Publicado el: 23, Mar, 2016

Europa, desconcertada y en alerta máxima tras el ataque de EI en Bélgica


Europa, desconcertada y en alerta máxima tras el ataque de EI en Bélgica
23/03 – 09:50 – Las explosiones sacudieron el aeropuerto y una estación del metro de Bruselas, cerca de la Unión Europea y la OTAN; hubo al menos 34 muertos y 200 heridos

Por: Luisa Corradini
La violencia terrorista volvió a golpear ayer el corazón de Europa y sumió a un desconcertado continente en un estado de alerta máxima, cuando una célula de Estado Islámico (EI) lanzó dos atentados suicidas simultáneos en Bruselas.

Por lo menos 34 personas murieron y 200 fueron heridas, muchas de ellas de gravedad, cuando varias bombas estallaron, por la mañana, en el aeropuerto de Zaventem y en la estación de metro de Maelbeek. La organización reivindicó los ataques, perpetrados a pocos metros de las sedes de las principales instituciones europeas y de la OTAN.

Los atentados son el segundo golpe terrorista en una capital europea, luego de que 130 personas murieron en los ataques en París en noviembre de 2015. Precisamente uno de los autores de esa masacre había sido arrestado en Bruselas el viernes pasado. Su presencia allí hacía prever a los servicios de seguridad que la capital belga estaba entre los blancos de EI.

Anoche, la policía buscaba a un hombre filmado por las cámaras de seguridad de la terminal aérea en compañía de los dos presuntos kamikazes que se hicieron volar en el hall de partida del aeropuerto.

“Temíamos un atentado y acaba de producirse”, dijo el primer ministro belga, Charles Michel, consternado. Todas las banderas del país flamearon ayer a media asta y el gobierno decretó tres días de duelo. Simultáneamente, en Europa todos los gobiernos extremaron las medidas de seguridad tanto en el interior como en sus fronteras.

El aeropuerto de Zaventem, principal terminal aérea de Bruselas, fue evacuado poco después de una doble explosión que se produjo a las 8 de la mañana y sembró el pánico entre los 6000 pasajeros que se aprestaban a viajar. Según los testigos, las explosiones se produjeron cerca de un café Starbucks. Varios testigos escucharon gritos en árabe. Ese primer atentado dejó 14 muertos, según fuentes oficiales, pero esa cifra es incierta debido a la prudencia de las autoridades en comunicar la cantidad de víctimas.

La onda expansiva pulverizó la fachada de vidrio del edificio y derrumbó los cielorrasos. Los testigos evocan “un fuerte olor a pólvora y cantidad de polvo”.

“Era poco después de las 8 de la mañana. Escuché una primera explosión donde salen los vuelos chárteres y pensé que una grúa se había desmoronado. Pero tres minutos después hubo una nueva explosión en el mismo sitio, aunque del otro lado del edificio”, relató Philippe Lenaerts, taxista en el aeropuerto.

Adamo, un empleado del servicio de limpieza de la terminal aérea, relató: “Cuando escuché la primera deflagración había comenzado a trabajar. El suelo tembló bajo mis pies, el ruido era ensordecedor. La gente gritaba, había sangre por todas partes. Los pasajeros fueron puestos al abrigo y evacuados por las salidas de emergencia. ¡Fue como un verdadero terremoto!”.

Los testigos evocan el desorden y la confusión que se produjeron en el aeropuerto, el más concurrido de Bélgica, situado a 13 kilómetros de la capital, por donde circulan 20 millones de pasajeros por año.

“Miles de personas corrían por todas partes en el interior del edificio. Centenares de pasajeros que estaban a bordo de los aviones listos para despegar escucharon a los pilotos anunciando la suspensión del vuelo porque algo raro acababa de suceder. Todo fue dantesco”, relató Marc Belgier, periodista belga que despedía a un amigo.

En pocos segundos, miles de personas se encontraron bloqueadas en las pistas del aeropuerto, esperando que alguien llegara a sacarlas de ahí. Poco después, la mayoría fue evacuada hacia un centro de tránsito cerca de la terminal, donde aquellos que no tenían adónde ir recibieron la ayuda espontánea de los vecinos, que traían comida y ropa de abrigo.

Zach Munzun llegaba de Ginebra y consiguió dejar el aeropuerto a pie. “Escuché una primera pequeña explosión y después una segunda, mucho más potente. Eran las 8 de la mañana en punto. Los cielorrasos cayeron, las canalizaciones estallaron. Cuando salí del edificio, 15 minutos después, había sangre por todas partes. Pero no vi cuerpos. Es una catástrofe. Atroz. Felizmente estoy con vida”, relató.

El segundo atentado se produjo 90 minutos después en la estación Maelbeek del metro. Ese objetivo no fue escogido al azar. Situada a escasos 300 metros de la sede del Consejo Europeo (CE) y en el corazón del barrio de los ministerios y el Parlamento belga, es la estación donde descienden todos los funcionarios de la UE cada mañana. La explosión se produjo en el primer vagón inmediatamente después de ponerse en marcha.

Limpiándose gotas de sangre de la cara, Alexandre Barns, de 32 años, explicó a la televisión belga que el metro acababa de “salir de la estación Maelbeek hacia Schuman cuando se produjo una terrible explosión. Inmediatamente fue el pánico total y todo quedó a oscuras. El metro estaba repleto de gente a esa hora. La gente salió corriendo y gritando por las vías sin luces hasta la estación más cercana, Arts-Loi. Muchos saltaron por las ventanas”. Ese segundo atentado provocó por lo menos 20 muertes, según las cifras más verosímiles.

Todas las conexiones ferroviarias hacia, desde y dentro de Bélgica quedaron interrumpidas. Las escuelas y los edificios sensibles, evacuados. El metro, los tranvías y los servicios de buses fueron suspendidos. Se anularon todos los vuelos y el tráfico de trenes entre países europeos. El servicio se reanudó al final de la tarde y el aeropuerto recién reabrirá el jueves.

Después de las explosiones, la terminal aérea fue evacuada para permitir la entrada de los expertos, que no tardaron en hallar el cuerpo del primer kamikaze, que yacía junto a un fusil Kalashnikov, y, poco después, encontraron una bomba.

Las autoridades elevaron al máximo el nivel de alerta terrorista a cuatro, el más alto en el país, reforzaron la seguridad de las dos centrales nucleares del país y solicitaron a los habitantes de la capital que se quedaran en sus casas o en las oficinas, sin asomarse siquiera a las ventanas.

Hasta anoche, los únicos vehículos que circulaban por Bruselas eran las ambulancias, carros blindados de las fuerzas armadas, camiones de bomberos y autos policiales.

A medida que las ambulancias llegaban con heridos, el hospital Saint-Pierre, en el centro de Bruselas, lanzó un llamado para pedir dadores de sangre. “La respuesta fue inmediata”, confirmaron sus responsables pocas horas después.

Por la noche, el procurador de la república informó que “varios operativos policiales estaban en curso”. Esas intervenciones se realizaron en particular en las comunas de Jette y de Schaerbeek, donde la semana pasada otro allanamiento permitió hallar explosivos y trazas de ADN de terroristas buscados. Anoche, las fuerzas de seguridad habrían hallado una bandera de EI, productos químicos y detonadores.

Otras capitales europeas tomaron medidas de alerta máxima. Con ese fin, los aeropuertos de París, Fráncfort y Londres aumentaron sensiblemente sus medidas de control.

En Francia, el presidente François Hollande reunió su célula de crisis. “Toda Europa ha sido atacada”, declaró en una breve alocución

Anoche, la torre Eiffel, la Puerta de Brandeburgo en Berlín y otros monumentos emblemáticos de Europa fueron iluminadas con los colores de la bandera belga.

Los atentados kamikazes se produjeron cuatro días después de la detención del hombre más buscado de Europa, Salah Abdeslam, único terrorista sobreviviente de los atentados islamistas en París el 13 de noviembre. Durante esa operación en el barrio de Molenbeek, una comuna de la aglomeración de Bruselas considerada un feudo islamista, consiguieron escapar tres cómplices, probablemente implicados en los ataques de la capital francesa.

Los especialistas califican los atentados de Bruselas de operación de “represalia”.

“Mientras peor le va a EI en el terreno en Siria e Irak, donde los ataques de la coalición occidental y de Rusia diezman sus filas, más sentimos las consecuencias en Europa, donde hay cantidad de células listas para actuar. Esas consecuencias las padeceremos durante varios años”, advirtió el experto en terrorismo Jacques di Bonna. (La Nación)

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