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Algunos creen que no está todo dicho en el caso de Guainas


17/10 – 09:00 – El hombre que cometió uno de los hechos criminales más impactantes del cual se tenga memoria en Santa Cruz, terminó con su vida el día miércoles pasado. Dicen que tenía tendencia suicida y no fue debidamente cuidado para evitar su muerte. Hay versiones y rumores que dudan que Guainas haya actuado solo en la muerte y descuartizamiento de Elizabeth Adaro el pasado 6 de septiembre en Río Gallegos. En el análisis general del hecho, su conducta posterior al acto no se condice con la frialdad y el metódico accionar previo que desplegó el homicida. El secreto alrededor del caso es tal, que no permite conocer si la Justicia sigue otra línea de investigación o la causa caerá en el archivo.

Tal como OPI lo adelantara el miércoles 15 al mediodía, Lucas Guainas, el descuartizador de Elizabeth Adaro de 27 años, hecho que trascendiera el 6 de septiembre pasado, culpable del horrendo acto cometido en un edificio en construcción de calle Don Bosco 1137, propiedad del empresario Leopoldo Kalmus dueño del diario Tiempo Sur; se suicidó a las 02:30 del 15 de octubre en su celda transitoria de la Comisaría Primera de Río Gallegos utilizando, de acuerdo a lo informado por la propia policía, sábanas anudadas con lo cual hizo un lazo que terminó con su vida.

La información da cuenta que el detenido dejó una carta manuscrita al Juez donde indica los motivos de su determinación. También se aduce que el acusado de descuartizar a la mujer hace un mes atrás tenía asistencia psicológica, estaba medicado y bien alimentado aunque tal vez sin los cuidados necesarios para evitar que atentara contra su vida, debido a que – también de acuerdo al relato policial – ya había intentado quitarse la vida pocos días después del trágico suceso.

Sin embargo algunos mails recibidos en nuestra redacción y algunas averiguaciones practicadas a partir de allí, durante todo este tiempo, dejan abierta la posibilidad para que Guainas no haya actuado solo en la oportunidad de matar y trozar a la mujer que de acuerdo a estas fuentes informales trabajaría en un local nocturno de calle Congreso y algún testigo que eludió dar su nombre sostuvo que aquella noche habría visto a la occisa retirarse de allí en una camioneta 4×4 metalizada con vidrios polarizados y con al menos tres personas en su interior.

Nuestras fuentes desconocen si estos elementos están volcados en la causa, pero profundizaron sobre el suceso de aquella noche y mostraron cierta incredulidad ante situaciones que a su entender no tienen una explicación al menos convincente para quienes analizaron el comportamiento y las competencias del sospechoso-imputado del crimen.

Puntos oscuros

Un ex oficial de la policía nos refirió “lo que hizo Guainas es al menos sospechoso, porque este hombre no tenía auto y “encontró” a la mujer en un supermercado desde donde la llevó a la casa en construcción”, comenzó diciendo nuestro interlocutor que empezó a sembrar dudas sobre las versiones que oficialmente se conocen del caso.

“Allí discutieron no se sabe bien por qué y Guainas decidió matarla a golpes – prosiguió nuestro analista circunstancial – pero no obstante hizo una operación que a primera vista lo pinta como un tipo sumamente frío y decidido (lo que va a tener importancia más adelante), porque nadie bajo el efecto de la adrenalina y el stress que genera un crimen de esta naturaleza, corta un cuerpo con tanto cuidado y con un desangrado perfecto como éste que hizo Guainas, lo que fue reconocido por las misma policía al punto de señalarlo como un conocedor en la despostación de animales”.

Situaciones que no cierran

Otra de las cuestiones que llaman la atención es que el matador luego, haya resuelto deshacerse del cadáver y sin contar con un vehículo haya decidido cargar con los restos del cuerpo en sendas bolsas plásticas para quemarlos en un descampado.

Esto implica no solo un esfuerzo físico importante, por parte del hombre que cometió el crimen, sino la adopción de contramedidas para no ser descubierto de que transportaba restos humanos; es decir, forma de disimular el contorno de las partes del cuerpo en la bolsa, evitar el sangrado y cargarlo de manera cómoda junto a un recipiente con combustible para (supuestamente) caminar largas cuadras hasta el baldío donde intentó quemar las partes; todo esto sin asistencia de terceros ni vehículos, de acuerdo a la versión oficial.

Quien hace esto, indudablemente más allá de la alineación que posee, se nos personifica como alguien demasiado frío y calculador de los riesgos a los que se expone, razón por lo cual no se explica su reacción posterior al ver desde lejos a los bomberos abocados al apagamiento del fuego, que lo hizo salir corriendo y perder las extremidades de la mujer que llevaba en otra bolsa.

¿25 cuadras y una manguera?

Pero si esto es extraño mucho más raro es aún lo que trascendió después off de record porque la versión oficial fue otra, con respecto a la forma en que Guainas fue detenido, porque aparentemente el asesino asustado, luego de perder la bolsa que dejó en la vereda de La Anónima, siguió corriendo y desde el Barrio Belgrano (Don Bosco 1137) llegó a Lisandro de la Torre al 200, lugares separados geográficamente por unas 25 cuadras y allí, alrededor de la 01:15hs en momentos en que corría por la vereda del destacamento de Bomberos de la policía provincial, uno de los efectivos salió a regar con la manguera en la mano y la sorpresa del bombero fue cuando Guainas (de acuerdo al relato hecho por los involucrados) levantó las manos diciendo que se entregaba y que él lo había hecho (¿?). Obviamente ante esta actitud el policía lo detuvo.

Hasta aquí este relato extraoficial que merece tanta credibilidad como dudas, porque nadie ha explicado convincentemente por qué Guainas corrió como una exhalación 25 cuadras con destino incierto y a pesar de la frialdad que demostró para cometer un acto que trastoca emocionalmente a cualquier ser humano por la crueldad y el tiempo que insume una acción de asesinato, descuartizamiento y borrado de huellas, termina asustándose porque un policía tiene una manguera en la mano a más de dos kilómetros de donde produjo el asesinato.

Si bien hasta el momento todo se ha resumido al “secreto de sumario” lo que impide conocer realmente lo sucedido, al menos como está presentado en la causa, la aparición sin vida de Guainas en la Seccionar Primera de policía de esta capital siembra muchas dudas en los observadores de este asesinato inédito en Santa Cruz y que ha levantado las más atrevidas suposiciones alrededor de los hechos ocurridos aquella madrugada del 6 de septiembre en el inmueble a medio construir del empresario Leopoldo Kalmus.

No se conoce realmente si el Juez maneja alguna hipótesis paralela a la línea de investigación que se siguió desde un principio y que tuvo a Guainas como único autor del crimen de la joven Adaro, pero no es menos cierto que existen fundadas sospechas de que en este caso no está todo dicho y algunos advierten que este crimen como muchos otros ocurridos en la provincia van al archivo de los casos cerrados con la extinción física (al menos para la opinión pública) del único responsable del homicidio sin que se profundicen en otras líneas de investigaciones probables que podrían llevar a resultados más que sorprendentes. (Agencia OPI Santa Cruz)

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