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La explicación que mata


04/11 – 15:30 – El tema de los delincuentes juveniles que matan a mansalva y quedan fuera del juzgamiento ordinario debido a su edad, levanta cada vez más polvareda mediática. Pero claro, hay que leer a quienes “saben” del tema, a los sociólogos, a los especialistas en Derecho o a la psicóloga Silvia Bleichmar que tenía una teoría muy particular sobre el por qué mata un chico y por qué no deben ser imputados como lo que son: crminales y homicidas. Un tema actual, que merece una reflexión.

El día domingo 18 de abril de 1999 en la Sección Segunda del Diario Clarín, Héctor Pavón le hacía un extenso reportaje a Silvia Bleichmar (fallecida en el año 2007) y abordaban la problemática de la delincuencia juvenil.

Rescato parte del texto que me envió un lector porque es llamativo el pensamiento y los postulados que sostienen algunos entendidos en materia de psicología social o sociólogos que debaten muy bien en las ideas pero suelen fallar como pragmáticos, toda vez que para explicar un fenómeno como el simple hecho de que haya menores de edad que le vuelan la cabeza a las personas, produzcan tal digresión de sus argumentos que terminen no explicando nada o bien explicando cosas como éstas

–¿Por qué los delincuentes juveniles aparecen más jugados, como si no tuvieran conciencia de que pueden perder la vida desde el momento en que empuñan un arma?

Los jóvenes en general son generosos con su vida y descuidados con la vida ajena; esto puede llevarlos a los más grandes actos de egoísmo o a las mayores atrocidades. Es extraordinario cómo la misma sociedad que pensaba que los jóvenes que murieron en Malvinas eran seres extraordinarios, se horrorice del poco respeto que tienen los niños y jóvenes que cometen actos delictivos por su propia vida o por la de los otros.

-Se habla del crecimiento del delito y en particular de los cometidos por adolescentes o jóvenes. Sin embargo, no existen cifras que prueben esto. ¿Por qué cree que surgen estas afirmaciones y se reproducen infinitamente en los medios?

No lo sé, pero si es así tal vez haya que tener en cuenta el efecto brutal que produce el hecho de que aquellos que están destinados a reparar todos los males y sufrimientos del pasado, los “inocentes” de una sociedad, aquellos a quienes debemos proteger y no de quienes debemos cuidarnos, se transformen en portadores de la maldad. Algo se subvierte profundamente en las representaciones colectivas, dando cuenta del malestar en juego en las condiciones de vida actual y produciendo una vivencia del orden de lo siniestro.

–¿Cree que bajar la edad de imputabilidad puede solucionar los problemas de inseguridad que hoy se viven?

En absoluto. Y aún cuando fuera posible que una parte importante de los delitos de menores estén comandados por adultos que se escudan en la inimputabilidad ofrecida por la edad, bajar la edad de penalización no resolvería nada, ya que siempre se podrían encontrar ejecutores más jóvenes, a partir de la edad en la cual un niño pueda sostener un arma y tenga la destreza motriz para apuntarla hacia el lado previsto. No pueden ser confundidos los reclamos de mayor seguridad con lo de mayor represión; esta es una de las encerronas más viejas que ha sufrido la sociedad argentina, y siempre se nos han quedado los pies encerrados en la trampa que armamos.

Pequeñas observaciones

La entrevistada evidentemente tenía muy fija las teorías de manual y seguramente en su vida personal nunca le tocó pasar por una situación similar a la que pasó la familia del Ingeniero Barrenechea (y tantos otros) que fue muerto de un balazo por un joven delincuente de esos que como ella interpreta en la nota “son generosos con su vida y descuidados con la vida ajena”. Y aquí me voy a permitir constituirme en exégeta de la señora: “no les importa nada su propia vida y un carajo la vida ajena”.

Ni hablar de cómo la profesional se asombra porque de acuerdo a su apreciación la misma sociedad “que pensaba que los jóvenes que murieron en Malvinas eran extraordinarios se horrorice del poco respeto que tienen los niños y jóvenes que cometen actos delictivos por su propia vida o por la de los otros”.

Desde su punto de vista los jóvenes que murieron en la guerra, sometidos a la impericia, el maltrato, obligados a realizar acciones en contra de su naturaleza, torturados, vejados y denigrados por los propios y el enemigo, tienen (o deben tener según su óptica) el mismo estándar que los “niños y jóvenes” que matan a mansalva en las calles para posicionarse dentro de la escala jerárquica en su banda.

A Bleichmar le llama la atención que la sociedad haga distinción entre unos y otros, porque evidentemente para ella, con todo el respeto que me merece su memoria, todos eran iguales; héroes o asesinos.

El broche de oro de la entendida en psicología social, está plasmado en la referencia final cuando le preguntan si está de acuerdo con bajar la edad de imputabilidad de los menores. Dice que no y agrega que siempre habrá un chico más chico que pueda apuntar un arma hacia alguien y colorea su concepto ligero y lineal diciendo “siempre se podrían encontrar ejecutores más jóvenes, a partir de la edad en la cual un niño pueda sostener un arma y tenga la destreza motriz para apuntarla hacia el lado previsto”.

Algunas observaciones

Una pistola Colt pesa 1,150 kgs, una 9 mm anda por los 980. El retroceso y la elevación de cualquiera de ellas solo puede ser absorbido por un brazo fuerte o bien uno débil suficientemente entrenado.

La técnica de tiro, a pesar de que a cualquiera se le pueda “escapar” un disparo, necesita de un conocimiento básico de carga y recarga, encañonamiento y disparo a un blanco. Si ese blanco es una persona, la cosa se complica.

He conocido campeones de tiro práctico que reconocieron tener extrema sensibilidad y aplomo para acertarle a una silueta de hierro a 25 o 50 metros, pero creen que les sería muy difícil disparar con la misma precisión contra un ser humano.

Un ex policía que en algún momento entrevistamos, nos confirmaba por experiencia propia que el aumento de la adrenalina y el estress de combate, disminuyó (según cálculos propios) en un 50% su nivel de puntería en acción, calificado en 9 en las prácticas y alteró en un porcentaje similar su coordinación con los mecanismos de recarga, especialmente.

Si para la señora Bleichmar, psicoanalista, la simplificación era: “basta que cualquier niño tenga la destreza motriz para apuntar hacia el lado previsto” el mecanismo necesario para matar a una persona, estamos en problemas con los jóvenes; por lo frío y aptos que son para el crimen o bien, la Sra Bleichmar, se quedaba solo en los postulados teóricos sin acudir a lo empírico, que dista mucho de lo ideal.

Muchos hoy en día, en el gobierno y en la Justicia, toman estos preceptos y conceptos para definir lo que nos está pasando, y así estamos.(Rubén Lasagno/OPI Santa Cruz)

Santa Cruz

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