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Río Gallegos

Un reportero gráfico de Río Gallegos fue agredido, golpeado e intimidado por un policía de Santa Cruz


10/01 – 14:00 – El reconocido colega Osvaldo Graves, trabajador de muchos años del diario La Opinión Austral, en pleno cumplimiento de su tarea profesional, fue sacado del auto y reducido por un policía como si se tratara de un delincuente. Un nuevo exceso de la policía provincial que es moneda común en Santa Cruz sin que se conozcan medidas concretas para impedirlo, por parte de las autoridades del gobierno.

Ayer viernes se produjo un accidente en la denominada Rotonda Samoré, en Río Gallegos, un lugar que es derivador de las dos principales arterias de ingreso a la ciudad (Autovía y calle San Martín) y hasta allí llegó rápidamente un equipo del tradicional diario La Opinión Austral; un Fiat Uno ploteado con la identificación clara y visible del medio.

La calle había sido cerrada y en tales circunstancias el reportero que viajaba a bordo del móvil, el fotógrafo de LOA Osvaldo Graves junto a su compañero, le anunció al policía el propósito de cubrir la nota, pero igualmente le fue impedido el paso. Por tal motivo Graves decidió estacional allí su auto y estaba en esa maniobra cuando sintió que le abrían violentamente la puerta de su lado “Antes que pudiera reaccionar alguien me había agarrado de los hombros y me sacaba para afuera del auto”, le relató Graves a OPI.

“El policía me golpeó para reducirme, me torció el brazo y me tiró al suelo; cuando me tenía boca abajo me puso la rodilla en la espalda con intenciones de esposarme”, prosiguió diciendo.

“Yo le decía que estaba laburando y que él no podía hacer eso… hasta que, dado que yo vivo cerca del lugar donde ocurrían los acontecimientos, mi familia estaba observando todo y rápidamente acudió en mi auxilio mi yerno, que vive en Buenos Aires y está de paseo. Él impidió que este tipo vestido de policía me siguiera golpeando, tratándome como si fuera un delincuente”, señaló.

El policía que de forma incomprensible actuó en contra del reportero de la Opinión Austral se llama Domingo Pucchio, tiene 31 años y 3 de desempeño en la fuerza y de acuerdo a información extraoficial aportada a esta Agencia, este efectivo tendría una causa abierta con anterioridad por apremios.

Osvaldo Graves siguió relatando a nuestro cronista las alternativas de lo vivido ayer y dijo sentirse realmente (además de dolorido) preocupado por cuanto la actitud que tuvo el efectivo de la policía provincial vulnera abiertamente la Ley 12.908 la cual le otorga derecho al personal de prensa para acceder a los lugares donde se produjeron los hechos, siempre que su actividad no interfiera con la investigación de la policía, borre huellas o modifique el escenario.

“Lo que pasa ahora es que yo no se si voy a poder acercarme a un accidente o al lugar de un crimen sin que la policía actúe como si fuera un delincuente”, confesó Grave quien, además de ser un viejo empleado del diario, es muy conocido y reconocido tanto en esta ciudad como en la provincia, lo cual implicaría una intencionalidad expresa de parte de la policía por amedrentar e intimidar al trabajador de prensa.

Luego de estos hechos que convulsionaron el barrio y reunió a gran parte de los vecinos, a su vez conocidos y amigos de Grave, tanto el fotógrafo en forma particular como la empresa realizaron las respectivas denuncias para dejar constancia de lo sucedido.

“Ni bien se enteraron las autoridades me llamaron para solidarizarse conmigo, inclusive el propio Gobernador Peralta y el Ministro Barreto”, indicó Graves quien no dejó de reconocer la actitud corporativa que tuvo en principio la policía al resguardar inclusive, el nombre del policía que produjo el atropello.

“Nosotros pudimos averiguar de quien se trataba, pero ellos (la policía) no quiso blanquearlo en un principio” dijo el reportero quien confirmó que en la Jefatura de Policía fueron atendidos por el Crio Néstor Palacios, Jefe de la UR V, el Crio Víctor Pellón, Subjefe de Policía, en ausencia del Crio Martín que se encuentra en Los Antiguos y la presencia del Subsecretario de Gobierno Jorge Ferreira.

“Yo quise radicar la denuncia en el Juzgado Federal de Río Gallegos, porque todos sabemos en lo que terminan las denuncias en la justicia provincial, pero se negaron a tomármela porque dijeron que es del ámbito provincial exclusivamente”, se lamentó el fotógrafo quien fue atendido en el Hospital Regional por los golpes recibidos de parte del efectivo Pucchio.

Los derechos humanos en Santa Cruz

Siguiendo con una actitud light en materia de Derechos Humanos, el titular de esta cartera, Alberto Marucco, se lamentó sobre lo sucedido, reconoció que no es la primera vez que pasan hechos similares y consideró que las autoridades “deben hacer algo”, porque según su particular enfoque sobre el proceder de la policía en Santa Cruz “no es posible que se reiteren hechos como estos”.

Marucco es y ha sido altamente cuestionado por su falta de compromiso con los principales hechos en los que se han violentado sistemáticamente los derechos humanos de la gente en Santa Cruz, como los graves sucesos ocurridos en el 2007 donde se vivieron actos de ataques con bombas molotov sobre sedes gremiales y lugares de reunión de los docentes, el secuestro del hijo de una delegada de ATE, una brutal golpiza a los trabajadores Municipales ordenada desde el Ministerio de Daniel Varizat, amenazas de todo tipo e intimidación y ni hablar con el atropellamiento de 24 personas por parte del ex funcionario. Esto, sumado a crímenes sin resolución dentro de la misma policía como el caso de Sergio Chocobar y el propio Jorge Sayago situaciones sobre las cuales jamás el Sr Marucco se ha manifestado y mucho menos denunciado pidiendo esclarecimiento y justicia, han dejado claramente al descubierto la enorme falacia que significa la Secretaría de Estado de DDHH en Santa Cruz, manejada por alguien a quien nunca le importaron las víctimas de los hechos enumerados, pero si se proecupó mucho y manifestó su enérgico repudio cuando a Alicia Kirchner le enarinaron el pelo a la salida del restaurante Rocco en esta capital.

Este mismo Secretario Marucco prosiguió al frente del organismo de DDHH luego de la caída del desastroso gobierno de Carlos Sancho y luego fue reconfirmado en su puesto por el actual Gobernador Daniel Peralta.

Paradójicamente la Secretaría que preside a través de convenios con la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, ha venido desarrollando cursos sobre DDHH para efectivos de la policía, institución sobre la que pesan serias acusaciones por excesos en los procedimientos, malos tratos a los detenidos, detenciones irregulares, acusaciones de apremios y torturas y sospechosas muertes de detenidos, hechos que han sido denunciados por damnificados y familiares que nunca obtuvieron respuesta.

Otro caso reciente

El sábado 27 de Diciembre pasado, Marcelo Ruben Aguilar Igor “pájaro” 36 años (D.N.I.: 22.725.193) asistíió al recital homenaje a Yito Guisande (Rock) en Río Gallegos.

“Desde que llegamos todo fue una fiesta, hay varios testigos que toda esa noche tome Coca Cola y aclaro esto, porque no hubiera tenido nada de malo haber tomado cerveza, porque deje el auto en casa. Cuando Coca Cola no vendían más o solo la vendían con los tragos, de vez en cuando salía afuera a tomar aire porque había bastante calor. Se podía entrar y salir, porque en el recinto el trato policial fue muy respetuoso y no molestaron a nadie. Cada dos horas le mandaba mensaje a mi señora, por si mi hijo que tenia tos levantaba fiebre o algo parecido, estaba atento a eso” señaló el joven para contextualizar lo ocurrido minutos después.

“Antes que suba la última banda fuimos a esperar y sentarnos un rato en la camioneta de mi amigo, en eso pasa el GOE y nos quedan fichando, aclaro que ni vidrios polarizados tiene como para que excusen sospechas. Dan la vuelta vuelven y con una brutalidad digna de una jauría de rottweiler cazando gatos, nos hacen bajar de la camioneta, a los gritos: ¿que están haciendo?, al responder nada, y preguntarles que vieron de raro, le seguíamos diciendo nada” recuerda.

“Preguntan si tengo documento, le digo que no. Porque no ando manejando y deje todo en mi casa, pero que era mayor, tenia treinta y seis años, que era casado y tenia un hijo de tres años; que vengo a un recital de rock porque es lo que me gusta, ¿qué tiene de malo eso?. Me dicen sos pesado?, entonces me sacan la cola del pelo y de cada lado me mechonean hasta tirarme para poder arrastrarme en el piso, para empezar a pegarme, y gritarme: ¡sos pesado?, ¡sos pesado?, ¡no me hagas calentar!, ¡que bronca te tengo!, eso gritándome en el oído y totalmente desaforado; de ahí patadas de los dos lados de las costillas, después uno de ellos con su borcego en la cabeza aplastándome contra el piso me esposan”, prosiguió relatando.

“En ese momento no decía nada, ni mi actitud era de responder nada, ya no sabia que mas me podían hacer, temía que podía pasarme si gritaba o algo, tampoco veía que le hacían a mi amigo que lo tenían del otro lado de la camioneta. De la cadena de las esposas apretándome cada vez más las muñecas me llevan a la caja de la maldita 4×4, la famosa camioneta negra del GOE patente DIG 575. La puerta de atrás de la caja no abría, me empujan por arriba sin poder manejarme al estar esposado me tiran, suben lo dos, me vuelven a pisar la cabeza contra el piso de la camioneta, seguían pegándome, me seguían gritando ¡ahora vas a ver por pesado!” contaba detalladamente.

“Iba contando las cuadras y para donde doblaban, porque desde el “quincho de la Caja” donde era el recital, sabia que la Comisaría Segunda estaba cerca, creyendo así que iba a estar más a salvo en manos de la policía que de ellos. Temiendo que me vayan a tirar a algún lado para seguir descargando su furia descontrolada, realmente fue así estaban desaforados y excitados de golpear. Al bajarme en la Comisaría Segunda, salen los otros bravos que estaban de guardia, todos iguales actuando peor que una patota, preguntando: ¿Y este?, ¿Qué, es pesado?, me arrastraron juntos a un pasillo, donde habían otros muchachos, mucho mas jovencitos que yo. Un policía que si era de la segunda que estaba en el pasillo me recibe con un golpe de puño en mi ojo derecho, me ponen los pelos sobre la cara, me revientan la nariz, me tiran al piso de ese pasillo, y hasta que se fueron los sacados del GOE me siguieron pateando en el piso y con sus sucios borceguíes en mi cabeza”.

“En ningún momento les dijimos nada y me ponen “resistencia a la autoridad”, no tome alcohol y sin alcoholemia de por medio, me ponen “en estado de ebriedad”. De ahí fue un trámite despojarme de todo lo que llevaba encima, plata, mi anillo de casado, cordones, plata… y a una celda donde había dos personas más. Acostado sobre cuatro baldosas que no estaban ni orinadas ni vomitadas, alertado por otro joven que ya llevaba horas encerrado, una humillación inimaginable, pero podría estar tranquilo a salvo de la ferocidad inexplicable de los captores, en la incertidumbre de si mi señora ya sabia, si mi amigo había corrido la misma suerte, así hasta las 08:00 hs. ó mas de la mañana del domingo. Me revisó un médico de la policía y firmando que no tenia nada, cuando los moretones todavía estaban fresco, al igual que la hinchazón de mi ojo, y la sangre de la nariz. Con esa realidad, mi esposa me estaba esperando, y en ningún momento le pidieron presente mi documento que ella lo había acercado, llorando y con mucha bronca me retiré de la seccional que uno tiene el teléfono para llamar para cuidarnos, ahora ¿alguien nos cuida de ellos?” reflexionó Aguilar.

Finalmente el joven agredido realizó una serie de preguntas que hasta hoy siguen sin respuestas:
“¿Por qué los que están para cuidarnos nos tratan con esa saña?, ¿Por qué en el hospital no me quisieron atender y ver mis golpes en todo el cuerpo?, ¿Por qué tengo que tener miedo de ir a la justicia, sabiendo cual puede ser el resultado?, ¿Por qué desde que tengo memoria existe un aparato represivo como el GOE?, ¿Por qué la policía es cómplice de la represión de estos salvajes?, ¿Por qué una y otra vez en la segunda te preguntan: vos sos de acá, de donde venís, sabes leer o escribir?, hace mucho años que los delincuentes en esta provincia siguen libres y nosotros tenemos que pasar una noche o varias noches en las comisarías, nosotros mismos aportamos para sus sueldos, el estado somos todos nosotros también… y remeras negra o pelo largo no son sinónimo de delincuencia” terminó diciendo Aguilar Igor.

Aquí, como en el último caso del reportero Osvaldo Grave agredido ayer, tampoco se escuchó la voz del gobierno a través de Alberto Marucco de la Secretaría de Estado de los DDHH, pidiendo castigo para los malos policías y defendiendo el derecho de la gente; por estos motivos, precisamente, es que nadie se explica cuál es la función de esa estructura si en definitiva no tiene ninguna utilidad ni aplicación práctica a favor del pueblo.. (Agencia OPI Santa Cruz)

Santa Cruz

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