La insoportable levedad del ser… (K)

La insoportable levedad del ser… (K)

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CDC
13/03 – 10:45 – Ahora Cristina Fernández apoya y justifica el paro docente. Máximo tras sacarse una foto al pie de un cartel que reza “Unidos por el trabajo”, está del lado de la protesta sindical en la calle, que hasta el 2015 descalificaba. Alicia reniega del impuestazo macrista y puertas adentro en la provincia hace exactamente lo mismo o peor. Es tan bizarra la actitud del kirchnerismo que cuesta creer que se hayan podido mantener tanto tiempo en el poder. Y si esto fuera poco, ahora destruyeron la protesta de la CGT y favorecieron al gobierno de “Cambiemos”, desnaturalizando el reclamo callejero. (Por Rubén Lasagno)

No hace mucho advertí que esto podría ocurrir; si el peronismo o el sindicalismo peronista, permitía que se colara entre sus filas, algún atisbo de kirchnerismo residual, sufrirían las consecuencias de la proactividad destructiva que tiene esta gente que llegó al punto de autoeliminarse de un poder que los tuvo como amos y dueños del país por más de una década. Y así fue.

Las dos CGT unidas, algo sinceramente empalagoso para mi gusto, es el resultado de una acción en conjunto de la tríada sindical que no tiene figuras de peso, es más, creo que si a cualquiera le preguntamos quiénes la integran no sabe qué decir y vagamente si nombramos a cada uno de sus integrantes, por allí alguien acertará que se trata de un sindicalista argentino. El último de los mohicanos se fue: Hugo Moyano, quien identificaba claramente el poder del movimiento sindical argentino y la CGT como organización de poder. Corrido de la escena principal, los demás no marcan, por lo tanto la central obrera tiene una clara falta de representatividad nacional, no posee una cara identificable, un dirigente de peso y cuya opinión preocupe a los gobiernos, nos guste o no su ideología o su adhesión partidaria.

Esta ausencia de una figura convocante y reconocida en la CGT, si bien no la hace menos importante, le resta poder. Y quedó evidenciado en la marcha del martes anterior. Allí, un grupúsculo que le conviene agitar para después gritar por las redes sociales porque no convocan a más de 30 en las calles, entraron para romper y la ecuación política al final de la protesta fue: CGT y Peronismo 0, gobierno nacional 1. El culpable del resultado pro-macrista, el kirchnerismo residual. Los responsables, el Peronismo que aceptó y permitió que un movimiento tan destructivo como el kirchnerista, resurja entre sus filas. Como dijera un amigo mío “agua y ajo” (aguantarse y a joderse).

El gran oximorón del cierre fue la icónica foto de Máximo Kirchner, junto a La Cámpora, los grupos Fénix, Patria, El Establo y Esmeralda, el sciolismo y referentes del PJ bonaerense e intendentes pejotistas, en la quinta San Vicente, al pie de un cartel que exhibía la leyenda “Unidos por el trabajo”. ¿Ninguno de los “peronistas” allí presentes, tuvo el cuidado de correr un poco al hijo de la ex presidenta, quien si hay algo que no puede mostrar, es un legajo laboral?. La contradicción, la hipocresía y la demagogia pura, concentrada en una foto vintage que ni siquiera los tuvo “unidos y organizados”, porque la candidatura forzada de su madre, que intenta imponer Máximo y sus laderos, tratando de otorgarle un salvoconducto político, dividió las aguas. Pero no tanto, como para que fueran expulsados de allí por tóxicos. Tipos como Izaurralde y Scioli, constituyen la típica clase K de los nuevos tiempos: son mansos, conciliadores y poco elocuentes ante las cámaras y se desatan con un micrófono en la mano frente a la “militancia”, dejando resurgir de su interior, “el otro yo” del kirchnerista puro, de linaje procaz y destituyente.

A veces me pregunto si los argentinos somos tan vivos como nos creemos, porque si bien afuera nos comemos los chanchos crudos, puertas adentro demostramos ser imbéciles prepagos, que nos arrean con el discurso fácil, el subsidio barato y las promesas que jamás nadie nos cumplirá. Uno tras otros han defraudado a la sociedad desde el poder que ella misma les confirió, pero aún así, seguimos cayendo en el movimiento pendular que nos propone la realidad política de una casta de “dirigentes” emancipados de la coherencia, la moral, al honestidad, el sinceramiento y la autocrítica.

Hoy asistimos a una escena surrealista de la Ópera prima post-kirchnerista, puesta en escena a partir de diciembre del 2015, donde Cristina Fernández que hasta ayer negaba todo derecho a los docentes, los mandaba a trabajar; recordaba en sus interminables cadenas “chavistas” que los maestros solo trabajan 4 horas, contra 8 del resto de los mortales y les enrostraba que tenían “tres meses de vacaciones” y que en Santa Cruz eran los mejores pagos. Esta misma mujer es la que por Facebook (nunca una declaración abierta y libre ante el periodismo) “adhiere al paro docente” en una suerte de síntesis del absurdo en el que se han transformado estos marginales que asolaron el país durante más de una década.

Su hijo Máximo, diputado por Santa Cruz, un ausente sin aviso del Congreso y de las necesidades de la provincia, pretende liderar un grupo de “peronistas” que cambian de rumbo tal como sople el viento y se saca una foto “militante” al pie de un cartel con la consigna: “Unidos por el trabajo”; ¡Justo él!.

Alicia Kirchner, para no ser menos, carga contra el gobierno de Macri por los aumentos brutales en los servicios y en Santa Cruz le da luz verde a Servicios Públicos para que eleve la tarifa en un 100% y se queja en público de la presión impositiva nacional (lo cual es absolutamente cierto), pero en la provincia crea una agencia recaudadora y saca una ley con un impuestazo fenomenal que grava más de 900 actividades comerciales.

La última gran obra del kirchnerismo a nivel nacional fue romper la protesta de la CGT. Los grupos radicalizados se colaron en la organización peronista, a través de los históricos K como Yasky, Antonio Caló, Gerardo Martíne y Pedro Wasiejko, de la CTA kirchnerista, entre otros y hasta Aníbal Fernández un tóxico todo tiempo de Cristina Fernández, quiso subir al palco para conseguir la foto y en pocos minutos, habían logrado su cometido: destruyeron la protesta y desnaturalizaron el objetivo de la multitudinaria manifestación. En pocas palabras, le hicieron perder terreno y entidad a la CGT, un movimiento sin conducción clara ni representatividad fuerte, que se maneja con un triunvirato de gente sin perfil de ascendencia en el conocimiento público.

Lo que pretendía ser un llamado de atención al gobierno, terminó siendo una foto vieja de pseudos dirigentes bien alimentados, peleándose por el palco, la foto y “la torta”. Menudo favor le hicieron a Macri. El peronismo y la CGT perdieron 1 a 0 frente a un gobierno nacional debilitado por sus propios errores, solo por haber aceptado la contaminación K, que no tiene nada para perder y sueña que a río revuelto, pueda sacar la tajada política que lo reposicione en la escena nacional, no por méritos propios, que no los tiene, sino por la sucesiva cadena de errores de los CEOS y el peronismo debilitado y sin rumbo que se dibuja en el horizonte inmediato.

Parodiando la obra del checo Milan Kundera que se funda en la concepción filosófica del eterno retorno de Nietzsche por el cual todo lo vivido ha de repetirse eternamente, solo que cuando vuelve lo hace de un modo diferente, la insoportable levedad del ser… K, remite por analogía a esta idea de la reconversión permanente, construida como una máscara, más para engañar que para reformular, pretendiendo que creamos que son otros, cuando en realidad son los mismos, hoy disfrazados de opositores cuyo sino es construir sobre las ruinas de los demás el próximo coto de caza para salvaguardar a sus “perseguidos políticos”. Nadie parece verlo, ni la CGT ni el peronismo y así les va. (Agencia OPI Santa Cruz)

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