Publicado el: 12, Abr, 2016

Tensión en Brasil: se acelera el juicio político a Dilma


Corrupción en Brasil: La oposición trata de cerrar el capítulo Lula y le apunta a Dilma
12/04 – 10:30 – La comisión especial votó a favor del impeachment; el plenario de la Cámara de Diputados decide el domingo

Por: Alberto Armendáriz
Cada día trae su agonía, reza el dicho popular, y en el caso del gobierno de Dilma Rousseff, ayer no fue una excepción. Después de un tumultuoso, desmesurado y larguísimo debate, la comisión especial de juicio político de la Cámara de Diputados recomendó el impeachment de la presidenta, que ahora deberá ser votado por el plenario en un tenso desenlace aguardado para el domingo.

Tras más de diez horas de apasionadas deliberaciones, 38 de los 65 miembros de la comisión apoyaron el impeachment de la debilitada presidenta, del Partido de los Trabajadores (PT). La mandataria quedó más cerca de ser destituida por el Congreso, acusada de haber manipulado las cuentas públicas en los últimos años para esconder el déficit y aumentar sus gastos con fines electorales.

En Brasilia, el resultado fue celebrado por fuegos artificiales en la Explanada de los Ministerios, donde manifestantes se reunieron para cantar el himno nacional. En la sala de la Cámara de Diputados la confusión era total hasta segundos antes de que el tablero electrónico mostrase los números finales.

El ambiente era muy tenso y acalorado. “¡Fuera Dilma!”, gritaban unos, mientras otros pedían el juicio político al vicepresidente, Michel Temer, al que acusaban de impulsar el “golpe” contra Rousseff para asumir su cargo. Y no faltaban los que clamaban por la renuncia del presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, señalado como el maquiavélico estratega detrás todo el proceso para impulsar la abrupta salida de la presidenta.

Tanto Temer como Cunha pertenecen al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que hasta el mes pasado era el principal socio del PT en la coalición gobernante. Y ambos están acusados de haberse beneficiado del esquema de corrupción que se enquistó en Petrobras; es más, Cunha ha sido imputado por el Supremo Tribunal Federal (STF).

Desde temprano, la sesión de la comisión -varios de cuyos miembros tienen cuestiones pendientes con la justicia- estuvo marcada por insultos, acusaciones cruzadas de “golpistas” y “corruptos”, y hasta algunos enfrentamientos físicos, indicadores del alto grado de polarización que se vive en Brasil.

“El impeachment es una respuesta al clamor de la sociedad que reclama la correcta aplicación de los recursos públicos”, señaló el instructor de la comisión, el diputado Jovair Arantes (del Partido Laborista Brasileño), que agregó que hay claros indicios de que Rousseff “actuó de mala fe” al ocultar el exceso de gastos con la posible intención de engañar a la población en 2014 y asegurarse su reelección.

Específicamente, su gobierno habría retenido fondos que debía transferir a los bancos públicos para pagar las cuotas de los programas sociales. De acuerdo a la legislación, esas retenciones son consideradas créditos no aprobados por el Parlamento, lo que representa un crimen de responsabilidad fiscal.

Al defender a Rousseff, el abogado general de la Unión, José Eduardo Cardozo, afirmó que la verdadera intención de la oposición es deponer un gobierno popular y advirtió que una administración comandada por Temer no tendrá asegurada la gobernabilidad, lo que agravará aún más la profunda recesión económica.

“¿Qué seguridad jurídica tendrán los mercados para garantizar la posibilidad del país en medio de un sistema frágil?”, preguntó Cardozo.

Los tensos debates en la comisión especial de la Cámara de Diputados se volvieron aún más agitados a media tarde, luego de que se filtró “por error” un mensaje grabado por Temer a la bancada legislativa del PMDB en el que consideraba prácticamente como un hecho el impeachment a Rousseff y llamaba a la “reunificación” y “pacificación” de Brasil.

“Suceda lo que suceda en el futuro, es necesario un gobierno de salvación nacional y de unión nacional, es necesario que se reúnan todos los partidos políticos y todos estén dispuestos a dar su colaboración para sacar al país de la crisis. Lo fundamental ahora es el diálogo, en segundo lugar la comprensión y en tercero, para no engañar a nadie, la idea de que vamos a tener muchos sacrificios por delante. Sin sacrificios no conseguiremos avanzar para retomar el crecimiento y el desarrollo que marcaron la actividad de nuestro país en los últimos tiempos, antes de esta gestión”, señaló Temer, como si hubiera pertenecido a otro gobierno desde que fue elegido en 2010 con Rousseff.

Los asesores de Temer indicaron más tarde que el vicepresidente había estado ensayando varios mensajes ante la eventualidad de que el impeachment a Rousseff se materialice este fin de semana, pero que envió la grabación por equivocación. No es la primera vez que una filtración así afecta a Temer, ya en diciembre se hizo pública también por error una carta que le había enviado a la presidenta quejándose de ser un “elemento decorativo” en la administración, de no formar parte de las grandes decisiones. Fue éste uno de los motivos por los que el mes pasado el PMDB decidió abandonar la coalición gobernante.

Las duras reacciones del gobierno y del PT al mensaje de Temer no tardaron en hacerse sentir. “El discurso grabado por Temer revela la trama golpista que el vice y su grupo vienen demostrando desde hace semanas”, disparó el ministro a cargo de la Secretaría de Gobierno, Ricardo Berzoini. Por su parte, el jefe del bloque de diputados del PT, Afonso Florence, acusó al vicepresidente de traición a la patria. “Es delito de alta traición aliarse con el golpismo”, sentenció.

La grabación no cayó bien en la población, que según la última encuesta de Datafolha publicada el domingo también cree que el vicepresidente debería ser sometido a juicio político. El 58% apoya esa idea y el 60% cree que debería renunciar al cargo; cifras de rechazo muy parecidas a las de la presidenta (61% a favor de su juicio político y 60% por su renuncia).

A última hora de ayer, en Río de Janeiro, seguía llegando gente al acto a favor del gobierno convocado en el barrio bohemio de Lapa por los músicos Chico Buarque y Beth Carvalho. Decenas de miles de personas se congregaban en los alrededores de los tradicionales Arcos de Lapa, y se esperaba la presencia del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

El mes pasado, Rousseff designó al ex mandatario como su jefe de gabinete, pero Lula no pudo asumir debido a que está bajo investigación por presuntamente haber recibido dádivas de las empresas constructoras que participaron del petrolão. Una medida cautelar aceptada por uno de los jueces de la Corte Suprema dejó en suspenso su entrada en funciones por la sospecha de que la presidenta intentó obstruir la justicia al nombrarlo ministro, retirándolo así de la jurisdicción del juez federal Sergio Moro, de Curitiba, quien lleva adelante el caso de corrupción en Petrobras.

Ayer, Lula había pasado todo el día con negociaciones para tratar de convencer a aliados del PT de respaldar al gobierno en la votación sobre el impeachment, que ocurrirá el fin de semana en el plenario de la Cámara baja. Hacía ya varios días que había dado por perdida la instancia en la comisión especial y apostaba al todo o nada en el plenario de la casa.

Asimismo, los líderes del PT trabajaban ayer sin descanso para movilizar a sus bases, sindicatos y movimientos sociales. Quieren tener una expresiva demostración de fuerza en las calles de todo el país el domingo, cuando debe acabar la votación en Diputados, y sobre todo en la Explanada de los Ministerios, de esta capital, para presionar a los legisladores a votar a favor de Rousseff.

Para que el impeachment sea aprobado en el plenario necesita del respaldo de dos tercios de los 513 diputados, es decir, 342 representantes. Cualquier cifra menor descarrilará todo el proceso. De acuerdo con los cálculos periodísticos, hoy 298 diputados se inclinarían por el impeachment y 119 en contra; el sufragio final de los 96 indecisos será clave.

Si fuera aprobado, el juicio político pasará al Senado, que debe designar una comisión especial para su análisis y votar por aceptarlo o no dentro de un plazo de diez días. Para superar esa votación se requiere de una mayoría simple entre los 81 senadores.

Aprobado en la Cámara alta, Rousseff sería apartada de su cargo por un plazo de hasta 180 días, hasta que el Senado decida si la halla culpable o no de los “crímenes de responsabilidad”.

Mientras tanto, Temer asumiría la presidencia de forma temporal y sólo sería instalado efectivamente como presidente si prosperase el impeachment en el Senado, con el voto de dos tercios (54) de los senadores. Entonces sí la destitución de Rousseff sería un hecho y ella sería privada de sus derechos políticos por ocho años. Hasta ahora, en la historia de Brasil eso sólo ocurrió una vez, en 1992, con Fernando Collor de Mello, que renunció antes de ser juzgado por el Senado; de cualquier forma, luego se lo halló culpable de corrupción y se le prohibió ejercer cargos electivos por ocho años; hoy es senador. (La Nación)

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