó en noviembre. Y ya en diciembre elevamos todo el pedido a Paraná. El 6 de enero hubo un pico del río Uruguay, ahí tuvimos 20 cm menos que ahora. Después 15 días en seco, y para el 22 de enero ya teníamos el agua como ahora”, dice Esteban Maeza, que trabaja en el Ministerio de Obras Públicas de la provincia. Él pidió los fondos, desde Arquitectura del municipio, hacia el gobierno provincial, y desde allí se giró el dinero para hacer las pasarelas. Primero no conseguían la madera, después no podría entrar el camión. Hasta que lo hicieron.

El inicio “normal” de clases se complicó por el paro de docentes, y también porque los choferes no sabían a dónde ir a buscar a los chicos. Muchas familias se trasladaron después de dos meses de no tener cómo subsistir. Por eso, varias escuelas hicieron lo mismo, siguiendo a sus alumnos. Así, algunas funcionarán en un centro comunitario integrador, otras en los refugios y el resto en establecimientos educativos de otras ciudades. (La Nación)

Dejar un comentario



Publicidad

OPI Video